DESAFÍO

Rafael Loret de Mola

*La Suerte del Lobo
*Defensa a los Hijos

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Los lobos se trasladan en manada siguiendo al “alfa”, al líder que los conduce en busca de las presas a cazar; en 3ste sentido no sé cuál sería la postura de los llamados “animalistas”: ¿proteger al lobo o sus víctimas? La cuestión toma importancia si se traslada a las redes políticas en donde el dirigente, elevado al mito o en la mira de los cazadores que quieren vivir más tranquilos sin el asedio de las bestias autoritarias, encamina a sus huestes, perros de caza y demás aliados cibernéticos hacia el absurdo de negar hasta la realidad con tal de concordar con los aullidos escalofriantes.
En el mundo de hoy, embebido en la cibernética y atenaceado por las pandemias –los virus malditos que no sólo son materiales pues algunos golpean con severidad nuestro ser interior-, la intercomunicación se esfuma entre las barricadas invisibles de la manipulación. No es un fenómeno que naciera en 2018 sino que llega tiempo madurando hasta alcanzar, al fin, su nivel más alto. Nunca ha sido tan brutal la separación real y virtual entre los gobernados y los gobernantes, extinguido ya e principio de la “soberanía popular” si bien usado únicamente para seguir sumando ingenuos a las causas rebosantes de falacias y engaños. Como en estos días de pandemia extendida bajo los brotes y amenazas de los “rebotes” y los nuevos “picos” de una curva interminable de muertes.
He visto y leído innumerables versiones conspirativas y hasta el rostro de supuestas damas mal habladas insistiendo en que los virus siempre han estado allí, fuera y dentro de nuestras casas, aduciendo que todo se trata de reacomodos del poder bajo el dominio universal de un grupo muy sólido de mandamases eternos, inamovibles, unos por la fuerza del dinero y otros por la de las masas imantadas. En México estaos entre las dos o, mejor dicho, bajo sendos océanos de ambición desenfrenada y maldad llana y dura. Cualquiera se ahoga por las mareas de la perversidad sin salvación posible y el brutal desenfado de los verdaderamente poderosos.
¿Los conocemos? Son capaces de crear virus artificialmente y hasta climas bélicos irreductibles pero efectivos n la siembra permanente de miedos y desconfianzas que nos separaran entre nosotros y engrandecen a las mafias que nos cuentan que serán castigadas para luego volverlas a elevar con los mismos, siniestros protagonistas. ¿O ha quedado fuera alguno de los marcados por Andrés, salo el caso singular de Salinas que habla a través de sus esbirros, como numen de la corrupción ganadora a través del primer año y medio de la gestión del icono intocable? ¿En qué ha consistido el cambio mil veces ofrecido? ¿Acaso una letanía de nuevos términos para substituir a los incómodos, digamos crecimiento por bienestar en el abismo de la tragedia recesiva?
El mundo se ha transformado pero para mal, al revés diríamos, con el retorno de las brujas del pasado y la expulsión, de hecho, de cuantos disienten para no caer en la bajeza de la sumisión total, arcaica y dolorosamente sinónimo del fracaso.
La Anécdota
Es curioso: los mismos que me han señalado por un pecado para ellos mortal, la supuesta defensa de mi hijo –quien no la necesita-, se conduelen porque exhiba, como periodista crítico que he sido durante más de medio siglo –siquiera por esto merecería el respeto de quienes ni siquiera terminaron estudios de secundaria, quizá ni de primaria si consideramos su pésima ortografía-, a los hijos de los altos funcionarios beneficiados a la sombra del poder: el de Bartlett, por ejemplo, premiado con contratos millonarios en horas de emergencia sanitaria; y los de Andrés que antes pregonaban la importancia de preservar el agua para los agricultores y ahora se solazan quitándoselas con el propósito de hacer crecer a su cervecería “Rocío”, como el nombre de su madre la primera esposa de AMLO.
La flagrancia no puede esconderse; y la primera familia, la de ahora, la de Andrés, no ha podido ser inmune a las picaduras de las alimañas del Palacio Nacional en donde murió Juárez, y con él la dignidad republicana, y vive Andrés entre dos aguas.

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