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Desafío: ¿En desgracia? / Con la maestra

Por Rafael Loret de Mola

Nueve ex gobernadores, incluyendo al célebre “Bronco” de Nuevo León, están presos, seis son miembros del PRI cuya dirigencia ahora sí exige castigos ejemplares para lavar sus manos al estilo más puro de Poncio Pilatos, uno perteneciente al PAN sin que nadie de su partido hubiese asumido la defensa, y otro más supuestamente independiente. En cada caso, la sociedad se ha mostrado insatisfecha porque se alega que no basta con la coerción penal, sino que se exige la reparación de los daños cometidos en contra de los intereses del colectivo; al respecto, las autoridades hacen mutis como lo han hecho siempre respecto a los bienes incautados a los capos de la mafia. Sencillamente, se los quedan o los subastan.

Hay otros ex gobernadores que fueron aprehendidos, en su momento, y quienes purgaron penas de más de un año: Israel Nogueda Otero, de Guerrero, Pablo Salazar Mendiguchía, de Chiapas y Dante Delgado Rannauro, de Veracruz y fundador después del Movimiento Ciudadano. Estos, con infinidad de artilugios, salieron libres y negociaron abiertamente su silencio como sucedió con el último mencionado quien, de plano, apreció tanto su libertad que terminó fundando el partido Convergencia convertido hoy en Movimiento Social para hacerle sombra al Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, la novia de Andrés Manuel. Y el chiapaneco Salazar, el burlesco, vuelve a las andadas y elude órdenes de aprehensión contra él –por el asesinato de catorce niños abandonados en un hospital de Comitán, si bien las víctimas sobrepasaron el medio centenar-, para seguir agitando las aguas con las sectas protestantes antinacionales adheridas a él; por cierto, este personaje, fue aliancista, en su momento, y actualmente está entregado a López Obrador.

Desde luego, la captura de Javier Duarte de Ochoa, en Guatemala en donde igualmente se localizó –la primera vez- a Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue algo así como la cereza del pastel y no pocos priistas con mentes pequeñas consideraron que con ello se vindicaba a su partido. Cabe una gran carcajada por la simplicidad del razonamiento, sobre todo porque ya no es tan sencilla la manipulación del colectivo. Y no lo es tampoco en el caso del panista Francisco García Cabeza de Vaca, mandatario en curso de Tamaulipas, a quien se señaló como narcotraficante, pero se le dejó terminar su mandato pasando el testigo -el del narco- al actual mandatario de esta entidad, Américo Villarreal.

Sin duda, el daño mayor lo recibió el PRI al constatarse, primero, que fueron las policías internacionales las que intervinieron en los operativos contra el tamaulipeco Tomás Yarrington, el veracruzano Javier Duarte y el chihuahuense César Duarte Jáquez además de la eficacia de los italianos que cercaron al tamaulipeco Tomás Yarrington Ruvalcaba –y a otro más de la misma entidad, Eugenio Hernández- y no los elementos de la Procuraduría General, entonces, como falsamente se extendió para saludar con sombrero ajeno. Es curioso: a varios exmandatarios se les persigue con más ahínco y con procesos cimentados en los Estados Unidos. De allí los temores crecientes entre la clase política mexicana si bien los montajes se han realizado con todas las de la ley, tratando de impresionar a los mexicanos.

        La Anécdota

A unas semanas de su asunción al gobierno de Veracruz, de manera descarada, Duarte de Ochoa no ocultó su relación con la réproba maestra Elba Esther Gordillo y le prometió que sacaría adelante la candidatura de Ricardo Barroso Agramont, que finalmente fracasó de manera estrepitosa en Baja California Sur.

Curioso: la maestra dejó el encierro, en agosto de 2018, como un obsequio de Peña a Andrés Manuel –una prenda entre “caballeros” sin ideologías firmes- y Duarte sigue recluido luego de varios años de escarnio público. Y los que faltan.

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