InicioPortadaNacionalBELICE: PRECIADO BOLÍN PARA EL NARCOTRÁFICO

BELICE: PRECIADO BOLÍN PARA EL NARCOTRÁFICO

*Invadido por Cártel de Sinaloa, CJNG y Cártel del Noreste

*Los grupos criminales mexicanos controlan tres cuartos del país

*Altos jefes policíacos beliceños ocultan cientos de narcovuelos

*Zona Libre: de meca del contrabando, a bodega del narco

José Sánchez López/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Belice. – Belice está convertido desde la década de los noventas del siglo pasado, en punto clave para el tráfico de droga, armas y migrantes, por su ubicación geográfica, como parte del “Triángulo Norte de Centroamérica”, junto con Guatemala y México; además de seguir siendo la “bodega” donde los cárteles “compradores” de cocaína procedente de Sudamérica almacenan enormes cargamentos de droga.

Los puertos, pantanos y aeródromos localizados en plena selva de Belice, están convertidos en piezas clave para narcotraficantes colombianos y mexicanos, al tiempo que con multimillonarios sobornos trazan nuevas formas de rutas.

Mediante aeronaves ligeras, lanchas ultrarrápidas y el “bombardeo” aéreo, los traficantes desplazan toneladas de cocaína sudamericana a través de Belice hacia México, según agentes antinarcóticos de Estados Unidos y funcionarios de Belice.

Al descargar el estupefaciente en Belice, los traficantes evitan ser detectados por las patrullas del Ejército y la Marina de México, marcando así los avances de los cárteles mexicanos dentro de Centroamérica, por donde pasa hasta el 90 por ciento de la cocaína que introducen a los Estados Unidos.

El creciente papel de Belice como uno de los gigantes corredores de la droga, ha originado que el gobierno estadounidense lo agregara en la lista negra de naciones consideradas como grandes productoras o en ruta de tránsito de narcóticos.

Con una población de poco más de 410 mil habitantes, Belice tiene un atractivo litoral y zonas montañosas que seduce lo mismo a turistas internacionales y a intrépidos excursionistas, que a traficantes de drogas por sus fuerzas de seguridad que son minúsculas, mal equipadas y mal pagadas, por lo que son presa fácil del narco que recurre a sobornos millonarios.

Por otra parte, pese a que Belice forma parte del paquete que Estados Unidos destina a diversos países para combatir el narcotráfico, en la administración de Joe Biden sólo ha recibido no más de 150 millones de dólares, que obviamente resultan insuficientes ante las multimillonarias cifras que manejan las organizaciones criminales.

Belice es un pequeño país, de habla inglesa, que hace frontera con México y Guatemala en la costa del Caribe, al sur de Quintana Roo y mientras que para el turismo la selva tropical, manglares, sus arrecifes y hoteles de lujo a lo largo de los cayos caribeños (una cadena de 450 pequeñas islas coralina), resulta todo un paraíso, para el narcotráfico representa uno de los principales corredores y almacén de drogas.

Desde hace al menos 30 años, han sido detectadas infinidad de avionetas, muchas de las cuales se estrellaron, se incendiaron o fueron abandonadas junto con cargamentos de droga; en cada caso transportaban no menos de 300 kilos de cocaína y en ocasiones hasta tonelada y media.

Solamente unos cuantos narcotraficantes han sido detenidas en la mayoría de los casos, pues la policía llega mucho después del percance, cuando los ocupantes ya huyeron abandonando los aparatos, no sin antes haber descargado la droga.

La facilidad con la que operan y la pasividad, negligencia, complacencia o complicidad de las autoridades beliceñas encargadas de combatir el tráfico de drogas, ha provocado que los grupos criminales diversificaran sus actividades no solamente en el trasiego de cocaína y drogas sintéticas, sino en el tráfico de armas y migrantes, con la consecuente ola de violencia e inseguridad que se ha recrudecido.

La presencia de múltiples avionetas furtivas puso en alerta a las autoridades antidrogas y, supuestamente, fortalecieron sus operativos con radares más sofisticados y equipos más sensibles, pero la situación sigue siendo la misma y sólo admiten la presencia de narcoaeronaves cuando sobreviene algún accidente, al estrellarse algún aparato o ser abandonado por alguna falla, de lo contrario los narcovuelos son inexistentes.

