DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / LA OPINIÓN DE MÉXICO

*Traspiés Evitables

*Gritos y Reacciones

El presidente de la República no es TODO el gobierno, ni siquiera el único responsable del Ejecutivo federal cuyas facultades están señaladas en el Capítulo III de la Carta Magna y cernido a éstas sin derivaciones ni declinaciones de ningún género; a diferencia de los ciudadanos, que cuentan con libertad para actuar salvo en aquello que les está señalado en la ley, el primer mandatario y en general cualquier funcionario deben atenerse sólo a cumplir aquello que es está específicamente concedido en el documento toral de nuestra vida republicana.

En este sentido, claro, el presidente no puede “brincarse” sus límites para replicar las críticas bajo el sustento de ejercer su propia libertad de expresión pues no tiene base constitucional para ello como consecuencia de su elevada función dirigida a los mexicanos, sin excepción ni estigmatizaciones; como mexicano sí cuenta con esta posibilidad sólo si deja la jerarquía que ostenta y se suma a la soberanía popular, superior a cualquiera de los poderes de la Unión. Sé que esta controversia molestará profundamente a

los incondicionales del icono de la izquierda pero jurídicamente es irrefutable.

De la misma manera, el presidente López Obrador, dos años y diez días después de ser proclamado como tal con el rito de la protesta y la colocación de la banda tricolor –ya con los colores republicanos y no modificados por la derecha insolente con inclusión del priismo-, al ser notificado sobre la validación del fraude electoral en Puebla, en los comicios para gobernador porque en los demás arrasó MORENA y no el PAN en decadencia, se limitó a decir que acataba la decisión aunque la consideraba “equivocada y antidemocrática”. Esto no es aceptable, bajo ningún razonamiento, porque atentar contra la democracia y equivocarse bajo influencia de terceros, en este caso el extinto senador Rafael Moreno Valle cuya consorte heredaría el cargo de gobernador como cajita de resonancias, es sencillamente atentar contra los sustentos básicos de la República y, más aún, de la llamada “cuarta transformación”. Ya ven ustedes cómo terminaron las coas: con cuatro ataúdes y una parodia bajo el cielo de la infame impunidad.

En el caso anterior debe actuarse con rigor, por iniciativa presidencial o la de algún legislador, para modificarse el marco jurídico, llamar a cuenta a los

magistrados contaminados, estructurar y aprobar a un nuevo modelo de control y finiquitar la condición de “inatacables” para las actuaciones del mismo. Tal sería el procedimiento, a menos de que debajo de la mesa haya acuerdos inconfesables.

Por último, me indispone que quien declaró “inimaginable” el grado de corrupción registrado en Baja California, opte por solicitar a su gobernador sumarse al cambio y no iniciar el procedimiento para la declaración de desaparición de poderes de la entidad cumpliendo así la perspectiva analizada ya sobre la asfixiante inmoralidad de las fuentes del poder estatal.

Hay muchos otros asuntos –Oaxaca, Veracruz, Nayarit-, de los que habremos de hablar aunque me tilden de impaciente o incluso de estar supeditado a otras fuentes. Cuando las riendas del poder están en manos del legítimo presidente, sus aduladores son los oficialistas y chayoteros, según el argot, y no cuantos hacemos labor de contrapeso.

La Anécdota

Me confunde y se los digo que, en contra del apoyo de sus cuadros al presidente –me consta-, las multitudes reunidas en estadios y en plazas de toros, silben a rabiar cuando se vitorea, de manera aislada, a Andrés Manuel López Obrador. Pero así es.

No lo entiendo a no ser que la masa heterogénea responda con abucheos al cansancio político y proselitista en pleno festín de vendettas. Es un hecho, sin embargo, que el fenómeno AMLO –nunca le he llamado así como consta a mis lectores-, parezca decrecer por su exceso de protagonismo y/o por las contradicciones inexplicables en varios asuntos que él PRIorizó solicitando el aval público sobre decisiones ya tomadas de antemano.

No olvide que el pueblo mexicano es tan voluble como sus incendiarios mensajes de tres campañas. Ya no es posible creer en la doctrina de la “Cuarta Transformación”. Resultó como los cohetones de los días festivos: truenan con fuerza y luego caen al vacío.

Más leído
HOY ESCRIBE
Relacionados