DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*Manipulación Maestra

*Pío, sólo un Poquito

Según Mitofsky, la empresa de Roy Campos el ajonjolí de todos los moles y casi exclusivista en la materia a costa de asfixiar a sus competidores –una estrategia redituable por lo visto-, el presidente Andrés Manuel ha sido capaz de recuperar nueve de sus puntos perdidos en materia de popularidad gracias al soplón Emilio Lozoya Austin y sus denuncias fantasmas aprovechándose del rencor de los mexicanos, justo además, contra los grandes predadores del pasado. Su lengua, la de Lozoya, fue más efectiva que sus manos para traspasar millones de dólares a sus cómplices.

Los Lozoya, padre e hijo, ya no son vistos como el germen de la colusión política sino como los traidores que, a trueque de la libertad de hecho del junior, prometieron hablar poniendo en la picota desde a Carlos Salinas, quien fue jefe de Lozoya Thalman su secretario de ENERGÍA –cuando el barril de crudo mexicano alcanzó más de doscientos dólares para fortificar la economía de aquel régimen deplorable-, hasta desde luego al miserable Peña Nieto, quien hizo a Lozoya Austin su director de PEMEX para iniciar con él las

correrías de la empresa brasileña Odebrecht. Cuarenta y dos años de corrupción nos contemplan.

Todo parece estar videofilmado, según dice el fiscal Alejandro Gertz Manero –más tibio que los legisladores de oposición temerosos de ser calcinados en la hoguera del señor de Tepetitán-, incluyendo las bolsas recibidas por Pío López Obrador, hermano del Mesías del Golfo, cuya importancia fue reducida bajo el falaz argumento que no se podían comparar las cantidades recibidas por éste con los diez millones y medio de dólares de los repartos de Lozoya gracias a Odebrecht ni con los más de diez mil millones de pesos de la estafa maestra que llevaron solo a Rosario Robles –a quien quiso López Obrador seducir en el Palacio del Ayuntamiento y ésta no se dejó; de allí su venganza personal-, a la prisión bajo un proceso sesgado –lo que no significa abogar por su inocencia—, en el que el juicio de Amparo ha sido pisoteado por jueces venales por línea presidencial directa.

¿Recuerdan a Hilario Ramírez Villanueva, Layín, ex alcalde de San Blas, Nayarit? Sí, el mismo que se justificó para ganar posiciones alegando que había sobad “solo poquito”? Pues anda de aquí para allá, escondiéndose desde unos días antes de la justificación presidencial al pollito de la familia de éste, Pío pío. Pues bien, Layín fue

vinculado a proceso porque prometió construir una pista de aterrizaje en San Blas, obtuvo ara ello 12 millones de pesos y no invirtió un solo centavo. Otro “poquito”, habrá pensado, no altera nada salvo el señalamiento judicial y la persecución a dos miembros de su penosa administración municipal para la que fue votado dos veces exitosamente.

Así, igual, los López Obrador, salvo Arturo quien es la oveja negra para Andrés y quien hace tiempo advirtió de la ambición imparable de su fraterno. El mandatario ya no lo reconoce como hermano pero prefiere defender al pillo videofilmado con las manos en la masa, igual que René Bejarano en 2004 cuando en el programa de Brozo, el único payaso analista de México, lo exhibieron con un video en el que se le observa guardándose dinero hasta bajo los calzones y con ligas mientras se escucha la voz de Carlos Ahumada Kurtz, el empresario argentino que sedujo a Rosario Robles. Los círculos siempre se cierran.

Bueno, ya sabemos que en la actualidad la corrupción no ha desaparecido… solo un “poquito” a decir del propio Andrés. Basura.

La Anécdota

Pío, el “Layín presidencial”, vive en Tuxtla Gutiérrez y tiene recursos abundantes que le proporcionan los

diversos mandatarios estatales que han pasado por la ensangrentada Chiapas desde hace varios sexenios, cuando menos el del miserable represor Pablo Salazar Mendiguchía, quien logró a través suyo maicear, pío pío, al propio Andrés desde los lejanos días de su jefatura de gobierno en el Distrito Federal; sólo dos décadas separan a AMLO de su asunción a este cargo que marcó el inicio de su conquista personal de la Presidencia.

En todo este lapso, Pío pío, elevó su fortuna o la compartió. Era quien solicitaba caudales para formar la columna vertical hacia la toma del Palacio Nacional en medio de los bombardeos de Salinas y otros priistas que evidentemente se equivocaron; otros, para no perder, apostaron a dos bandas y entregaban bolsas rebosantes al “pollito” de Andrés. Al fin, alguien se atrevió a filmarlo en una de sus operaciones.

¿Punto final? Esto apenas empieza. La debacle viene.

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