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¡AMBIENTALISTAS NEOLIBERALES!

*Organizaciones como el Grupo Ecologista del Mayab (Gema) y los Amigos de Sian Ka’an desviaron su lucha luego de negociaciones económicas y explotación lucrativa de la reserva natural, respectivamente

*Surgidas en el inicio del neoliberalismo, muchas de las asociaciones civiles ambientalistas actúan por tiempos cortos, en espera de beneficios personales

Ricardo Ravelo/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/Sol Chiapas/Sol Belice/La Opinión de Puebla

Cancún.- Muchos de los grupos ambientalistas del Estado mantienen un doble discurso en Quintana Roo, al emprender manifestaciones de protesta para defender las causas en favor del entorno natural, pero las bases de sus movimientos se sustentan con beneficios económicos o la explotación de los recursos y bellezas naturales que ofrece la entidad.

Y peor aún, resulta que para calmar la ira de sus condenas, expresadas en movimientos de resistencia, se favorecen mediante el intercambio de recursos naturales por económicos, como fue en su momento la supuesta lucha de organizaciones como el Grupo Ecologista del Mayab (Gema) y los Amigos de Sian Ka’an, que desviaron su lucha luego de negociaciones económicas y explotación de las reservas naturales con fines de lucro.

Son estas organizaciones, las que en los últimos días han surgido como voraces defensores del entorno, frente a la construcción del Tren Maya en los tramos de la Riviera Maya, a pesar de que su pasado y presente responde más a intereses económicos y de explotación turística.

La aparición de Gema fue en 1986 como una preocupación de la sociedad civil de Quintana Roo por la ecología, a raíz de algunos proyectos que comenzaban a impactar el medio ambiente. Uno de los eventos que propició el inicio del movimiento ambientalista fue la entrada en operación de la empresa Calizas Industriales del Carmen S. A. de C. V. (Calica hoy Sac-Tun), consistente en la explotación de yacimientos de materiales pétreos de tipo calcáreo.

Poco después surgió también Amigos de Sian Ka’an, pero esta asociación no la creó un grupo de ciudadanos preocupados por el medio ambiente, sino por iniciativa de las autoridades neoliberales y de las agencias internacionales que habían impulsado la creación de la Reserva de Sian Ka’an.

La lucha de ambas agrupaciones, al final de cuentas sirvió para ganar juicios a los empresarios, para legalizar sus acciones devastadoras, es decir que operaron por conveniencia y por negocio.

Incluso, para simular el trasfondo de su lucha, la creación de Sian Ka’an y la concesión a Calica eran dos hechos surgidos de una política ambiental contradictoria que parecía justificar la depredación con decretos conservacionistas.

Una de las personas más involucradas en el inicio del movimiento ambientalista en Quintana Roo es Araceli Domínguez, quien de manera subrepticia dejó el movimiento en 1992, luego de anunciar una promesa de convenio con Calica para la protección ambiental, en el cual se consideraba que era conveniente establecer una zona de amortiguamiento, tener acceso a la información de Calica y a su programa de monitoreo, evaluación y control ecológico (Gema, 1992).

Sin embargo, Gema también intentó negociar y llegó al acuerdo de que se donaría, para cuestiones medio ambientales, un centavo de dólar por cada metro cúbico que sacaran; lo firmaron las autoridades, pero no lo firmó Calica, y el acuerdo no se cumplió

La ecologista Araceli fue clara al señalar que “eso fue un arreglo en el que perdimos mucho ya que el acuerdo no sirvió para nada”. Esto hizo que Gema se desintegrara, después de que Araceli dejara la organización pues no cree en la negociación. Sus palabras fueron que “no se logró nada, fue un mal negocio. Ahora sabemos que no se puede negociar. En las cuestiones ambientales hay que ser radical”.

A pesar de todo esto y de las acciones llevadas a cabo por Gema, en 1993 se amplió la concesión a treinta años, asimismo se incluyó en el propósito de la concesión la construcción de una terminal portuaria pública con dos plataformas de servicio, un edificio terminal, estacionamiento y un camino de acceso desde la carretera federal para transbordadores, cruceros turísticos y embarcaciones de pasajeros, mediante el uso de la dársena construida y seis hectáreas de zona federal terrestre.

A la fecha, Gema es conocida en Quintana Roo, como una de las organizaciones mercenarias que aparece cuando surge algún proyecto de construcción, para protestar un breve periodo y luego desaparece sin decir adiós.

Los defensores del medio ambiente que también brillan por su ausencia en la Biósfera de Sian Ka’an. La organización surgida en la época del neoliberalismo denominada los Amigos de Sian Ka’an, a la fecha no se ha manifestado en contra de los trabajos de construcción de conjuntos habitacionales.

