DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*El Padrino de México
*AMLO y sus Herederos

Mario Puzo, quien no llegó al tercer milenio, jamás hubiera pensado que habría de convertirse en un icono de la flamante filosofía política de la 4T. Y así es desde que López Obrador, en funciones presidenciales, lo citó para subrayar que Vito Corleone, el personaje central de “El Padrino”, había enviado a sus hijos a “estudiar” al extranjero; la cita, como frecuentemente ocurre en el minado mandatario –disminuido, más bien, física y psíquicamente-, es inexacta: la huida del hijo menor del patriarca hacia Sicilia fue después de asesinar a un policía y a un jefe de la mafia no para cursar academia alguna. Un lapsus que puede explicarse solo.

Ahora Andrés Manuel no habla de mafias porque lo han alcanzado con Alfonso Romo Garza en calidad de director de orquesta sino del “padre de la desigualdad” con referencia al ex presidente Carlos Salinas de Gortari quien, curiosamente, está libre de querellas –pese a los magnicidios de 1993 y 1994 amén de la voluminosa pila de pruebas comprometedoras para los protagonistas de la trama de la barbarie-, y pesquisas. Es, además del patrón contemporáneo el hombre más invulnerable del país. Pronto se olvidó Andrés Manuel de su prometida encuesta para tomar el pulso nacional acerca de si se llevaba o no a proceso a éste y otros ex mandatarios… hasta Peña, el ignominioso recipiendario de los mayores sobornos de Odebrecht.

Habló AMLO, marginalmente, de la aprehensión de Emilio Lozoya Austin en este contexto, es decir la del “ahijado” del mal que regresa a casa para ser motivo de escarnio; pese a ello, ignoraba que a su llegada no pasó por el Reclusorio Norte sino fue derechito al Hospital Ángeles –propiedad de los pillastres Vázquez Raña, herencia de Echeverría-, porque estaba afectado por una anemia. Y el presidente, al llegar a su mañanera de ese día, no sabía una sola palabra de ello. Nadie le informó ni él preguntó en medio de una parafernalia mediática parecida a la apoteosis de la victoria morenista en 2018 nada más que sin vallas populares.

También ignoraba que el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, había filtrado su renuncia a los medios sin avisarle a su jefe, el titular del Ejecutivo federal, quien se vio sorprendido y dijo que no podía opinar porque no tenía “información certera” y que tardaría unos días en revisar el asunto. ¿Dónde está el presidente? Metiendo la cabeza entre papeles desperdigados en Palacio Nacional como un avestruz de lujo. El vacío se ahonda más cuando se deduce que la separación del funcionario se anunció horas después de retirare a su dependencia el control de las aduanas –alguna vez dependientes de Hacienda-, y los puertos. Comunicaciones a medias de un marrazo.

Esta es la triste historia del cándido Andrés y del sistema desalmado –con perdón de Gabriel García Márquez- que atornilla, desde la Casa Casa Blanca, el cínico señor Trump quien sigue ofendiendo a México mientras el presidente de nuestro país le disculpa todo porque se “trata de su amigo”. Y eso que López Obrador no habla inglés porque si hubiera tenido algún conocimiento del idioma hubiese aceptado el papel de jardinero de la White House sin el menor escrúpulo.

Este es el México de la 4T –trampa, tristeza, tinieblas, terror, tortuosidad y tonterías-.

La Anécdota

En su despacho del Palacio del Ayuntamiento, en su condición de jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel aceptó una pregunta dura de mi parte:

–¿Lo tuyo contra Salinas es personal? Dime lo que sientes al respecto.

Guardó unos instantes de reflexión –en esa época solía hablar con mayor fluidez-, y me confió:

–Sí, lo es. ¿Y sabes por qué? Porque no quiero que mis hijos crezcan en un país de mafias. No lo acepto ni lo aceptaré.

En 2020 los hijos de Andrés se pasean por el mundo gracias a los réditos de su cervecería “Rocío” y Carlos Salinas –me dicen se carcajea cada mañana de él y sus mañaneras.

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