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    DESAFÍO                         

Por Rafael Loret de Mola/La Opinión De México

*Peor que el Pasado

*¡Pobre de Mancera!

Hasta hace unos años, por lo general, estaba muy mal visto el nepotismo y era motivo de recriminación permanente por parte de una oposición farisea; salvo unas cuantas excepciones, como las de los hijos de los presidentes Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, recrudecidas con José López Portillo y sus “orgullos”, la tendencia era evitar la instalación de clanes substitutos de los viejos cacicazgos que habían puesto en jaque a la posrevolución.

Ahora las cosas han cambiado y casi se exige un linaje –el pedigrí político-, para garantizar las carreras de la infamia dentro del sector gubernamental. Y no es todo: entre la nueva aristocracia mexicana se teme cualquier modificación a las líneas trazadas de antemano bajo el argumento de que sólo un pequeño grupo de autócratas tiene capacidad para gobernar a un país tan extenso y plural como el nuestro. Falacias al calor de los peculados ilimitados y las alianzas soterradas con el crimen organizado, dominador, en buena parte, del territorio nacional.

En una de sus escasas apariciones públicas durante su deplorable gestión –una por día cuando más-, el señor Peña Nieto, cruce de dos cacicazgos mexiquenses, los de Arturo Montiel Rojas (a) “el intocable” y el de Alfredo del Mazo González cuyo heredero llegó a la gubernatura pese haber sido superado en las urnas por la hoy secretaria de Educación, Delfina Gómez, maestra de primaria para más señas, aseveró que la violencia “del pasado” estaba “reavivándose” advirtiendo a los gobernadores que suyas eran las facultades para proceder y limitar los apoyos federales de seguridad a la condición de subsidiaria y temporal. Lo contrario a lo expuesto en la ley en curso sobre el tema y a la creación de la pomposa Gendarmería Nacional, convertida en Guardia Nacional en los tiempos de cambios de denominación, brillante idea del general colombiano Óscar Naranjo Trujillo, quien presumía haber acabado con la guerrilla de su país.

No hubo un solo gobernador, ni siquiera el entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, que alzara la voz y recriminara al mandatario federal sus lineamientos falsarios y torpes. Mancera, sencillamente, asumió la presidencia del Consejo Nacional de Gobernadores (CONAGO), saludó fríamente a Peña y se dejó llevar por los halagos inducidos que tienden, por supuesto, a dividir más a la izquierda con la exaltación de un personaje que ni siquiera ha definido su militancia perredista, pero bien sabe para qué es utilizado. Y luego llegaría el icono André devastador de la propia tendencia.

Hay más violencia hoy porque la actividad de los cárteles, alentada desde los Estados Unidos para desestabilizar al país, es mayor cerca de los comicios que les permiten negociar a los villanos mejores estatus sociales libres de molestias y persecuciones.

No es casualidad lo que está pasando sino sólo el reflejo de una honda contaminación –la 4T claro- de la cual es difícil alejarse cuando se pertenece a los grupos políticos… y el nepotismo fluye a través de los juniors de Andrés Manuel.

La Anécdota

Miguel Ángel Mancera presumió de haber instalado la modernización en distintos renglones, entre ellos el de la atención al público. No es así. En la Ciudad de México, la violencia cobra mayor auge, los tiroteos se dan por cualquier punto de la inmensa urbe y los secuestros están a la orden del día aunque no se cuenten mucho por decisión de las familias de los afectados. Además, las extorsiones telefónicas, amenazas incluidas –como las recibidas por este columnista-, elevan el clima de malestar. Fue la herencia recibida por Claudia Sheinbaum que se encargó de elevar al cuadrado.

Desde entonces, si usted tiene una emergencia y tiene la ocurrencia de llamar al 060, dispuesto para atender los llamados de una ciudadanía bajo presión, puede esperar sentado. Quien toma el telefonema no es capaz siquiera de situar las coordenadas callejeras, cambia los nombres de las calles e imposibilita el arribo de las patrullas que se dan por vencidas al primer intento. Mientras, cualquiera puede ser asesinado en su domicilio tras media hora o más de abulia policíaca.

Demagogia que se reproduce… benefactora de la ola criminal.

 

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