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ARCHIBALDO Y NO JOAQUÍN, SU VERDADERO NOMBRE

*Como así se llamaba su abuelo, quien alentaba a su padre para que lo golpeara e incluso lo corrió de la casa cuando era un adolescente, no quiso llamarse igual y se lo cambió por el de Joaquín

Redacción /Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Quinta de siete partes)

Ciudad de México.- El nombre real de “El Chapo” es el de Archibaldo no el de Joaquín, pero como así se llamaba su abuelo, quien alentaba a su padre para que lo golpeara e incluso lo corrió de la casa cuando era un adolescente, no quiso llamarse igual y se lo cambió por el de Joaquín. 

Nació el 4 de abril de 1957, en el poblado La Tuna, municipio de Badiraguato, Sinaloa, cuna de capos de la talla de Miguel Angel Félix Gallardo, “El Jefe de Jefes”; Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”; Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”; Ismael “El Mayo” Zambada García; de quien se dice que fue quien lo entregó al gobierno de Enrique Peña Nieto;  Rafael Caro Quintero, “El Narco de Narcos”; Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto” y otros narcotraficantes de primer nivel. 

Guzmán Loera, de apenas 1.55 metros de estatura, de ahí su mote ya que en Sinaloa se les llama “chapos” a los de baja estatura, por chaparritos, se hizo a la sombra de Félix Gallardo, capi di tutti capi, quien mantuvo el control de todo el país durante décadas. 

“El Chapo” en sus inicios, sólo era un ladronzuelo de autopartes y gracias a Ramón Laija Serrano, jefe de sicarios de Félix Gallardo, logró ingresar al grupo junto con Héctor “El Güero” Palma. Su agresividad y pericia en el manejo de armas les sirvieron a ambos para destacar y en poco tiempo pasar a ser parte de los ejecutores.  

Cuando Félix Gallardo cayó en desgracia, también se comenta que fue el mismo, “El Chapo”, quien lo entregó, comenzó a encumbrarse pero no pasaba de ser otro de tantos narcotraficantes sin mayor relevancia.  

La primera vez que trascendió su fama, fue a mediados de 1991, cuando patrulleros de la Secretaría de Protección y Vialidad del D.F., detuvieron en calles de la colonia Jardín Balbuena a cuatro individuos que viajaban en una camioneta Suburban, sin placas de circulación, con vidrios polarizados y armas de grueso calibre. Los desconocidos ofrecieron 10 mil dólares para que los dejaran ir. 

Los uniformados se asustaron ante tanto dinero ofrecido y quienes terminaron haciendo negocio, fueron el primer inspector Rogelio Herrera Pérez, alias “El Pispión”, titular del sector Venustiano Carranza; Fulvio Jiménez Turegano, ex motociclista de Policía y Tránsito venido a comandante de la Policía Judicial Federal y Santiago Tapia Aceves, entonces director operativo.  

Confesaron haber recibido medio millón de dólares aunque extraoficialmente se supo que habían sido no menos de 5 millones de dólares los que recibieron a cambio de dejar libre al entonces todavía desconocido “El Chapo” Guzmán. 

El otro hecho que lanzó al “estrellato” al incipiente narco, pero que sería su perdición, ya que representaría su captura, ocurrió el  24 de mayo de 1993 cuando el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo fue abatido por sicarios de los hermanos Arellano Félix, en el aeropuerto de Guadalajara, Jalisco, al confundirlo con “El Chapo”.  

En menos de un mes, el 9 de junio de ese mismo año, “El Chapo” fue detenido en Guatemala y entregado al gobierno mexicano. 

Fue confinado en el penal de Almoloya y a fines de 1995, al descubrirse un supuesto intento de fuga, se le envió al penal de Puente Grande, Jalisco, donde provocó la relajación de la disciplina, a tal grado que se sabía que el presidio de supuesta alta seguridad era propiedad de Guzmán Loera, del “Güero” Palma y de Arturo Martínez, líder de “Los Texas”.  

“El Chapo” Guzmán gozaba de toda clase de privilegios: Teléfonos celulares, drogas, licor, mujeres, celdas espaciosas, extorsión a reclusos y un completo autogobierno en el que los presos importantes, salían y entraban de la cárcel cuando querían. “El Chapo” no faltaba a ningún partido de fútbol de sus equipos favoritos: el Guadalajara y el Atlas. 

A fines de 1999, la SCJN dio a conocer la aceptación de la procedencia de extradición de delincuentes mexicanos a Estados Unidos, lo que significaba para Guzmán Loera que en cualquier momento pudiera ser enviado al vecino país. 

Una prisión que cuenta con filmación en áreas recreativas, comedores, oficinas, sensores en celdas, visita íntima y subterráneos, muros de contención, mallas ciclónicas; zonas electrificadas, control de internos, revisión de celdas cada media hora; rotación del personal de vigilancia, cerraduras electromagnéticas, arcos detectores, zonas de revisión con perros adiestrados y puertas operadas a través de dispositivos electrónicos, es totalmente insalvable si no se cuenta con cómplices. 

Tras su primera fuga del penal de Puente Grande, su imperio creció a tal grado que sus operaciones se extendieron a varios continentes, lo mismo en América que en Europa e incluso hasta en China. 

Su mala fama y poder crecieron a tal grado, que varias veces apareció en revistas internacionales (Forbes y Times), como uno de los hombres más ricos e influyentes del mundo. 

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