Lo atractivo de su ubicación geográfica, aunado a la indolencia de las autoridades para atacar el fenómeno del narcotráfico, ha originado que tres cárteles de la droga se apoderaran de la nación y se disputen ferozmente el control de la zona.

Se trata del Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel del Noreste, una escisión de Los Zetas, pero más sanguinarios y asesinos, además de que también se ha observado la incursión de Los Maras Salvatrucha, lo que convirtió a Belice en codiciado botín para el crimen organizado.

El gobierno de los Estados Unidos elaboró una lista de países a los que considera como territorio de narcotráfico, bien porque son productores de droga o porque son lugares de tránsito por su ubicación geográfica y, por ende, atractivos para el trasiego.

En ese rol figuran Bolivia, Colombia, Venezuela y Perú como productores; mientras que Guatemala, El Salvador, México y desde luego Belice, como puntos de tránsito, aunque en los últimos años algunos son considerados tanto como productores, introductores e inclusive consumidores.

El tema de las avionetas resulta más que evidente para confirmar en Belice la existencia del narcotráfico, pese a la negativa oficial del gobierno beliceño que encabeza Juan Antonio Briceño, conocido como Johnny Briceño.

Al respecto hay numerosos casos de aparatos siniestrados, en la frontera entre México y Belice, en las inmediaciones de la comunidad La Unión, en Chetumal, Quintana Roo.

En uno de los casos, una nave fue totalmente calcinada. No hubo muertos ni heridos y las investigaciones revelaron que se hallaron indicios de droga. En otro, elementos de la Marina, del Ejército y de la Guardia Nacional Policía, sitiaron la ribera del Río Hondo, tras la caída de una avioneta del lado beliceño. La nave pretendía aterrizar en los linderos de las comunidades de Sabidos y Allende, en el llamado “camino blanco”.

También se ha tenido conocimiento de otras avionetas quemadas del lado beliceño, que son utilizada en el trasiego de enervantes. Una de ellas que se quemó parcialmente, llevaba miles de litros de turbosina y gasavión.

En las inmediaciones donde cayó el aparato, fue detenida una persona y se aseguraron dos camionetas blindadas en las que fue traspaleado el cargamento de droga.

Las narconaves vuelan por las noches y por lo bajo, para evitar los radares y aunque no se ven porque llevan las luces apagadas, el motor sí se oye por lo que es evidente su presencia; al principio los lugareños pensaron que las naves eran para fumigar los cañales, pero lo que se ha visto es el incremento del narcotráfico.

En la comunidad de Ramonal, conocida por el tráfico ilegal de mercancía a través del Río Hondo, los fines de semana se ven avionetas que sobrevuelan casi a ras del agua, al tiempo que dejan caer paquetes con droga que son recogidos velozmente por ocupantes de lanchas con motor fuera de borda y los llevan por una conexión de agua que conecta a Río Hondo, con la aldea de Pachacán en Belice.

En otro caso, fue localizada una avioneta abandonada en una carretera de terracería que conduce a San Esteban, en Orange Walk, en Belice, cerca de la frontera con México; se presume que era utilizada para el transporte de estupefacientes.

Pero no solamente se han avistado avionetas ligeras, sino naves grandes, hasta un jet tipo chárter, color blanco, matrícula 010LD, que luego de que aterrizara en la carretera San Esteban, rumbo a Progreso, Belice, donde presumiblemente descargaría droga, ya no pudo despegar por un desperfecto, así que los tripulantes lo abandonaron con todo y carga.

En esa zona de Belice que hace frontera natural con México, por el Río Hondo, cerca del ingenio localizado en el municipio de Othón P. Blanco, en Quintana Roo, han sido descubiertos en varias ocasiones cargamentos de droga que por alguna causa tuvieron que abandonar sus propietarios.

Uno de esos casos fue el ocurrido cuando en dicha frontera, del lado de Belice, en el condado Blue Creek, aterrizó de emergencia una avioneta bimotor.

Las autoridades beliceñas, que ya habían sido alertadas por las mexicanas de la presencia de la nave, acudieron al lugar y fueron recibidas a balazos por los tripulantes, La policía respondió a la agresión y logró someter y detener a tres sujetos. En el interior fueron encontrados 486 paquetes con 556 kilos de cocaína. Un colombiano y dos mexicanos integraban la tripulación.

