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COLUMNA DEL GRUPO SOL

En solo 18 meses el presidente López logró lo que ninguno de sus antecesores pudo alcanzar en todos los sexenios anteriores: sepultar a México como destino de inversiones extranjeras, situación que más temprano que tarde afectará a los más pobres, ese sector al que tanto dice defender el tabasqueño.

Los datos duros de la masacre lopezobradorista a la economía del país son para ponerse a temblar y no se trata de un punto de vista de conservadores, ni de fifís, ni “adversarios” de la 4T.

La economía caerá este año entre un nueve y 10 por ciento (en abril pasado el PIB cayó 19 por ciento, según Hacienda); más de 10 millones de mexicanos se sumarán a las filas de la pobreza (Coneval); 12 millones de personas dejaron de percibir ingresos entre abril y mayo (Inegi); un millón de trabajadores formales dados de baja y el cierre de 10 mil empresas formales (IMSS); y para rematar, México es el país latinoamericano en donde más se incrementará la pobreza (Cepal).

A esa larga lista hay que sumarle el Índice de Confianza de Inversión Extranjera Directa (IED) Kearney 2020, que reveló que México ya NO se encuentra en los 25 destinos prioritarios a nivel mundial.

Cientos de miles de empleos, miles de millones de dólares, se esfumaron por la ideología sesentera y retrógrada de un mandatario que cada día se asemeja más al finado Hugo Chávez y su heredero, el dictador de Venezuela, Nicolás Maduro.

Es voluminoso el paquete de los costosos atropellos del Presidente a la economía del país como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, de la planta Constellation Brands en Baja California, y muchos proyectos más que por simple capricho y con la cantaleta del combate a la corrupción, se han ido al cesto de la basura con la consecuente puñalada trapera a cientos de inversionistas (nacionales y extranjeros) que confiaron sus capitales en México.
Cierta ocasión, un jefe del Ejecutivo federal dijo, palabras más palabras menos: “No creo que haya un Presidente que se despierte por la mañana y solo piense cómo fregar al país”.

La austeridad republicana del presidente López es selectiva al no afectar ninguno de sus proyectos emblemáticos, pero si darle en la madre a muchas obras de infraestructura de gran beneficio para el país; bueno, si a las dependencias de gobierno les quitó el 75 por ciento de su presupuesto para gastos de servicios generales, suministros y materiales, qué se puede esperar el resto del país.

Las medidas de austeridad deben ser el resultado de un estudio que indique en qué áreas puede ahorrarse, para ganar en eficacia y brindar mejores servicios al ciudadano, pero eso no le importa al Presidente.

Hoy tristemente vemos que en Palacio Nacional tenemos un inquilino que todas las mañanas al mirarse al espejo se pregunta: ¿Qué haré hoy para darle en la madre al país?

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