DESAFÍO

*Mentiras Impías

*Colosio y Güicho

Rafael Loret de Mola/La Opinión de México

Nos mienten (casi) siempre.

Las mentiras comienzan en este punto, en el que la buena parte de nuestros compatriotas asume que la ilegitimidad revoloteaba sobre Los Pinos desde hace ya un buen tiempo, no sólo por los escrutinios deformados sino, sobre todo, por las distintas traiciones desde el poder a un colectivo deseoso de modificar la estructura gobernante, alejándola del presidencialismo autoritario y privilegiando un parlamentarismo que no sea sesgado, esto es por encima de usos sectarios y facciosos propios de un estado fascista.

Una cuestión es muy clara: los legisladores, a golpes de consignas superiores, han perdido su esencia, esto es la representatividad general en donde se recoge la esencia del mandato constitucional sobre cuanto debe entenderse por “soberanía popular”. Ya hasta se ríen los “morenos” cuando mencionamos este principio rector.

Otra de las aristas que atenacean la conciencia colectiva es, sin duda, la incapacidad para manifestar la protesta por la ineficacia y la colusión de las fuentes del poder real. Si se grita, nadie escucha; si se sale a la calle, los grupúsculos anarquistas –financiados por algunos de los dirigentes radicales- convierten razones en estigmas y la rebeldía cívica en vandalismo; y si, para defender cuanto es entrañable –familia, tierras, patria-, salen a relucir las armas parea contrarrestar a los mafiosos en complicidad con mandos del ejército y la armada, entonces se señala a la subversión como sustento y se arrolla cualquier intento de liderazgo social. Y ahora con los claxonazos se cae en la falacia de que si se bajan de los automóviles los manifestantes no llegarían a los miles de acarreados por AMLO.

En Michoacán, por ejemplo, el gobierno desperdició una oportunidad para repeler a los capos y derivados, uniendo esfuerzos con los civiles cansados de atropellos, y luego se volteó hacia éstos, cooptó a sus cabecillas y finalmente aprehendió a quienes no se plegaron a la discrecional orden de deponer las armas mientras las mafias seguían obteniendo todo tipo de alientos bélicos en algunos de los mil 500 establecimientos proveedores de la frontera con los Estados Unidos. El círculo vicioso apenas esboza la dimensión del drama. Cualquiera hubiese supuesto que la llegada d un “comisionado”, una suerte de virrey o encomendero, a la conflictiva región desde donde parte un buen número de los cargamentos de la muerte, atracados en el puerto Lázaro Cárdenas -¡qué infamante para el ilustre general!-, y con carreteras expeditas sobre puentes legados por la administración calderonista para favorecer no a sus coterráneos sino a quienes tienen el dominio territorial real y requieren conducirse, cada vez, con mayor rapidez.

Y, por supuesto se nos mintió con descaro durante el peñismo miserable, sobre las formas a seguir para la aprobación de las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones; también en cuanto a la política electoral cuyos avances son tan nimios que sólo favorecen, precisamente, al techo de los funcionarios, allí en donde todo es solaz e impunidad que va sumando años como lastres irreductibles. Lean, si pueden, las listas de diputados y senadores –específicamente los designados como plurinominales, no ungidos por el sufragio universal directo sino por el aval de los jefes partidistas de sus respectivas “tribus”-, para encontrar los mismos nombres y apellidos, las mismas dinastías enfermas de poder y una acusada tendencia por el nepotismo.

Sucede lo mismo en el PAN, en donde el otrora lacayo de la “maestra” Elba Esther –encarcelada, liberada y ahora en pie de guerra de nuevo, al amparo del presidente-, el funesto veracruzano Miguel Ángel Yunes Linares, consiguió hacer de su heredero y vástago un legislador de silente paso y mediocre hacer, luego candidato y a dos más, Miguel Ángel y Fernando sendos alcaldes de Boca del Río y Veracruz; y ya me entero que el hijo de Emilio Gamboa, uno de los mejores clientes del pederasta de Cancún –me refiero al padre, claro-, ya está listo para hacer una carrera relámpago: primero, una diputación y después lo que venga si el PRI se asoma desde su sepultura… como en el festín fúnebre de Juan Tenorio.

La Anécdota

Entre las cartas que dejó Luis Donaldo Colosio a su padre, Don Luis, sobresale una, fechada en junio de 1974 cuando el primero cursaba estudios en Pittsburg, en la que menciona al entonces presidente en referencia a uno de los periplos de éste por Sudamérica:

“¿En qué se parece Perú a México? En que a Perú le dejaron las ruinas de Machu Picchu y a México lo va a dejar en la ruina este pinche Huicho” (por Luis Echeverría).

No olvidemos que el emisor de la epístola, lo mismo que el destinatario, se llamaban Luis también. Pero no supimos nunca, por el magnicidio que modificó nuestro perfil histórico sin autores “intelectuales” de acuerdo a la torpe versión oficial, si estos “Huichos” nos salvarían de la ruina.

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