DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / LA OPINIÓN DE MÉXICO

*Un Largo Invierno

*Impunidad Grosera

Nos espera un largo invierno. Frío, muy frío, en el norte del país allá donde la impunidad ha echado raíces u no parece dispuesta a ceder un ánimo. Observen a los gobernadores y algunos de los ex de las entidades fronterizas; basta con eso para llenarnos de horror: los caciques Moreira; Kiko Vega, entenado de Jorge Hank; Claudia Pavlovich Arellana, discípula de Beltrones; César Duarte Jiménez, malabarista de conexiones non santas y al amparo de la justicia estadounidense, y, finalmente Jaime Hernández Calderón, “El Bronco”, a quien nadie quiere darle tiempo porque no ha cumplido sus promesas ya rebasadas, entre ellas las de formar auditorías y juicios a su antecesor Rodrigo Medina de la Cruz. De todos colores, menos amarillo, en una gama espectacular de corrupción, miseria humana y fantoches.

Sólo en el sur podrá sentirse un poco más de calor, gracias a que los grandes “capos”, los de a “deveras”, han fincado por allí para proteger a sus familias que han invadido ciudades como Mérida, Cancún e incluso Villahermosa y Campeche. Por eso mantienen tranquilas, en cierto grado, las urbes en donde se han acomodado con el beneplácito de los gobernadores, bien maiceados, para derramar parte del dinero sucio obtenido mientras, claro, se persigue a los periodistas, desde Veracruz hasta Quintana Roo, conjuntando a mercenarios de la pluma como principales infanterías para defender latrocinios, componendas, persecuciones a los disconformes y, sobre todo, asesinatos que jamás se esclarecen aunque se prometa, como siempre, llegar al fondo de las pesquisas. Jamás ocurre así porque, sencillamente, los mismos investigadores se ahorcarían a sí mismos. Vaya cochinero.

Me dicen algunos amables lectores que en estos tiempos es mejor cantarle a la felicidad con los villancicos de temporada en voces tan claras como las de Plácido Domingo e incluso Pavarotti quien es más escuchado ahora que antes de su muerte. Y así los hogares se llenan del ámbito obligado, tantas veces, por el consumismo más feroz de cada año con el pretexto de asegurar reuniones familiares en las que las ausencias calan y las presencias solo dejan de ser egoístas durante el inefable intercambio de regalos envueltos en papel que delata los sitios de compras; este año, aunque se trate de calcetines, el más valorado es el del “palacio de los palacios” del impresentable Alberto Baillères González, premiado con la medalla “Belisario Domínguez” hace años como poniendo un final tenebroso al concepto en pro de la libertad de expresión.

Nos toman estas fiestas un tanto desprevenidos. Fíjense: se anuncia que el salario mínimo aumentará de inmediato, al constatarse lo sustancial: la pérdida del poder adquisitivo. Pero, en cambio, los aguinaldos de la burocracia llegaron “mochados” en injusta y deplorable decisión del fatuo y falaz “gobierno de los pobres” bajo el concepto de que, con la pandemia, deben ahorrarse recursos… luego de dilapidar el Fondo de Contingencia para los Ingresos Presupuestarios -297 mil millones de pesos al inicio de diciembre de 2018-, desaparecer fideicomisos y anular ayudas sociales hasta en lo referente a los niños con cáncer. Todo el dinero en una sola mano, la de AMLO, el único del que NADIE debe sospechar porque, sencillamente, es “el presidente de todos los mexicanos”. Y los ilusos se lo creen.

La Anécdota

¡Agárrenlos ya! Sólo en Oaxaca hay tres ex gobernadores que merecerían estar tras las rejas: Ulises Ruiz Ortiz, quien se despachó con la mayor represión imaginable pidiéndole a sus colegas priistas apoyo para proceder; el mencionado Pepe Murat, sobre quien recaen sospechas sobre su participación en la conjura contra Colosio; y Diódoro Carrasco Altamirano, quien saltó al PAN para protegerse allí de las múltiples denuncias en su contra. Agregamos a un cuarto, el actual, Alejandrito Murat, hijo de Pepe y completamente rebasado por el equipo de su padre.

¡Agárrenlos ya! Junto a los predadores de otros estados, desde el nefasto “góber precioso” de Puebla, Mario Marín Torres, siguiendo por el malhadado chiapaneco Pablo Salazar para terminar con el morolense Graco Ramírez. Un trío de corrupción nefasto solo para abrir boca. No son todos, claro, sino una breve exposición de algunos de los peores que ya no están en ejercicio y pretenden seguir con las complacencias de la asquerosa impunidad. ¡NO!

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