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A MAYOR INEPTITUD MAYOR MORTALIDAD

Con el pretexto del combate a la corrupción, de manera insensata y en el inicio de la crisis por el COVID-19, AMLO desmanteló la cadena de suministro de medicamentos e insumos terapéuticos del sector salud, junto con la reconversión hospitalaria por la pandemia, esto provocó en 2020 un incremento de 281 mil muertes más de lo pronosticado por todo tipo de enfermedades. 115 mil serán por Covid-19. Tras los últimos cincuenta años, el 2020 trascenderá la dimensión de muerte y enfermedad. Con un millón de muertes principalmente motivadas por el nuevo coronavirus. Tras todo, la reducción de los tratamientos para diversos padecimientos; la equivocada política sanitaria de la 4T ha tenido un alto costo para la salud de cientos de miles de mexicanos. el gasto para el sector programado para 2021 es insuficiente, por lo que se espera otro año más con exceso de enfermedad y muerte.

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo

Ciudad de México.- La ineptitud del presidente López Obrador para gobernar al país ha sido más que evidente en materia de salud pública y política sanitaria. Su incompetencia provocará cientos de miles de muertes más que las pronosticadas por instituciones médicas y organismos especializados.

Sus constantes errores ocasionarán que, al finalizar 2020, el número de muertes por diversas enfermedades como cáncer, diabetes, VIH, insuficiencia renal, hipertensión, infartos, entre muchas otras, además de las provocadas por el COVID-19, rebase en casi 300 mil las defunciones estimadas por las instituciones de salud.

Algunos de los mortales desatinos de la política sanitaria implementada por AMLO son: desaparición del Seguro Popular sin una adecuada planeación del nuevo Instituto para la Salud y el Bienestar (INSABI); manejo incierto de 40 mil millones de pesos del fondo de gastos catastróficos que dejó desprotegidos a enfermos de cáncer, VIH y otros padecimientos terminales y enfermedades crónico-degenerativas; desmantelamiento de las redes de suministro de medicinas e insumos terapéuticos para la salud; reconversión hospitalaria que dejó sin atención médica y tratamientos a pacientes de otras enfermedades ajenas al COVID-19.

El efecto de la reconversión hospitalaria para atender a pacientes de COVID-19 tuvo un alto costo para la salud de cientos de miles de mexicanos, porque implicó que muchos de los servicios que se tenían para cardiología, nutrición, cancerología, fueran reconvertidos para atender la pandemia.

Esto redujo la atención a enfermedades crónico-degenerativas, se disminuyó la detección de enfermedades como cáncer y VIH, y muchos casos de urgencias ya no llegaron a los hospitales por miedo a los contagios, como congestiones alcohólicas, crisis por drogas, violencia, o incluso accidentes.

Al finalizar el presente año habrá un exceso de 281 mil muertes, más de lo esperado inicialmente por las instituciones de salud pública; de las cuales 115 mil serán provocadas por el nuevo Coronavirus.

Según el boletín estadístico sobre el exceso de mortalidad por todas las causas, durante la emergencia por COVID-19, en los primeros nueve meses del año, fallecieron 410 mil 539 hombres, 122 mil 397 más de los que se esperaba que murieran en dicho período. Es decir, 455 muertes masculinas en exceso, cada día, 19 cada hora. Además, se registraron 63 mil 117 muertes más de las esperadas entre mujeres, lo equivale a 234 defunciones de mexicanas en exceso al día, o 10 cada hora.

Murieron 94 mil 855 adultos mayores más de los que se esperaba, así como 77 mil 146 mexicanos de entre 45 y 64 años, y 12 mil 879 entre los 20 y 44 años.

Los datos acumulados en el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica registraron hasta septiembre un total de 78 mil 449 defunciones de personas con resultado confirmatorio al virus del COVID-19; lo que equivale al 40 por ciento del exceso de mortalidad por todas las causas.

Por otra parte, según el reporte de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, basado en proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y el Grupo Interinstitucional que creó el gobierno federal con motivo de la pandemia, el 2020 será el año con más decesos de las últimas décadas.