Hace unas semanas, la constructora Obra Prima, anuncio la construcción de un conjunto habitacional en terrenos de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an, alegando que hay demanda en la compra de viviendas en Tulum.

Argumentan que hay mucha demanda de vivienda en el municipio de Tulum, es por ello que el grupo constructor Obra Prima, pretende construir un desarrollo inmobiliario en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, el predio donde pretenden desarrollar el proyecto denominado Villas San Juan, se ubica en la Región 21, manzana 60, lotes 25, 25-1 y 25-2, sobre la carretera Tulum, Ruinas-Punta Allen, en Punta San Juan, y contemplan una inversión superior a los 40 millones de pesos.

Como lo dimos a conocer en estas páginas, la poca o nula actividad de las organizaciones ambientalistas y protectoras de animales opositoras al Tren Maya en Quintana Roo, respecto a otros proyectos, responden al servilismo, la manipulación y/o la contratación mercenaria de empresarios que a acciones sentidas y espontáneas.

Muchas de ellas están directamente vinculadas a empresarios de la industria hotelera e inmobiliaria, incluso otras tantas son encabezadas por los hijos de los dueños de complejos hoteleros, parques acuáticos y “reservas naturales” que son impactadas a su antojo y construyen residencias y parques turísticos.

Como se recordará, el pasado domingo 6 de marzo el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, visitó Quintana Roo para supervisar las obras del Tren Maya vía aérea; sin embargo, ese mismo día resurgieron las voces de rechazo a las obras.

Desde ese momento, al menos 42 asociaciones civiles, la mayoría con sede en Quintana Roo y Yucatán, emitieron una serie de posturas de oposición a la obra, entre las que destacaban frenar el proyecto, dialogar para analizar las supuestas afectaciones, y hasta modificaciones a los proyectos originales, entre otras.

Argumentan que con las obras peligran los ríos subterráneos, cenotes, flora y fauna de la zona por donde pasará el Tren Maya, y estas afectaciones provocarán grandes daños al mar, a la franja coralina de la zona, entre otros.

Sin embargo, los movimientos de estos grupos ambientalistas a conveniencia no son nuevos, han surgido desde hace más de dos décadas, y aparecen cuando creen que ponen en riesgo sus proyectos futuros, pero eso sí, dejan pasar de largo sin siquiera inmutarse, devastaciones y otras amenazas de afectación en zonas de mar, cavernas, selvas, cenotes y ríos subterráneos de la entidad.

Y aunque en sus sitios web y páginas de Facebook aseguran que sus acciones las realizan sin fines de lucro y que viven de donaciones, lo cierto es que muchas de ellas se desprenden de empresas hoteleras, automotrices, de tiendas textiles.

También que muchas solicitan el apoyo de donaciones al público en general; sin embargo, las cantidades más fuertes provienen de cadenas hoteleras, parques acuáticos, desarrolladores inmobiliarios, comercios, etcétera.

Se sabe que los empresarios más influyentes de la Península son los principales personajes que auspician a las A.C. mercenarias, entre ellos Romárico Arroyo Marroquín, Abelardo Vara, Roberto Cintrón Díaz, la familia Constandse Madrazo, integrada por Óscar, Marcos y Carlos; Francisco Córdova Lira, Rodrigo de la Peña, Moises El-Mann Arazi, del grupo E-Desarrollos, Miguel Quintana Pali, dueño de Grupo Xcaret; Alejandro Burillo Azcárraga, Ernesto Zedillo V.

José Chapur Zahoul, presidente del Grupo Palace; Eduardo Solís Preciat, dueño de las empresas sascaberas ABC; Johanes Lubbe; Eduardo Castro; Eduardo Albor, propietario de Dolphin Discovery; Carlos Quintana; Juan Miguel Villar Mir, propietario del hotel Mayakoba.

También Armando Millet, Octavio Lavalle, Luis Reynoso, José Luis Martínez, Alexis Saad, Ramón Abascal, Alex Krantberg, Salvador Vidal, Rene del Castillo, Javier Carlos Olvera, Rafael Lang, Margarita Lliteras; Alejandro Pérez, Jorge Navarro, Roque González Escamilla, Fausto Zapata Sterkin, Jesús Almaguer; Pedro Vaca Elguero, presidente y director general de Cadu; Armando Palma Peniche, presidente del Consejo de Grupo Promotora Residencial; entre otros.

Lo que es seguro, es que en esta lucha son las asociaciones ambientalistas las que saldrán ganando por todos lados.

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