Esa aeronave sólo era una más de las que se han hallado en territorio beliceño, donde se presume llegan fuertes cargamentos de cocaína procedente de Panamá y Colombia.

Un reporte de Inter-American Dialogue, de Washington, señala que al compartir frontera Belice con México y Guatemala, se convirtió en territorio del crimen organizado desde hace 30 años, lo que ha recrudecido el fenómeno del narcotráfico.

El mismo estudio precisa que las mayores operaciones de los cárteles se realizan en las selvas del Petén y Los Cayos donde lo mismo se trafica con drogas que con personas, armas, maderas y animales exóticos.

No obstante, a pesar de los problemas y la realidad de la presencia de los cárteles mexicanos, además de Los Maras y algunas otras pandillas salvadoreñas, la situación parece ser soslayada o al menos minimizada por las autoridades que no han hecho nada para combatir ese fenómeno que transformó el pequeño país centroamericano en uno de los principales corredores de droga hacia los Estados Unidos.

La frontera con México y Belice, hasta los límites de Quintana Roo y las colindancias con el estado de Campeche, está convertida en un gigantesco cementerio de narcoavionetas, cargadas con droga, turbosina o dinero, que terminan siendo abandonadas bien porque se accidentaron, sufrieron alguna descompostura, tuvieron un aterrizaje forzoso o se vieron obligados a dejarlas al ser descubiertos por las autoridades.

Conforme a estadísticas de la Fiscalía General de la República, el tráfico aéreo de drogas procedente de Sudamérica, se ha incrementado en no menos de un 70 por ciento y el ingreso de droga a nuestro país por la frontera sur, data al menos de hace un cuarto de siglo, cuando arribó a la gubernatura de Quintana Roo, Mario Ernesto Villanueva Madrid, en 1993, e igual que ahora, la vía preferida por el narcotráfico, era la aérea combinada con la marítima y la terrestre.

Las avionetas, que volaban (y vuelan) por lo bajo para evitar los radares, descargaban la droga arrojando los paquetes desde el aire a la laguna de Bacalar, para enseguida intervenir lanchas rápidas cuyos tripulantes se lanzan a las aguas para rescatarlos, trasladarlos a la costa y de ahí proseguir con la ruta mediante vehículos terrestres.

Durante los últimos 30 años, conforme a reportes de inteligencia militar de ambos países, el trasiego de droga aumentó desproporcionadamente, pues el tráfico aéreo se intensificó, ya que no solamente avionetas con 300 kilos de droga surcan los cielos beliceños y mexicanos, sino grandes aviones que llevan hasta tonelada y media de cocaína.

Autoridades antidrogas estiman que mensualmente se observan cientos de vuelos de aparatos que son detectados, más no interceptados, con cargas de droga que llevan al sur de Quintana Roo y hasta la zona limítrofe con Campeche.

En dicho punto y en la franja fronteriza con Belice, cuentan con narcopistas clandestinas y hasta narcoaeródromos habilitados en lagunas secas, en los que se han registrado numerosos percances relacionados con narcoaeronaves en las que han localizado grandes cargamentos de droga.

Por el lado mexicano, en los límites de Quintana Roo y Campeche, fueron descubiertos narcoaeródromos habilitados en los suelos secos de las lagunas Ik y La Valeriana, así como en los municipios de Calakmul y Hopelchén y pistas clandestinas en Miguel Alemán, Río Verde, Payo Obispo, Nuevo Tabasco, Bacalar y El Gallito.

También se ha detectado que hay frecuentes aterrizajes en caminos ubicados en la frontera México-Belice, en las cercanías del Río Hondo, en la zona agrícola de la comunidad de El Ramonal, lo mismo que en los ejidos El Cedral y San Pedro Peralta, municipio de Othón P. Blanco.

En operativos del Ejército en los que se detectaron narcoaterrizajes en la ribera del río Hondo, tras intercambiar información con el gobierno beliceño, se estableció que también había pistas clandestinas en los campos menonitas de Blue Creek, Belice, colindante con La Unión, comunidad situada más al sur en Quintana Roo y en el Distrito de Orange Walk.

La impunidad con la que opera el narco en ambas fronteras, propiciada involuntaria o voluntariamente por las autoridades, llegó a tal grado que cuando Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera estaba al frente de la organización sinaloense, operaba en Belice y hasta contaba con un narcotúnel para cruzar de una a otra frontera.

