DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA/LA OPINIÓN DE MÉXICO

*Olvidamos al Sur *Nueva Provocación Sí, desde hace tiempo lo contemplo. El neoliberal y mafioso Carlos Salinas de Gortari, como su antecesor Miguel de la Madrid, prefirieron mirar al norte a pesar de que, en principio, economistas al fin, observaban las tremendas asimetrías, en todos los renglones, respecto a las potencias vecinas, Estados Unidos y más allá Canadá. Sendos países, fuertes en cuanto a su capacidad de producir y conducir los cambios financieros –también los climáticos- en el mundo entero, requerían un “patio trasero”, como le llamó Adolfo Aguilar Zínser durante su corta permanencia en la ONU, para desfogar en el sobrantes, residuos tóxicos –como sucede en Chihuahua-, y toneladas de ropa. ¿Sabían ustedes que el contrabando de ropa, en el cual se involucró con éxito extraordinario el siniestro comandante Guillermo González Calderoni –asesinado al fin el 5 de febrero de 2003-, es un negocio acaso más redondo que el tráfico de estupefacientes o, cuando menos, le sigue el paso? González Calderoni, el referente, se llevó a la tumba los secretos sobre los enlaces criminales de los cárteles y, sobre todo, la historia de los verdaderos asesinos de Kennedy, en noviembre de 1963, quienes fueron guarecidos en el rancho de Juan Nepomuceno Guerra –quien llamaba sobrinos al propio González Calderoni y al capo Juan García Ábrego-, en Brownsville donde recalaron después de su fuga intrépida desde Dallas aquel oscuro 22 de noviembre. El antiguo tratado comercial con el norte –llamado NAFTA por los estadounidenses- se firmó a instancias de Salinas luego de corroborar, en 1989, la imposibilidad de ampliar coberturas, con los remanentes multimillonarios derivados de las ventas de crudo en alza, hacia el mercado europeo porque éste requería asimilar, primero, a la retrasada Alemania del Este, abandonada por la Unión Soviética, y colocarla a la par con el resto del mundo occidental, tarea que parecía de titanes y fue uno de los grandes éxitos del mundo moderno con la culminación, a la par, de la Unión Europea. Sólo que en 1989 y 1990 no había sitio para México por esos lares y no hubo más remedio que pensar, así lo dijo el entonces mandatario mexicano, en un Mercomún si bien, casi de inmediato, sosegó sus propias inclinaciones y optó por un Tratado más mesurado si bien, insisto, para las potencias del norte fue un mero acuerdo –entre individuos- a diferencia del primero que subraya una condición superior, entre naciones. Por eso es más frágil el primero y puede fracturarse con mayor facilidad. Con Biden ya en la Casa Blanca es menester evitar la asfixia desde el norte con nuevas tendencias; de otra manera caeríamos en la bancarrota. Mientras crecían entonces las presiones de los acreedores internacionales, México se encaminaba al absurdo de pretender ir a la par con Estados Unidos y Canadá cuando era imposible equiparar nuestra economía y nuestra capacidad mercantil con las de las potencias. Y salinas lo sabía con suficiencia; de allí su resistencia inicial que rompió al desesperarse cuando encontró Salinas las puertas de Europa cerradas. Tenía, sin embargo, otras opciones que el mandatario no vio o no quiso ver en plena carrera hacia la sumisión.       La Anécdota Primero, fue Miguel de la Madrid, el oscuro presidente con aviesos propósitos –con él inició la desnacionalización-, quien se negó a formar un club de deudores como lo sugirió el recordado presidente de Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín, y hacer frente con éste al agio desmedido de los acreedores norteamericanos, feroces en cuanto a la imposición de tasas asfixiantes que condenaron a Latinoamérica a la condición de deudores permanentes. Pero, sin duda, Salinas fue a más al sumarse a la idea de Georg Bush padre para formalizar el famoso TLCAN que fue motivo de una de las controversias más profundas y desiguales con el abyecto señor Trump quien ya ha optado por alejarse de sí mismo, cuando procedió de manera unilateral y sin la menor consideración hacia sus socios comerciales, sin estimar que los beneficios mayores del mismo fueron para su país y no al revés. Insisto: Carlos Salinas tenía una alternativa que ni siquiera consideró en esa hora decisiva; pudo haber oteado hacia el sur del continente. No pocos estadistas lo explicaban como la urgencia de hermanar a quienes ya eran hermanos por la sangre y la geografía, un argumento romántico si cabe, y otros, más profundos, explicaban que la potencialidad de la región podría convertir al bloque latinoamericano en inexpugnable porque es aquí donde radica la riqueza del subsuelo –tan ambicionada por los bárbaros hispanos y los posteriores remedos de conquistadores-, y la fortaleza de sus mujeres y hombres incapaces de bajar la cabeza. Así lo exclamó el histórico chileno que inflamó mi espíritu juvenil, Salvador Allende: “El cóndor de los Andes y el águila azteca prosiguen su vuelo inmortal proclamando lo fecundo de sus razas”. Una alegoría triunfal acaso inspirada en la leyenda universitaria, en la voz del maestro de América, nuestro José Vasconcelos, uno de los dos mexicanos cuyos nombres son honrados en las calles de Madrid –el otro es Lázaro Cárdenas-: “Por mi raza hablará el espíritu”. ¿Estará enterado de todo ello AMLO, el sumiso amigo de Donald, el pato?
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