DESAFÍO

Rafael Lored De Mola/La Opinión De México

*Ejército Concesionario

*El Diccionario de AMLO

Jorge Arganiz Díaz, nacido en la Ciudad de México hace 78 años y designado secretario de Comunicaciones y Transportes el pasado 23 de julio de 2020 –a la salida de Javier Jiménez Espiriú cuso sentido de la lealtad no fue óbice para exhibir su malestar ante la pésima gestión del gobierno federal-, ha dicho y con razón que no se explica por qué se ha relegado a los ingenieros civiles para dar paso a los militares en cada una de las obras magnas emprendidas por el zigzagueante gobierno actual. Y agregó:

–¡A ver si no me corren! (por decir esto).

No fue así; conservó su alto cargo en el rincón más oscura de la geografía del gabinete de AMLO, relegado y silenciado por instrucciones superiores pero con un sueldo mensual nada desestimable aunque cualquier profesional de su talla cuenta con mayores ingresos; pero el regusto por el poder, esto es por estar allí en las oficinas de un ministerio, es casi como un afrodisíaco.

Por supuesto, el mandatario-mandante no entendió el mensaje de Arganiz y mantuvo la tendencia a beneficiar a las

Fuerzas Armadas –con mayor poder en la vida institucional que en ninguna otra época-, con la construcción de los grandes proyectos de la llamada cuarta transformación –cada vez son más las TTTTTTTTT, esto es las cruces), y no sólo eso sino también para que puedan administrarlas a su entender asociándose con los empresarios predadores que fueron expulsados del NAICM en Texcoco. Negocios redondos para los mandos castrenses.

Ahora, sin el menor rubor, entrega otro “proyecto magno”, el ya célebre corredor transístmico, entre Salina Cruz, Oaxaca, y Coatzacoalcos, Veracruz, a la Secretaría de Marina encabezada por el Almirante Rafael Ojeda Durán quien, acaso celosillo, reclamaba para su institución beneficios similares a los recibidos por la SEDENA –Santa Lucía, Dos Bocas y Tren Maya-, en una deplorable confusión de funciones y adjudicaciones del más alto nivel.

Es evidente que las cuotas del gobierno civil hacia los tantos mandos militares han subido en cada sexenio desde que el ahora casi centenario Luis Echeverría –ya vacunado con la segunda dosis anticovid en Ciudad Universitaria, la sede por él ultrajada el Jueves de Corpus de 1971-, planeó un golpe de Estado infructuoso contra su sucesor, José López Portillo, quien debió pagar la lealtad de la soldadesca a muy

alto precio y hasta que Miguel de la Madrid, su sucesor, le permitió transar con el narcotráfico para que los generales y oficiales de alto rango se llevaran una buena tajada gracias a la simulación de las persecuciones que, por cierto, no han servido para disminuir en un solo gramo, al contrario, las “exportaciones” de narcóticos al país del norte. ¿No basta con esta evidencia para encontrar la colusión innegable?

Es de alto riesgo para el país la militarización permanente, ya no hormiga sino de leones ávidos de poder, aun cuando la figura presidencial parece más autoritaria que nunca –lo es-, pese a las tantas concesiones a las fuerzas armadas y a los empresarios jamás perseguidos, digamos, por la evidente corrupción en la cancelada edificación del aeropuerto de Texcoco con 113 mil millones de pesos tirados a la basura, nada menos, a los que deberían agregarse los costos altísimos para la construcción del “Felipe Ángeles”, 83 mil millones de pesos de los cuales la SEDENA ya consumió el 97 por cierto con un avance del treinta por ciento. Un caos.

Desde luego, solo en apariencia AMLO conserva, a costa de golpes millonarios, la lealtad de quienes tienen poder de fuego –incluyendo la Guardia Nacional privilegiada en exceso con el desplazamiento de otras instituciones como la vieja

Policía Federal de Caminos-, aunque ni percibe que tal situación pude revertírsele en un santiamén.

El país sigue sumergido bajo las botas militares y las tempestades de los grandes capos. Y AMLO calla.

La Anécdota

Tenemos ya un nuevo diccionario de la lengua “mexicana” editada por la gran industria de la manipulación llamada AMLO y su morena a punto de convertirse en prieta para pasar luego a ser, para limpiar las suciedades, la negrita cucurumbé. Ya lo adelantó el presidente.

De allí que términos como fifís, gansos y ahora “al carajo” sean las puntas de lanza del nuevo idioma; hasta en esto quiere dejar su huella el llamado mesías de Macuspana, gran señor de los tuertos y los manipulados.

Espero que pronto otros términos como pendejo, cabrón así como hdp –todavía me resisto a ciertas palabras-, pasarán a formar parte del léxico oficial, el de la ciudadanía, para calificar al cementerio de las TTTT.

 

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