A principios de siglo, Anthony “Boots” Martínez, dijo en su momento que funcionarios del Departamento de Policía y políticos de alto rango de Belice, en contubernio con gente del “Chapo” Guzmán, participaban en los aterrizajes de avionetas con droga, recibiendo los cargamentos en Belice para introducirlos a suelo mexicano a través de narcotúneles.

Aseguró que contaba con las evidencias necesarias para demostrar la existencia de una casa de seguridad, con pasajes subterráneos, propiedad del “Chapo”, a nombre de un oficial de alto rango de la policía beliceña.

Tales acusaciones fueron corroboradas al cotejar el número récord de aterrizajes, y al detectar numerosos vuelos clandestinos de avionetas y aviones ocurridos en la franja fronteriza de Belice con México.

Posteriormente, durante el juicio instaurado contra “El Chapo”, por dichos de antiguos cómplices que se convirtieron en testigos colaboradores, quedaría claro que Belice es (y sigue siendo) un punto clave de distribución de cocaína de los cárteles en América del Sur con los carteles mexicanos.

Se sabe que el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel del Noreste, rivales acérrimos entre sí, son los que mantienen presencia y una lucha a muerte tanto en la frontera sur mexicana, como en la norte de Belice y los cargamentos de droga continúan llegando a México.

Entre los casos más importantes figura la localización de un avión en llamas en Little Belice. Autoridades beliceñas informaron que existe la sospecha de que descargaron al menos tres toneladas de cocaína que, presumiblemente, cruzaron hacia territorio mexicano.

Incluso la aeronave fue ubicada por radares de México, cuyas autoridades dieron aviso a sus homólogos de Belice, pero no hubo mayores detalles al respecto.

El entonces comisionado de la Policía, Chester Williams, indicó que se trató de un jet, que bajó en el distrito de Corozal, en la villa antes señalada y aportó fotografías en los que se observa que la aeronave está en llamas, en un camino rural, en el Campamento 33, en Little Belice.

El mismo comisionado, confirmó qué una pequeña avioneta Cessna irregular, intento aterrizar en su territorio con una carga ilícita de drogas procedentes de Venezuela, pero por la vigilancia no pudo aterrizar.

Sin embargo, posteriormente fuentes mexicanas confirmaron qué la aeronave si logro el aterrizaje en la zona de San Narciso, Distrito de Corozal, en la zona mecanizada de Los Menonitas, muy cerca con la frontera con México.

En el lugar se localizaron bidones vacíos con olor a turbosina y huellas visibles de al menos dos vehículos automotores, dónde se presume se pudo trasladar poco más de media tonelada de droga.

No obstante, señaló que las acciones de la avioneta fueron inusuales ya que regularmente las aeronaves qué llegan a Belice, son más grandes y transportan hasta 2 toneladas de drogas y una vez que descargan la droga son abandonadas o incendiadas.

ZONA LIBRE

Al margen de ello, la Zona Libre de Corozal, en la frontera con México, que era otro de los principales atractivos para ir a abastecerse de diversa mercancía a la que acudían compradores de diversos países, hoy está casi olvidada, con galerones vacíos, abandonado; dejó de ser uno de los principales mercados de “fayuca” para convertirse en gigantescas bodegas de almacenamiento de droga.

La facilidad con que se da paso a mercancía de todo tipo, es aprovechada por los capos de la droga no nada más para el trasiego de ésta, sino para el lavado de dinero sucio, dadas la laxitud en asuntos financieros.

Paradójicamente si hay un sitio, done aún se pueden encontrar aparatos electrónicos, ropa, perfumería y demás tipo de mercancía de contrabando, pero es el único y su nombre es: ¡Plaza Tepito!

En otros tiempos eran precisamente los tepiteños los que iban “al viaje” a la Zona Libre, donde podían surtirse de toda clase de mercancía y ahora son los beliceños y alguno que otro despistado turista, los que tienen que ir a la Plaza Tepito, de Belice, para encontrar lo que buscan.

El narcotráfico ha suplido la mayoría de las actividades en ese país, para dar paso a la hegemonía de los cárteles mexicanos que son los que mandan en Belice.

Belice, controlado en un 70 por ciento por el crimen, sigue siendo uno de los pasos preferidos por los narcos, por su geografía y la nula efectividad de sus autoridades para combatir el tráfico de cientos de toneladas de droga.

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