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ABERRANTE COSTUMBRE

ALBERTO WOOLRICH / LA OPINIÓN DE MÉXICO

Es de sobra conocido que los ideales que como premisa toral defiende y
propone nuestra Constitución Política, son simple y llanamente los
postulados éticos de la ciencia del derecho. Por ello, no obstante su
carácter universal y su permanencia en el tiempo y en el espacio, a
falta de su crucial observancia en un país como el nuestro, que los
idealistas de justicia consideramos que debe regirse por un definido y
respetado estado de derecho y al no ser así, como por desgracia
acontece día a día, en toda la nación, nos produce no sólo un mal
sabor a boca, sino un efecto negativo de irremediables consecuencias.

Virgilio con un hermoso tono siempre decía DICITE JUSTITIAM (aprendan
a hacer justicia) y es lo que deben aprender los fiscales y agentes
del ministerio público, cuando en sus pedimentos ante órganos
jurisdiccionales solicitan que se condene a los inocentes. Ahí es
donde rompen la regla de oro del derecho, que magníficamente burilada
por Ulpino, afirmaba: “La justicia es una voluntad firme y perpetua de
dar a cada uno lo que le pertenece”, regla que, con cinismo,
ignorancia, servilismo e incompetencia rompen cotidianamente los
encargados de procurar justicia en ésta sagrada tierra de libertades.

Las carpetas de investigación que se integran cotidianamente en
fiscalías y agencias del ministerio público en todos los rincones de
México, tienden muchas veces a ello, con fabricación de demostrativas
de responsabilidad, lo que implica de forma clarísima, el pisotear la
Carta Magna.

Debo decir que por ser ello un asunto humillante para la dignidad de
la justicia, se debe para prestigio de ella, efectuar, en esas
corrompidas carpetas de investigación, un análisis jurídicamente
sostenible, de todas aquellas hipótesis reales que puedan llevar al
convencimiento pleno de las autorías intelectuales y materiales de
quienes verdaderamente infringen la ley penal y no implicar
estúpidamente a inocentes como comúnmente lo hacen a fin de pretender
convencer a nadie que están combatiendo a la delincuencia.

La calidad moral de algunos que dicen y se ufanan de procurar justicia
y los cuales actúan con injusticia, es nula, y las más de las veces se
encuentra sometida a su propia incapacidad e ignorancia, a ellos no
les importa cumplir con la ley, muchísimo menos les importa inventar
culpables en donde éstos no existen.

La Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, A.C.,
puede, sin rubor, afirmar que esas carpetas de investigación se
elaboran sin apreciar en derecho la verdad de los hechos y las más de
las veces optan por la salida más fácil e insulsa, involucrar a
inocentes, para tapar a los verdaderos culpables a los cuáles, por
ello, les brindan impunidad.

Todo en México puede ser posible, cuando no se actúa con la
honorabilidad y cultura jurídica que amerita el correcto análisis de
las constancias procesales que obran en pieza de autos.

A mayor abundamiento, cabe sostener y, así lo hacemos los abogados
independientes de la República, que esos argumentos que sustentan
infelices fiscales y ministerios públicos resultan absurdos e
insostenibles, pero a ellos les sirve para escalar puestos con la
complacencia de otras autoridades.

Esos infelices de marras se ubican, por que así lo afirmamos, por
encima y por debajo de la ley, del derecho y lo que es más grave, de
la justicia.

La verdad en esos casos y en esas carpetas de investigación, nos lleva
a la firme convicción de que  a toda costa pretenden tapar su
ignorancia con indagatorias marcadamente deficientes.

La opinión pública, la vox populi, sin embargo, no sólo intuye sino
también sabe que ello se debe a la corrupción que impera en el ámbito
de procuración de justicia.

Pretender obtener condenas en contra de inocentes resulta ser un
delito muy grave, toda vez que se comete en contra del derecho y la
justicia.

 

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