Las fallas de un sistema de salud ineficiente producto de una política sanitaria equivocada, la pobreza, la inseguridad y el nuevo coronavirus, dibujan al 2020 como el año de la muerte, con un total de un millón 26 mil 342 muertos; es decir 280 mil más (40 por ciento) que en años anteriores.

En 2018 nuestro país registró un promedio de 722 mil muertes. Sin embargo, la pandemia disparó las cifras de mortalidad hasta llegar a una mortalidad excesiva, que se espera este año concluya con más de 114 mil decesos sólo por COVID-19.

Para este 2020, antes de la aparición de la pandemia, la proyección de mortalidad era de 744 mil 952 defunciones; pero la mortalidad excesiva de 281 mil 342 y la mortalidad por COVID-19 de 114 mil 253 personas muertas, disparó las cifras de decesos para este año a un millón 26 mil 294 defunciones.

Estas son las estimaciones de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza con base en la proyección de mortalidad por COVID-19 del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) y la proporción de muertes por otras causas según el Grupo Interinstitucional y el Proyecto Li (COVID=40%), proyectados para el 31 de diciembre de 2020.

Al 30 de octubre pasado ya se habían registrado más de 91 mil muertos por COVID-19, pero se estima que a finales de noviembre llegaremos a 100 mil decesos y al final de año a 115 mil muertes por este motivo.

Las cifras de mortalidad por COVID-19 son sólo una parte de la mortalidad excesiva en el presente año. El registro oficial de mortalidad provocada por el nuevo Coronavirus representa el 40 por ciento del total de muertes excesivas en 2020.

De acuerdo con el último reporte oficial, habían 193 mil 170 muertes en exceso el pasado 26 de septiembre. De ese total, 78 mil 449 eran por COVID-19 y 114 mil 721 más por otras causas no conocidas hasta este momento.

Mario Luis Fuentes, investigador del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM, explicó que la reconversión hospitalaria para dar prioridad a la pandemia implicó que se redujeran la atención y el tratamiento de males crónico-degenerativos.

Fuentes dijo que: “Urgencias como accidentes o congestiones alcohólicas, ya no llegaron a los hospitales por miedo a los contagios”. Nos afirma que el virus puede ser la primera causa de decesos al finalizar el año; pero que el aumento de fallecimientos no sólo fue por el virus, sino también porque se dejaron de atender otros males tras la reconversión. Calculó que a fin de año se llegará a un millón de muertes y probablemente el COVID-19 será la primera causa de defunción en México.

Recordó que, de acuerdo con el INEGI, el año pasado ocurrieron 747 mil 784 decesos; pero en nueve meses del presente año, es decir del 1 de enero al 26 de septiembre, se registraron 718 mil 090 defunciones, cuando se esperaban 524 mil 920 en ese lapso.

Estas 193 mil 170 defunciones extra –reconocidas por las mismas autoridades–, representan 718 al día, 30 por hora o una cada dos minutos.

“Casi 200 mil muertes más es escalofriante. Este año marcará una dimensión de muerte y enfermedad fuera de toda la inercia demográfica que hemos vivido en los últimos 50 años”, comentó el investigador de la UNAM.

Y señaló que: “Una de las posibles explicaciones para que se hayan incrementado las muertes es precisamente porque se redujo la detección y disminuyeron los tratamientos para diversas enfermedades. El confinamiento y la reconversión hospitalaria tuvieron un costo de salud enorme este año”.

Advirtió que el presupuesto que se está planteando destinar a la salud en 2021 es incoherente, pues no responde a la crítica situación que se está viviendo. Esto derivaría en otro año más con exceso de enfermedad y muerte.

Opinó que es fundamental que el Congreso de la Unión revise con detalle y haga un esfuerzo de reflexión crítica para reducir los montos a proyectos de inversión emblemáticos de esta administración. Y asignarlos para articular cuando antes el sistema de salud.

“No es enfrentar la pandemia en sí misma, es enfrentar el exceso de muerte, porque las carencias no fueron subsanadas estructuralmente, se hicieron inversiones para enfrentar al COVID-19 a costa de la atención de otras enfermedades, y éstas casi 200 mil muertes más nos dan cuenta de la magnitud de la crisis”, explicó Fuentes.

