DESAFÍO

Rafael Loret de Mola / La Opinión de México

*Una Familia Intocable

 

En Veracruz ya es difícil encontrar, entre la clase política, a una sola familia honorable. Mi padre me contaba, por ejemplo, que tiempo después del término de la gestión de Miguel Alemán Valdés, pasó por Xalapa y escuchó a alguien señalando al junior, Miguelito Alemán Velasco, quien también fue gobernador de la entidad como numen de la nueva aristocracia con tufo siempre de complicidad:

-Mira… allí va el hijo de un ladrón –comentó un hombre serio, de unos cuarenta años, con impecable atuendo jarocho rematado con el paliacate rojo-.

Mi padre pensó entonces para sus adentros, tal y como me contó:

–Espero que jamás se diga algo parecido de un hijo mío.

Y cumplió con creces sus expectativas aunque no faltan los malsanos, los párvulos y los esbirros de los caciques quienes se inventan historias para mancillarlo aun cuando he demostrado, de manera fehaciente, la manera cómo operó el echeverriato para desprestigiarlo con lo que he bautizado como “la conexión campechana” y el caso del homicidio del

asesor sindical, Efraín Calderón Lara, quien fue amigo mío por cierto, perpetrado por la policía de Yucatán infiltrada por el miserable Carlos Sansores Pérez, ex gobernador campechano y ex presidente del PRI además de una larga carrera de caravanas y sociedades sucias con el ex mandatario federal Luis Echeverría, el único de esta talla acusado por genocidio y arraigado en su domicilio durante dos años; lo salvó su decrépita ancianidad que se prolonga. 98 años ya.

En aquella trama, es curioso, todos los actores son campechanos y actuaron en Yucatán con el fin de derribar a Don Carlos, mi progenitor, cuya tarea fue inmensa y con saldos absolutamente favorables en materia de infraestructura, sobre todo carreteras, reformador de la economía devastada que recibió y una casi impecable relación con los sindicatos logrando que no estallara una sola huelga ni siquiera las promovidas por el líder victimizado.

Pues bien: el asesino material, Carlos Pérez Valdés, el intelectual, Carlos Sansores Pérez, el relator del caso, Hernán Lara Zavala, y la propia víctima, Calderón Lara, tuvieron un origen común: ser oriundos de Campeche y con los celos despiertos hacia la vecina Yucatán en donde la mayor parte se formaron. Campeche es una entidad entrañable, a la que personalmente llevo muy dentro –siempre sus viejos

constructores en la historia lejana fueron liberales-, con una clase política, de verdad, repulsiva. El señor Sansores, por ejemplo, cacique innato, sólo pudo llegar a varios acuerdos redituables con otro como él, también extinto, el yucateco perverso Víctor Cervera, huésped de Xibalbá el inframundo de los mayas desde agosto de 2004.

Lo anterior viene a colación ante hechos más recientes con Veracruz como telón de fondo y los enfrentamientos entre distintos bandos de elevada corrupción en condición de actores de su propia “conexión” mafiosa. ¿Recuerdan aquella película de gángsters titulada “Conexión en Francia”, cinta inolvidable filmada en 1971 y ganadora de cinco premios Óscar? Aquella ficción, bien elaborada entonces, es ahora un remedo de cuanto hemos atestiguado en los años recientes dentro de un presente turbulento. Basta con citar a Veracruz y el litoral del Golfo para corroborarlo.

Desde noviembre de 2015, uno de los políticos más siniestros de cuantos he observado a través de ya más de cinco décadas de periodista, Miguel Ángel Yunes, fue acusado por una supuesta desviación de nueve mil millones de pesos del sector salud dentro del cual se habrían contratado a poco más de dos mil “aviadores” –quienes no trabajan pero sí obtienen percepciones por su fidelidad mercenaria-, al propio

ex gobernador Javier Duarte de Ochoa, represor y asesino, lo mismo que al predecesor de éste, Fidel Herrera, quien fue “congelado” un tiempo como presunto Cónsul de México en la Cataluña independista; quizá pensaba en la posibilidad de pasar a ser embajador de la “nueva república catalana”.

Antes, por supuesto, Duarte de Ochoa había regalado una caña de pescar al senador priísta Hector Yunes Landa, sobrino de Miguel Ángel y quien compitió con él por el PRI siendo derrotado, para que pudiera “atrapar” –dijo- a los peces gordos que nadaban en las agitadas aguas del Golfo con el propio mandatario como guía del cardumen. Aquel “jocoso” incidente me hizo buscar a los Yunes registrados en el Congreso federal con filiaciones distintas y encontré, además del señalado Yunes Landa, quien no ha vuelto a hablar sobre el tema, a otros dos ex senadores: Fernando Yunes Márquez, panista e hijo del patriarca infame, y José Francisco Yunes Zorrilla, sobrino de Yunes Linares y priísta. Además de ellos, el otro hijo del demandante, Miguel Ángel Yunes Márquez, fue alcalde de Boca del Río, conurbación del puerto. Una extensa parvada de sinvergüenzas sin el menor escrúpulo arrimados a los pantalones del pretendido cacique, dos veces candidato a gobernador ¡por el PAN!, pese a su formación priista y sus vínculos –de toda índole- con la célebre “novia de Chucky”, Elba Esther Gordillo Morales, la mujer que se

pasó a{os en la prisión y fue revelada, digamos por “igualdad de género” por Rosario Robles a quien, por venganza personal de AMLO además de la coyuntura de la “estafa maestra” por la cual no caen los responsables originarios, se le quieren endilgar veintiún años sin libertad.

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