DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*Puras Notas Rojas
*Lo que Arrastramos

 

Hace algunos años, cuando dirigía el inolvidable Diario de Irapuato –el germen de la democracia en Guanajuato, sin duda-, el jefe de redacción, mi amigo Mario Barajas Pérez, me dijo respetuosamente:

–Oiga, licenciado. La edición viene muy cargada de notas rojas y malas noticias. ¿No nos convendría un mejor equilibrio, sobre todo en la primera plana?

No lo pensé dos veces al considerar que su opinión derivaba de la de otros, lectores y amigos del periódico, también de los publicistas, preocupados por la guerra de letras contra la voracidad política; ya desde entonces y corría el año de 1982.

–Puede ser que tenga razón –le respondí-. Le invito a que busquemos las notas favorables para combinarlas con las negativas a ver cómo nos sale.

Poco después, Mario llegó con un puñado de cuartillas en donde se contaban historias como la de que el gobernador en funciones entonces, Enrique Velasco Ibarra, inauguraría un camellón y para el efecto sembraría arbolitos en el mismo “boulevard” –así se les llama por allá a las avenidas de ida y vuelta-; también constaba que el jefe de la zona militar, la XVI, el general Francisco Quiroz Hermosillo –caído en desgracia pocos años después-, alababa a los caballos de su jurisdicción. No había tela de donde cortar y me negué a que aparecieran las fotos de sendos personajes en la “primera”.

Por supuesto, las exclusivas que teníamos eran de una enorme gravedad y tuve que darles prioridad ante las pobres informaciones “positivas”; y de allí fui agarrando fama de ser “contrasistema” porque no quise unirme a los corifeos y aduladores de cada régimen político.

Hoy, quizá, estamos ante un dilema similar: las notas rojas superan a las rosas en proporciones alarmantes. Los casos penales del abogado Juan Collado, la ex secretaria del gabinete peñista, Rosario Robles Berlanga, y la detención y extradición de Emilio Lozoya Austin, forman el triángulo diabólico de López Obrador aunque algunos formen parte del fracaso de la “honestidad valiente” por aquellos tiempos a punto de iniciar su primera campaña por la Presidencia.

Pero no es todo. Tenemos crímenes por doquier, otra vez colgados en los puentes –los de Uruapan, Michoacán, con un cocinero de hamburguesas como testigo inmutable de la cascada de cadáveres que caían al lado de su puesto, fue foto viral hace unos meses-, las violaciones en los centros turísticos de Quintana Roo y Yucatán, entre otros muchos, deberían ser las noticias principales de los periódicos en lugar de amoldarse a las “mañaneras” del “me canso ganso”.

Y, pese a todo, lo favorable tiene otra medida: el presidente dice que seguirá la obra contra el sabotaje legal, lo cual significa que no respetará los amparos y situará a derecho por debajo de sus intereses, en sentido contrario a lo dicho por él: más allá de la ley, nada.

El presidente por arriba de los dogmas y de los derechos de la ciudadanía. ¿Ustedes votaron por ello? Yo lo hice por una cuarta transformación que no avizoro a un mes de distancia de un nuevo informe -van cinco, dos ya este año-, en familia como parece es tradición desde 2007 y no por el coronavirus.

La Anécdota

Los crímenes de hoy, pese a la brutalidad de los mismos, no son, sin embargo, el mayor peso que soporta el espíritu de la nación. En realidad, mientras no sean las autoridades del presente capaces de determinar los hilos conductores de los magnicidios de 1993 y 1994, además de las matanzas de civiles o de sus desapariciones, no podrán las instituciones con fuerza de fuego recuperar su perdida autoridad moral.

¿Cómo pueden pedirnos que confiemos en el ejército cargado de infamias y muertes o en la marina que siguió los mismos pasos desde que Calderón admitió que los marines estadounidenses “auxiliaron” en opacidad a la guerra contra las mafias que los propios estadounidenses encendieron? ¿No va actuar el presidente actual para exigir, cuando menos, un poco de respeto por tantas afrentas y “errores” cometidos?

El legado execrable de 350 mil muertos en una década de malos gobiernos, ¿en cuánto ha aumentado durante estos primeros años de administración lópezobradorista? ¡Qué bien se ocultan los datos! Y ya van 70 mil asesinados en su período.

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