PRESUPUESTO DE SALUD A LA BAJA

En este sentido, habrá que recordar que desde que entró en funciones la 4T, el presupuesto a la salud ha sufrido graves retrocesos. En el 2019, primer año en que el presupuesto fue aprobado por la mayoría de MORENA y partidos aliados en la Cámara de Diputados, un total de 18 institutos nacionales de salud y hospitales de alta especialidad sufrieron un recorte de cuatro mil millones de pesos.

En fecha reciente, el Congreso aprobó quitarle 33 mil millones de pesos al fondo destinado a financiar al Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) para que sean ejercidos directamente por el presidente López Obrador, sin control alguno ni reglas de operación.

Los especialistas en el tema consideran insuficiente el aumento de más de 692 mil millones de pesos, que significa para el año entrante un incremento de 1.8 por ciento en materia de salud, para garantizar el acceso universal a la salud, respecto a lo aprobado para 2020.

Otro de los yerros del gobierno federal, que contribuyeron al incremento de la mortalidad, fue la extinción del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, que era el ente financiero del desaparecido Seguro Popular (hoy INSABI). Este fondo era destinado para la atención de enfermedades de alta especialidad, que venían operando un total de 856 hospitales o establecimientos médicos, de los cuales 790 son públicos y los restantes 66 privados.

En ese grupo están incluidos 23 institutos nacionales de salud y hospitales de alta especialidad y centros de tratamiento oncológicos como el FUCAM, con amplio reconocimiento por su atención a precios accesibles a pacientes con cáncer de mama, o clínicas oftalmológicas que hacen trasplantes de córnea. A todos estos centros, el gobierno federal les retrasó sus pagos poniéndolos en serios aprietos financieros.

Con la creación del INSABI se generó incertidumbre no sólo entre la población que tenía acceso a los servicios del Seguro Popular, sino entre los nosocomios públicos y privados que prestaban sus servicios de especialidad.

A 11 meses de iniciar operaciones el INSABI, los centros hospitalarios desconocen cómo funcionará con el nuevo Fondo de Salud para el Bienestar, ya que si bien se les había informado que sería a mediados de año cuando se conocerían las nuevas reglas de operación, ante la contingencia por la pandemia y la negligencia de las autoridades sanitarias, dicha reglamentación sigue aún sin publicarse.

Uno más de los desaciertos del presidente López Obrador, que contribuyó al incremento de la mortalidad, es sin duda haber paralizado la compra de medicamentos.

Justo cuando en México iniciaba la crisis sanitaria del COVID-19, se ordenó desmantelar la cadena de suministro de medicamentos e insumos terapéuticos del sector salud, que se venía desarrollando en las últimas décadas, para improvisar un nuevo modelo sin tener una idea clara y precisa de cómo hacerlo.

El desmantelamiento del sistema anterior, que se puso en marcha con el pretexto de combatir la corrupción y lograr ahorros en la adquisición de medicamentos, derivó en un desabasto de dimensiones catastróficas y prueba de ello es la carencia de medicamentos oncológicos que hasta la fecha se viene padeciendo.

El gobierno federal suprimió el sistema de compra que funcionaba consolidadamente hasta 2018. Desplazó al equipo que las procesaba, centralizó las compras en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y excluyó a la industria de distribución de la cadena de abastecimiento.

Todo esto derivó en licitaciones retrasadas por más de medio año, fallidas o incompletas, hasta en 60 por ciento de los productos que se proponía comprar. Generó desabasto por encima del 40 por ciento. Opacidad en los procedimientos de contratación. Todo ello en perjuicio de la salud de millones de mexicanos.

La incompetencia del presidente López Obrador para implementar una política sanitaria eficiente, llega al grado de que los medicamentos que serán adquiridos a través de la Organización de las Naciones Unidas llegarán en abril de 2021, como si los niños que padecen cáncer pudieran esperar meses para continuar su tratamiento, o como si el costo que ello implica fuera fácil de solventar por sus padres y familiares cercanos.

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