DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / LA OPINIÓN DE MÉXICO

*La Democracia Sorda

*Saludo no hace Aire

Culmina un mes trágico para México en todos los renglones. Nos acercamos a la cifra fatal de noventa mil decesos por Covid-19, la economía no fluye porque, de nuevo, el semáforo rojo se apodera de nuestras vidas, la aprehensión del general Salvador Cienfuegos Zepeda, ex secretario de la Defensa Nacional, pone en entredicho a la estructura militar y es motivo de severas presiones de los mandos militares al titular del Ejecutivo quien no tiene otra opción que responder, tímidamente para no molestar el gruñón anaranjado en la hora final de su campaña reeleccionista –muy posiblemente con poco éxito-, asegurando que se investigarán las acciones de la DEA en México; y, finalmente, sus colaboradores son “maltratados” en el seno de sendas Cámaras del Legislativo y el poder judicial es muy duramente cuestionado por sus actitudes lacayunas.

Con perspectiva así cualquiera podría afirmas que el estado de Derecho es una quimera en México. Además, el burdo manejo de las declaraciones de Emilio Lozoya Austin, en supuesta prisión domiciliaria, no son siquiera tomadas en cuenta si bien, como cereza del pastel, el personaje, tan buscada durante veinte meses, solo pasó por las aduanas policiacas y no durmió una sola noche tras las rejas. Una aberración que nos marca cuál habría sido el destino del general Cienfuegos de haber sido aprehendido en México pero, claro, en nuestro país falta mucho para que un general de cuatro estrellas o un cardenal o un obispo –por ejemplo el ex de Ecatapec, Onésimo Cepeda, sean vistos purgando condenas. Una utopía que va a la par con la encuesta sobre llevar a proceso a los ex presidentes, a todos, sin ser vistos individualmente.

En fin, un desastre que acentuó el fin de los fideicomisos –excepto los de la Defensa Nacional y la Dirección de Aduanas ahora dependiente de la Secretaría de Marina con su titular, José Rafael Ojeda Durán, enfermo de Sars-Cov-2 al igual que un buen número de políticos, Mario Delgado, Yeidckol Polevnsky, Gibrán Ramírez, Gerardo Fernández Moreno y Ricardo Anaya Cortés, entre otros, además de varios gobernadores y funcionarios. Pero eso no fue óbice para que AMLO insistiera en no ponerse el cubrebocas acaso seguro de que su amigo Donald Trump, quien sufrió una nueva versión de Covid, la fast track, le dé acceso a los medicamentos de elite propios para millonarios y amigos satelitales. Los vientos de octubre fueron superados por los de Palacio Nacional.

Sin duda, el problema mayor que ha debido confrontar Andrés Manuel a lo largo de su ya largo período –a algunos ya nos parece interminable ante a incógnita sobre sus verdaderas intenciones-, es la fricción entre la soldadesca, la de aquí y la de allá, aun cuando se señale en USA que se ha demostrado hasta dónde fue capaz de llegar el gobierno corrupto anterior; esto es como si se hubiera diseminado la inmoralidad pública ante las miradas paralizadas de los mexicanos. Porque, eso sí, el pasado es la tablita de salvación para el maestro de orquesta en las mañaneras que no estrenan ninguna pieza notable y repiten las notas del cinismo exacerbad como los cánticos infantiles sobre los pollitos: pío, pío, pío.

Adiós octubre; será imposible olvidarte.

La Anécdota

Cuando comenzaba la pandemia y se iniciaba, uno por uno, el recuento de decesos, AMLO de gira por la sierra de Sinaloa no tuvo problema alguno donde pululan los sicarios de uno de los mayores cárteles de la República. Era el 29 de marzo de este año y al paso –dicen- le salió una camioneta

donde viajaba la nonagenaria madre de “El Chapo” Guzmán, María Consuelo Loera Pérez.

Nadie explicó el contexto pero fue muy significativo el hecho. Una vergüenza para muchos y un acto de “buen samaritano” para otros. El caso es que, después de la vergonzosa actuación policíaca en Culiacán tras la aprehensión y la suelta de Ovidio Guzmán, nieto de Consuelo la saludadora sonriente, nadie puede creerse que el presidente es ajeno al cártel de Sinaloa o, cuando menos, que siente simpatía o, peor aún, temor ante él. ¿O habrá una alianza escondida del mandatario con los sicarios?

Lo descubriremos en el siguiente capítulo de “El Virus de la Corona”.

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