DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / LA OPINIÓN DE MÉXICO

*Leña a la Hoguera

*Para “Defenderse”

Estos políticos nuestros, quienes confunden el mandato con la capacidad de ordenar y no de someterse a la voluntad general –cómo exige la Constitución-, parecen empeñados en no darnos respiro a los mexicanos, ni siquiera durante estos tiempos de recogimiento y supuestamente de alegría aunque ésta será muy difícil de alcanzar a plenitud con el drama de México consumiéndonos por dentro. Cada que lo intento me viene a la mente cuanto sé sobre quienes, usufructuarios del poder, se han aprovechado de sus cercanías y afectos con el titular del Ejecutivo para, a su sombra, lucrar descaradamente. Ni remotamente pensemos que Luis Videgaray Caso fue una excepción; es, sí, una vitrina a través de la cual se pudo contemplar el vacío de poder y el tanque lleno de la corrupción. Y nadie lo toca.

A lo largo de tantos años como periodista creí haberlo visto todo pero, como se habrán dado cuenta, me equivoqué en redondo. No podría creer, hace unos años, que la maldición de la amoralidad pública sería mayor al paso de los sexenios y sobre todo luego del retorno cuestionable del PRI a la Presidencia en 2012 contra la voluntad del 62 por ciento de los votantes y uno de cada cuatro empadronados considerando al porcentaje de abstencionistas. Ya entonces se presentaba compleja la gestión, sobre todo para quienes aseguraron que el peñismo mediático despegaría como un cohete hacia Marte y dejaría a sus adversarios tan atrás que nadie podría cuestionar su legitimidad. Y en 2018 nos cayó López Obrador presumiendo de haber obtenido 30 millones de sufragios, sí, pero apenas la tercera parte de los inscritos en el Padrón. ¿Mayoría?

El desprestigio galopante del régimen –sólo cuatro de cada diez mexicanos adultos lo aprueba y no digamos los jóvenes quienes se sienten afrentados con razón-, y la imposibilidad de una vuelta a la hoja, asfixia cualquier intento de reconciliación entre los gobernados y la clase política en general, porque aunque con AMLO se han ahondado los vicios es justo subrayar las nefastas actuaciones de sus predecesores priistas y panistas amén de la pulverización de las izquierdas cuyo peor momento se dio al postular, sostener y defender a la siniestra pareja Abarca-Pineda en Iguala. No olvidemos, para ser objetivos, la procedencia política de tales sujetos como tampoco la cercanía y el afecto, además del impulso, del señor Peña a la precandidatura priista –luego convertida en perredista-, del nefasto Ángel Aguirre Rivero, su entrañable “compadre” todavía bajo la impunidad de una 4T, más tramposa que transformadora.

Y el panismo se ubica en el origen como debajo del árbol de las tentaciones en el Paraíso de los primeros seres humanos según la Biblia: fueron sus candidatos, al llegar a la Presidencia, quienes por desconocimiento, primero, y complicidad, después, ejercieron el poder para asegurar las rutas de las mafias, pretendiendo unirlas bajo solo un mando –el del célebre “Chapo” Guzmán-, y después iniciar una guerra entre mafias con consecuencias funestas, devastadoras para el país y ninguna utilidad: el mercado de las drogas en los Estados Unidos no se ha visto afectado y siguen llegando las mercancías del vicio sin ninguna dificultad a través de las autopistas estadounidenses.

En la actualidad, ni un solo gramo de estupefacientes ha dejado de “exportarse” aunque, cuando se mira atrás, se visualizan ¡trescientos mil cadáveres! Ni en Rwuanda se llegó a tanto en tan poco tiempo.

La Anécdota

El neoleonés Alfonso Martínez Domínguez –a quien se culpó por haber ordenado adiestrar al criminal grupo paramilitar llamado “Los Halcones” en junio de 1971 cuando el verdadero responsable fue siempre Luis Echeverría-, solía repetir un tanto ufano:

–En esto de la política se debe ser honrado; pero no tanto como para no tener emolumentos como pagar una página en los diarios cuando nos acusen por ladrones.

Y con esta idea se convirtió en uno de los grandes politólogos del PRI al que presidió nacionalmente durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. ¿Cómo pudimos aguantar tanto… y lo seguimos haciendo?

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