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ALFONSO DURAZO, UN FRACASO AL FRENTE DE LA SSPC

Ricardo Ravelo/ La Opinión de México

–Deja la secretaría de Seguridad Pública para buscar la gubernatura de Sonora.

Con un saldo negativo en el tema de la seguridad pública, con solo una detención importante casi dos años de gobierno –la de José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”, líder del cártel Santa Rosa de Lima –Alfonso Durazo presentó su renuncia a la secretaría de Seguridad Pública Ciudadana para buscar la gubernatura del estado de Sonora.

Durazo Montaño fue de los primeros personajes que presentó Andrés Manuel López Obrador cuando era candidato a la presidencia de la República, en 2018; dijo entonces que Durazo era un hombre honesto y comprometido con el país; sin embargo, los resultados en materia de seguridad pública no se alcanzaron, por el contrario, el funcionario ha estado bajo el ojo de la polémica desde el mes de octubre de 2019 cuando decidió, junto con algunos altos mandos militares, liberar a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, luego de que a través de un operativo fuera detenido en Culiacán, Sinaloa.

Según reconoció el propio presidente López Obrador él fue quien ordenó liberar a Ovidio Guzmán luego de que Durazo y el secretario de la Defensa Nacional le propusieron el plan, ya que los miembros del cártel de

Sinaloa amenazaron con asesinar a personas inocentes luego de la captura del hijo de “El Chapo”.

Durazo Montaño, como se recordará, fue muy cercano a Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial en 1994 asesinado en ese año en Lomas Taurinas, Tijuana, cuando realizaba una gira por Baja California.

El propio Durazo se encargó de dar a conocer la noticia sobre el fallecimiento del entonces candidato presidencial, afuera del hospital donde era atendido después de recibir un balazo en la cabeza.

Alfonso Durazo, sin embargo, no pudo resolver el grave problema de la violencia en el país, por el contrario, los cárteles extendieron sus dominios a toda la república e incluso sus tentáculos alcanzan a otros países de América Latina, como Colombia, Panamá, Ecuador, Argentina y Brasil.

En México operan unos quince cárteles y dos son los más poderosos: se trata del cártel de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación, el segundo más fuerte que ha crecido en los últimos diez años, a tal grado que ya domina una veintena de estados en la república mexicana.

Dirigido por Nemesio Oseguera, “El Mencho”, el cártel de Jalisco controla una amplia extensión territorial, desde Quintana Roo hasta Baja California; es el grupo criminal que domina el negocio del “huachicol”, el tráfico de drogas a gran escala, los secuestros, la venta de protección, entre otros negocios.

En Guanajuato este cártel estuvo enfrentado al de Santa Rosa de Lima por el control del llamado “huachicoleo” –el robo de combustibles –que ha sido muy demandado en ese estado. Tras la caída de “El Marro”, hace dos meses, aproximadamente, el CJNG se quedó con el control de ese estado; sin embargo, la guerra ha continuado, pues el cártel que dirigía “El Marro” no ha sido extinguido.

En lo que va de la administración de López Obrador solo dos capos han sido detenidos: Santiago Mazari, “El Carrete” y José Antonio Yépez Ortiz, “El Marro”. Fuera de ellos dos, el resto de los jefes del narcotráfico siguen libres e intocados.

Esto explica, entre otras cosas, el nulo desempeño que ha tenido la política antimafia del gobierno de la Cuarta Transformación. Es por ello que el gobierno de Estados Unidos ha expresado preocupación por la política antidrogas del gobierno mexicano y le ha exigido resultados concretos, los que hasta ahora, por desgracia, no se han logrado.

El nivel de violencia continúa elevándose a pesar de que el actual gobierno ha decidido una militarización histórica: en todo el territorio operan unos 200 mil efectivos militares, además de los casi 70 mil elementos de la Guardia Nacional. A pesar de este gran número de militares la violencia sigue debido, entre otros factores, a que los cárteles no son atacados, por el contrario, la política de López Obrador –basada en abrazos y no balazos –es fallida en ese sentido. Los grupos criminales mantienen bajo su control tanto los territorios como el tráfico de drogas, en muchos casos, incluso, son la complacencia de las autoridades tanto de estados como de municipios.

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