DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

 

*Sombrero de Mago

*Nuestro Churchill

 

Como si se tratara de la chistera de uno de esos magos del siglo XX o de los ilusionistas como el gran Houdini capaz de aparecer a un elefante en el escenario –el apodado David Copperfield logró “desaparecer” a la Estatua de la Libertad en Nueva York a base de un hipnotismo múltiple-, el presidente de la República utiliza todos los trucos imaginables para mantener su popularidad –a la baja- y explicar cómo con crecimiento cero es factible hablar de distribución de la riqueza. Una proeza oratoria. Meses atrás decía que el bienestar sólo se alcanza con un crecimiento sostenido; no únicamente de dos puntos como en períodos precedentes.

De la misma manera, ufano, declaró que el poder político y el económico están separados, al fin, luego de décadas de maridaje. Y tal pronunciamiento pasó a ser otro cuando mencionó a los empresarios Carlos Slim –quien salió del top-ten de los más ricos del mundo-, Carlos Salazar Lomelí –hijo privilegiado de la Coca-Cola como el señor Fox-, Antonio del Valle, fabricante de tubos de plástico y uno de los mexicanos más acaudalados, como una especie de salvadores de la patria al haber negociado, con ventajas, las deudas de la CFE extendiendo los pagos de 25 a 35 años: esto es el gobierno desembolsará menos, cada año, pero a la larga habrá pagado mucho más de lo comprometido originalmente. ¡Vivan los salvadores de la patria!

De paso, y esto es lo que no cabe en ningún gobierno que respete al Estado de Derecho, no sólo ignoró las serias denuncias contra el miserable señor Bartlett, propietario, con sus respectivos familiares incluyendo a su pareja sentimental, de veintitrés casas en la Ciudad de México y Valle de Bravo –donde poseen enormes heredados los socios de Televisa, por cierto-, adquiridas como funcionario e invirtiendo un aproximado de 800 millones de pesos. La “casa blanca” de los Peña tiene un valor de 43 millones de pesos, sólo para comparar la corrupción de ayer con la de hoy.

Fue intolerable que el presidente López Obrador en vez de agitar la “bandera negra” contra el réprobo lo blindara mencionando su confianza en él, una histriónica defensa sin precedentes –nunca en un informe presidencial se había mencionado a algún miembro del gabinete-, con una lve sonrisa en su rostro que podría interpretarse como el mayor gesto de autoritarismo, por encima de la ley, a lo largo de este periodo contrastante.

No hay cien universidades creadas en dieciocho meses; no se ha mejorado la asistencia a los pobres al privarlos de los centros comunitarios bajo la fútil explicación de que as ayudas se entregarán directamente –pero no llegan-, y no hay manera de generar riqueza con crecimiento cero. Esto sí que quedó en nuestra manera a pesar del anuncio de la creación de un Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado –no se especificó si el espacio del Palacio Nacional utilizado como residencia se encuentra en esta categoría dado que se trata del patrimonio nacional y el presidente NO tiene facultades para modificar su uso-.

En fin, no se puede saludar con sombrero ajeno ni con el bombín de los magos baratos. Y luego apareció la pandemia.

La Anécdota

Sigue presente, brincando por los partidos, Porfirio Muñoz Ledo. Recuerdo que, hace años, coincidimos a la salida de sendos programas de Radio Fórmula –corría el 2000-, y me saludó con aire sarcástico; le respondí serio:

–Por lo pronto usted debe ser considerado el Churchill mexicano; el inglés se despertaba conservador y se dormía liberal. Usted ya pasó por la presidencia del PRI y del PRD, por el PARM y ahora se incorpora al gobierno panista para encabezar, se dice, la reforma al Estado –que no llegó ni al índice capitular-.

No respondió porque su carrera siguió su curso: llegó al PT y ahora es uno de los grandes valores de la MORENA de López Obrador. Como el badajo de la campana, repica por todos lados.

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