DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*Árbol sin Frutos

*El Mismo Formato

El mismo estilo de las mañaneras con la salvedad de que no había invitados especiales en el presídium, no podría haberlos porque el informe anual –no los remedos- se rinde ante el Legislativo como ordena la Constitución aunque sigue llevándose el protocolo según el estilo del añejo presidencialismo que tato dijeron combatir quienes dewde la oposición alcanzaron el rango supuestamente para prodigar un cambio dejando las cosas iguales. Es lo que he llamado el “Gatopardo de Andrés” –agotado en su primera edición por cierto, a base de envíos y sin ventas en librerías; perdón por el comercial-, esto es cambiar todo pero sin transformar nada.

Es tal la obsesión presidencial que ya hasta los domingos le sirven para dar “mensajes” como si no fueran suficientes las seis mañaneras por semana que nos endilga con dos horas de duración y a veces hasta más cuando siente que sus pulmones aguantan. Por supuesto, Andrés es el mayor parlanchín entre la jauría de mandatarios por lo que debe entregársele ya la batuta de “chachalaca” en su nivel más

alto porque ya superó, hace rato, y en solo veintiún meses el récord de Fox y el de su mujer, la bruja mala de la película de la derecha, a través de un sexenio entero y no mochado como el águila que los representó en el colmo del cinismo.

¡Y todavía se queja el impresentable Calderón del águila juarista como un desafío al presidente en funciones que lo ha colocado, en apariencia, en el paredón! Claro, nadie le va a disparar y por ello anda tan confiado tratando de integrar a un partido que pretende usurpar el nombre del país lo que ya debiera frenarse como, igualmente, negar de una vez por todas que el PRI mantenga una suerte de exclusividad sobre los colores patrios que ahondan en el alma y perturban a quienes tienen conocimientos básicos sobre los símbolos nacionales. Ello, desde luego, si el INE se ocupara de cosas serias y no de evadirse de las nauseabundas pruebas sobre los engaños a la institución por parte de los partidos glotones con inclusión, claro, del Pío, Pío, Pío de Palacio Nacional.

Segundo informe real –de siete simulados en total desde la asunción presidencialista- sin ningún tipo de autocrítica ni, mucho menos, relatoría alguna sobre realizaciones ejecutivas salvo las ya conocidas que más se promueven comparando el futuro con el pasado sin detenerse en

el agrio presente del coronavirus, la economía asfixiada –no reconocido por el demagogo-, y la creciente violencia por todo el país: un promedio entre ochenta y cien ejecuciones por día como puntualmente hemos informado por cortesía del Sol de Quintana Roo –nada que ver con la ominosa cadena de los Vázquez Raña-.

Y el tiempo pasa sin remedio al ritmo de la ominosa impunidad. Ahora la consulta sobre si se lleva a proceso a los ex presidentes ladrones y asesinos la arrojó el Ejecutivo al poder Judicial un tanto para lavarse las manos, su especialidad supongo en teoría porque en los hechos prefiere demostrar que la pandemia le hace los mandados, por su inercia de casi dos años sobre una promesa curtida y añejada por las pistolas de AMLO.

Nada nuevo bajo el sol.

La Anécdota

Durante varios sexenios la oposición –cuando tal era el PAN y el PRD entre otros patibularios minoritarios-, sus bancadas exigían un cambio de protocolo en los informes presidenciales, entre ellos la posibilidad de que el mandatario en funciones arribara al Congreso antes de que cada grupo parlamentario fijara sus posiciones de cara al mismo y éste pudiera responderle amén de su mensaje final.

Con los panistas en la Presidencia, el tema fue arrinconado y, para colmo, no se dejó entrar a Vicente Fx al pleno para que rindiera su último informe en 2006, exaltada a galería por el fraude electoral bastante evidente. Es decir, el debate democrático fue cada vez más utópico y atípico.

Y seguimos en la línea, la misma, sin el menor pudor de un jefe del Ejecutivo que prometió combatir la inmoralidad y las desviaciones públicas; no se diga la corrupción a la que ahora protege con descaro.

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