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Desafío: EE. UU. quiere caos / Dos antecedentes

Por Rafael Loret de Mola

No es ya solo Venezuela; ahora es el mundo sumido entre las enfermedades y el aislamiento que se dice dejamos ya atrás, mintiendo. ¿Cuál es el fondo de los intereses actuales del gobierno de Washington sobre nuestro país y el globo terráqueo? ¿Combatir, elogiándola, la imagen presidencial para justificar una rectoría desde el Capitolio que fue asaltado por el “amigo” Trump? ¿Provocar el caos social –indocumentados de por medio- para así tener el boleto de acceso a México considerándolo “estado fallido” como en la era neoliberal? A estas coyunturas nos lleva, sin remedio, el mandato del corrupto mandante Andrés Manuel y sus fobias correosas: la política que se aísla de la realidad lacerante de una globalización que es resonancia de los tambores de guerra rusos. ¿O el fin de la democracia al sur de la mayor potencia universal?

Por allí leí, en tono irónico, mencionar el estado de salud de López Obrador quien sufrió un infarto el 4 de diciembre de 2013 que lo mantuvo fuera de circulación en los días claves de la aprobación repulsiva de la reforma energética peñista. De esto, claro, él no tuvo la culpa, pero sí elevó la sospecha sobre la secuela de enfermedades –cánceres e infartos- que suelen azotar a los líderes latinoamericanos que se convierten en incómodos para el gran gigante universal. Con la pandemia las posibilidades aumentan y ya no son pocos los jefes de Estado tocados por este mal.

Desde el nosocomio –Médica Sur, nada barato, por lo que se le cuestionó porque quizá algunos radicales ansiaban su muerte en casa, sin atención de excelencia-, cometió, sin embargo, un error: enviar a su hijo Andy, novio escondido que fuera de Claudia Sheinbaum, a sustituirlo en las tareas de liderazgo lo cual fue rechazado aun guardando las formas para no alterar al enfermo. Y todo esto, el mal físico y el nepotismo al que tanto se opone cuando se trata de otros, dejó a su MORENA en estado de indefensión ante el acoso de los serviles de la mal habida reforma.

Poco a poco, la convocatoria se redujo y sólo hasta meses después, con Andrés de nuevo en la calle, volvió a su antigua solidez aun cuando pasara enormes dificultades para cumplir los requisitos –asambleas y militantes-, impuestos por el Instituto Nacional Electoral –INE, antes IFE, por el cambio de siglas seguramente para determinar una parodia similar a las modificaciones priistas desde el PNR-, para el registro de partidos. Y fue así por las presiones de Andrés desde una izquierda amorfa.

De esta manera, sin tantos obstáculos, logró convertir a su “regeneración nacional” en un organismo dispuesto a la participación cívica. Morena como la Guadalupana del Tepeyac fuente de la devoción popular. Y ahora está en la Presidencia con más palabras que acciones.

(Sobre su hijo, Andresito –padre del hijo menor de Claudia Sheinbaum-, ya incluso hay quienes especulan si el mandatario lo baraja como posible sucesor destinado al 2030, siguiendo el modelo del intocable Yunes, lo que sería muy grave para la democracia de este país y la continuidad de una 4T convertida en cuarta tragedia)

        La Anécdota

Subrayo en este punto dos momentos coyunturales:

1.- En 1988 tras el artero fraude contra el Frente Democrático Nacional, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el político más congruente que he conocido desde mi trinchera periodística con una sola excepción, optó por la fundación de un partido y no, como sugería Porfirio Muñoz Ledo –quien me dijo haber recordado, en ese momento, la indecisión de Hidalgo en el Monte de las Cruces que, al final de cuentas, alargó la lucha insurgente a costa de perder a sus caudillos, incluyendo al cura de Dolores-, encabezar una toma de Palacio Nacional cuyos resultados hubiesen sido sangrientos, incalculables.  

Casi siempre, la amnesia colectiva se impone para alejarse de este relámpago de la historia que evitó, sin duda, una guerra civil, apenas unos años antes del final de la centuria pasada. Y fue, por supuesto, un rasgo de dignidad y patriotismo poco estimado en quienes segregan a la izquierda y le temen porque aseveran que si llegase al poder pondría en riesgo los intereses oligarcas, lo que no sucedió en España –cuando arribó Felipe González Márquez a la presidencia del Gobierno, apenas unos años después de la muerte del sátrapa Franco en noviembre de 1975-, ni en Brasil, a la llegada de Lula da Silva, entre otros muchos casos. No hay lugares comunes en materia de política cuando los revulsivos llegan.

2.- Tras el descocado juicio de procedencia contra Andrés Manuel en abril de 2005, tal no impidió su postulación como candidato presidencial ni el hecho de que cayera en la trampa de las encuestas para hacerlo parecer como un farsante que elogiaba el ejercicio, cuando iba arriba, y lo repelía cuando supuestamente fue alcanzado. Todo fue parte de la parodia y no tengo duda de que el desaseo electoral convirtió a Felipe Calderón en un usurpador barato en el nivel de Victoriano Huerta y Carlos Salinas.

Otra cosa es que el actual mandatario, electo democráticamente, haya perdido su legitimidad contrariando postulados, arengas y modelos para convertirse en otro neoliberal y neopriista de clóset. Cuánto pri-mor.

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