DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*Teorías Extremas

*Iglesia Política

 

Cuando las teorías son extremas debiéramos encontrar el punto medio para poder no sólo suavizar los radicalismos sino igualmente encontrar una vía para la reconciliación de los polos opuestos supuestamente alterados por fanatismos, vocaciones de incondicionales y hasta por el rastro malévolo del pasado tenebroso y rebosante de cabos sueltos. Imagínense: todavía a treinta y dos años del asesinato de Carlos Loret de Mola Mediz, mi padre, sigo descubriendo las piezas sueltas del rompecabezas de la perversidad. ¡Y hay quien me pide asimilar lo sucedido para darle “una segunda oportunidad” a Bartlett y compañía! De ser así, tendríamos que abrir las crujías para permitirle a Javier Duarte, Roberto Borge, Guillermo Padrés, Andrés Granier Melo, Tomás Yarrington, y otros rufianes como Rosario Robles, Emilio “el impune” Lozoya un tratamiento similar por aquello de la igualdad entre los seres humanos. Un horror el de quienes todo lo justifican en aras de defender a sus iconos, con los altares al cielo de AMLO.

Hay quienes afirman, pese a cuanto lleva en sus bodegas el náufrago señor Peña, que el ex mandatario calculó su fuerza, con base en asegurar su futuro a costa de la estrategia de dividir a los opositores hasta el grado de enfrentarlos de manera irreconciliable con posiciones extremas y salidas rebosantes de llaves con el sello del águila. De allí las pugnas internas registradas en la izquierda, multiplicadas por las tinieblas de la “consulta” en el Senado –bastante más cercana a la voluntad del icono mayor que a la prometida transparencia-, y los constantes devaneos de un sector de la misma con sus enemigos históricos; e igualmente la sorpresiva guerra intestina en la derecha, en el PAN, que estalló con la designación camaral, a espaldas de su dirigente nacional, del calderonista Ernesto Cordero Arroyo quien, ahora expulsado, pasará a la historia no como un secretario de Estado del régimen ominoso de Felipe sino en condición de uno de los mayores esquiroles y marionetas al servicio del establishment siguiendo la voz del amo. ¡Qué vergüenza para sus hijos!

Como prólogo a lo anterior, el presidente exigió hace un año que el PAN se sumara a su propuesta de establecer un fiscal general, por nueve años, y destacar a su cómplice, el actual procurador general, como único aspirante. Al negarse el PAN surgieron los siguientes golpes armados desde la cúpula del poder: Ricardo Anaya Cortés fue señalado como responsable de peculado bajo el basamento de haber multiplicado su fortuna –que ya tenía- durante su lapso político; en 2017 el mandatario federal mandó llamar al coahuilense Miguel Riquelme Solís para felicitarlo dándole jerarquía de gobernador electo cuando ningún fallo del TEPJF le había señalado como tal, rompiendo con la institucionalidad requerida; y finalmente se sacó el nombramiento de Cordero en el Senado devastando a la bancada panista y a su líder nacional simplemente relegados de tal decisión tomada en Los Pinos. Tres golpes por uno, al estilo estadounidense más feroz, sólo en un año y antes de las campañas que lo derrotaron por nocaut. Y así seguimos ahora imbuidos en el autoritarismo con cauce hacia el fascismo.

Dividir a los opositores fue la sucia táctica para asegurarse el voto duro de los priistas, aunque haya menguado, y así encaminar la idea de una lejana “victoria” con los mínimos posibles, esto es el 25 por ciento de los votantes en principio –quedaron con el 16.4 por ciento-, mientras los adversarios se estrellan con el muro infranqueable de los órganos electorales al servicio del presidencialismo como ha sido siempre.

Un partido contrario al gobierno sólo vence, lo han dicho los mayores politicólogos, por paliza. Y así fue.

La Anécdota

Los voceros de la Iglesia Católica andan muy metiches y cuestionan, con razón pero sin estar habilitados para ello, al Instituto Nacional Electoral encabezado por el racista Lorenzo Córdova Vianello –no olvidemos nunca esta característica-, quien ya comenzó a actuar aduciendo que sí hubo irregularidades serias en los comicios del pasado reciente, por ejemplo en Coahuila en 2017 –sobre todo en cuanto al conteo rápido y otros manoseos-, pero sin que fueran determinantes; y no se diga en el Estado de México en donde el usurpador Del Mazo es detestado a tres años de aquella jornada ominosa por beber en el agua de la corrupción, descaradamente. Lo peor en aquella ocasión fue la tibieza con la que Andrés Manuel dejó pasar la afrenta para evitar mancharse antes de la contienda presidencial. De hecho, lo que Andrés proyectó en un exabrupto, Peña acabó ejecutándolo: mandar al demonio a las instituciones. Y esta realidad nos acerca al desplome del sistema.

Estamos al pie del abismo y Peña se lavó las manos acaso por el temor que su sucesor tiene de que hable de ciertas componendas como las descritas que le abrieron el camino a la apoteosis del segundo. Esto además, claro, de la alianza original de ciertos empresarios, con el aliento de Trump, a favor de Andrés.

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