DESAFÍO

 

*Represión y Barbarie
*Futuro para Jóvenes

Rafael Loret de Mola/Sol Quintana Roo

En una de mis listas de duelo voy sumando, con agobiante impotencia, a los colegas periodistas que han caído emboscados, de la manera más tremenda y sanguinaria, a lo largo de los últimos años. Solo durante el gobierno de Miguel de la Madrid los crímenes contra nuestros compañeros de gremio llegaron a ochenta y cuatro, entre los cuales el más tremendo golpe para mí: el de mi padre, Carlos Loret de Mola Mediz, bajo la autoría intelectual del miserable sujeto que ahora goza de la confianza del mandante-mandatario, Manuel Bartlett –sin apellido materno porque nunca la tuvo-, y desempeña la dirección de la Comisión Federal de Electricidad.

Durante el periodo de AMLO en la llamada “primera magistratura” han sido asesinados 34 periodistas de acuerdo a la relatoría que guardo puntual. Solo en lo que va de 2021 cinco han caído de manera brutal: Benjamín Morales Hernández, en Sonora; Gustavo Sánchez Cabrera, en Oaxaca el 17 de junio; ese mismo día, Enrique García García; Saúl Tijerina Rentería, el 22 de junio en Ciudad Acuña, Coahuila; y hace una semana, el lunes 19 de julio en Morelia, Abraham Mendoza Valdez. Treinta y cuatro en menos de tres años de un régimen que clama por “abrazos, no balazos” y ni siquiera promete indagar los hechos.

Para los periodistas a la medida de la 4T –tragedia-, es decir como Carlos Pozas “Lord Molécula” como supremo ideal de la ortodoxia informativa según lisonjea AMLO, existe un plan macabro para culpar al gobierno de los dramas de México sin observar las afrentas del pasado. Es tan grande la falacia que cae por su propio peso: la continuidad, como hilo conductor del crimen, es revelación de que nada ha cambiado pese a que se ha pretendido transformarlo todo para dejarlo igual.

Así es el Gatopardo de Andrés, al igual que en la novela del italiano Guissepe Tomasi di Lampedusa, que pretende modificar todo sin cambiar nada; una especie de seducción entre la manipulación colectiva y la impunidad reinante y con la sumisión como el gran pastor del rebaño nacional, tan vulnerable como la ignorancia de millones de mexicanos a quienes les importa un bledo cuántas muertes se suman en las filas de cuantos desafían al poder por su vocación de servir a la verdad y abrir los ojos de los tuertos y solo son merecedores de una línea más en la lista terrible de la parca asociada al mando supremo.

Y no mencionamos la barbarie que suscita, una vez más, la ineficacia extrema sobre el manejo de la nueva oleada de la pandemia a la que algunos miembros del gabinete, pretendidamente con sarcasmo, observan como un nuevo “anillo al dedo” porque con ello se distraen de los rastros sucias de las narco-elecciones de junio pasado y, de paso, logran que la ciudadanía haga caso omiso de la encuesta que nos coloca al filo de la ansiada impunidad judicial a favor de los actores del pasado. Por ello, insisto, debe acudirse a apuntar el “sí” aun cuando, desde luego, la autoridad debería actuar en materia de justicia sin esperar un recuento popular imposible de alcanzar.

Mientras siguen rozando las balas alrededor de los periodistas perseguidos. Poco sirve el famoso “mecanismo” de protección implementado por Gobernación como alerta: son más rápidos los homicidas que las reacciones de los que dicen estar atentos a los llamados de auxilio. Pero, eso sí, el modelo exhibe hasta dónde llega la hipocresía.

La Anécdota

Conversé largo con algunos jóvenes entre veinte y veintidós años, estos sí estudiosos y no los inútiles “ninis” becados por la administración corruptora que corre. Les pregunté acerca de cómo avizoraban su futuro y uno de ellos me respondió conciso y maduro:

–Tan negro como un calabozo para apandados. Pareciera que nada ni nadie puede salvarnos.

Su preocupación por la ausencia de oportunidades en México les obliga a viajar al exterior pero tampoco encuentran fuera la esperanza a fuerza del agotamiento de las libertades; pero en México, además, la reiterada inmoralidad de la clase en el poder –sea cualquiera su signo partidista-, nos arroja a un precipicio muy hondo sin posibilidad de salvamento.

Ellos quieren lanzar un SOS y quienes vamos pasando estamos llenos de vergüenza ante el panorama negro que les estamos heredando.

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