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CORONAVIRUS Y PÁNICO

Doctor Kiskesabe/ La Opinión de México

COLUMNA MÉDICA

Los familiares de una paciente de 60 años de edad llegaron a mi consultorio para opinión de su caso: con fiebre de 38 grados, tos de unos 3 días de evolución y una radiografía de tórax. Este era el motivo del terror con el que se presentaron: les dijeron que tenía enfisema  y neumonía y que podía ser el actual COVID. Hice que me comunicaran por teléfono con la paciente para cumplir con la SANA DISTANCIA. Eran de una comunidad serrana. Por interrogatorio y sobre todo al escucharla hablar y respirar, indirectamente no medio la impresión de una insuficiencia respiratoria grave como se teme en caso de tratarse de una neumonía en la que los síntomas son muy aparatosos, independientemente de la causa.

Revisando la radiografía del tórax, efectivamente, había una imagen sugestiva, no muy precisa, de una condensación pulmonar neumónica en la base del hemitórax izquierdo. Observé además que en esa radiografía, las imágenes de las vértebras de la columna eran nítidas y precisas y que el área de los pulmones era muy oscura, siendo la oscuridad radiológica propia del aire en los pulmones, aire que aumenta en el enfisema. Estos datos de las vertebras nítidas sugería que la placa estaba técnicamente mal tomada para evaluar los pulmones y que correspondía a una radiografía para evaluar tórax óseo. Esta diferenciación depende del voltaje y amperaje diferente que se utiliza para tomar una radiografía de pulmones y una radiografía para los huesos del tórax. Si solicitamos una radiografía para pulmones y en esa radiografía se observan con precisión las vértebras torácicas, decimos que esa placa esta PENETRADA porque en una radiografía para pulmones las vértebras NO son visibles con claridad. Y en una placa penetrada se distorsionan las imágenes reales de bronquios, pulmones y corazón. Esto fue lo que expliqué a los familiares aclarando que no había ni enfisema ni  neumonía.

Lo que radiológicamente parecía neumonía en realidad se trataba de imágenes superpuestas de bronquios cartilaginosos y la glándula mamaria con mayor densidad que el aire aunque con menor densidad que la de los huesos.

Con lo anterior, recomendé a la paciente QUEDATE EN CASA, con las siguientes indicaciones:

Medir temperatura cada 6 horas y tomar paracetamol si el termómetro rebasa 37.5.

Ingerir abundantes líquidos.

Usar cubre bocas y aislamiento relativo entre los familiares

Vigilar la respiración y contar las respiraciones en un minuto completo 3 o 4 veces al día y avisar si las respiraciones rebasan y se mantienen elevadas por encima de 30 respiraciones por minuto. Estos serian los datos esenciales para evaluar la gravedad de la insuficiencia respiratoria.

Prescribí antibiótico. Si bien los antibióticos no funcionan ante los virus, no está demás su prescripción por si se trata de bacterias como causa de la infección respiratoria. Puesto que por laboratorio no es posible demostrar con rapidez y certeza si la causa es  un virus, una bacteria o ambos y evaluando que la prescripción de antibiótico es poco probable que provoque más daños, se recurre a la experiencia clínica en la toma de decisiones que se pueden modificar con sentido común, de los rígidos protocolos “científicos puros”.

Finalmente, durante 5 días me informaron diariamente su evolución por vía telefónica, lapso durante el cual no hubo empeoramiento sino remisión completa de todos los síntomas.

Si fue COVID u otro  virus, o si fue bacteria o ambos, objetivamente no tiene sentido alguno confirmarlos. Se cumplió con las recomendaciones razonables para esta contingencia y el problema de la paciente se resolvió satisfactoriamente.

Se deduce, que también los médicos nos “apanicamos” y seguramente esto ocasiona que ante las circunstancias actuales, cualquier caso con fiebre y tos ya se tenga en mente que se trata de COVID, reacción que conlleva mayor ansiedad en pacientes, familiares y médicos y toda la sociedad, tomando en cuenta las irracionales agresiones que han sufrido los trabajadores de la salud: médicos y paramédicos.

Y así como esta contingencia del COVID tiene un origen multifactorial, con causas biológicas y sociales, también los efectos son muy variados en lo biológico y en lo social. Agredir a los trabajadores de la salud con la responsabilidad profesional de atender a enfermos con COVID, es por demás reprobable, pues no necesariamente los convierte en enfermos contagiados y transmisores obligados de esta virosis.

Ni la influenza, ni la tuberculosis ni cualquier otra infección como ahora el COVID, aunque se consideren enfermedades infectocontagiosas, significa que todas las personas que adquieren esta enfermedad forzosamente estuvieron en contacto con un enfermo activo en periodo de contagiosidad. Ya comentamos en la primera entrega de esta zaga, VIEJOS LOS CORONAVIRUS, que nosotros podemos portar. Por tiempo variable o como flora normal en diversas regiones externas e internas, entre ellos las vías respiratorias altas donde hay estafilococos, estreptococos, diversos virus y entre ellos los coronavirus, viviendo en armonía con nosotros y el ambiente y que en ciertas circunstancias como los cambios climáticos, esas bacterias, virus u hongos pueden invadirnos rebasando nuestras barreras de defensa y lesionar diversos órganos internos o externos, SIN que se haya estado a menos de dos metros de algún enfermo. Es decir, son brotes naturales condicionados por la evolución de las especies, rememorando a Darwin.

Pensar que la invasión de este virus COVID, empezó en China y se expandió por todo el mundo es ignorar y desconocer las maravillas de la naturaleza en constante cambio. Los brotes en diferentes países pueden darse, cierto, por alguien que contagia a un grupo y este grupo contagia exponencialmente a más personas. Pero los brotes surgen en diferentes países a miles de kilómetros de China por donde no ha pasado ningún chino y en un mismo país, también surgen brotes donde no se ha presentado ningún enfermo.

Así como los cambios climáticos provocaron en México una sequía de más de un año de evolución, hecho nunca visto en los 75 años previos, mientras que al mismo tiempo vemos nevar donde nunca ha caído nieve, o tornados como los recientes en los estados norteños, inundaciones donde han pasado varios años sin lluvia, así el cambio climático puede provocar cambios bruscos en los seres biológicos microscópicos o macroscópicos.

Y reitero: la contingencia actual es multifactorial: biológico, virus y humanos y el  contexto social, climático, geográfico y otras variables.

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