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Desafío: Golpe de Estado / Contra la Corte

Por Rafael Loret de Mola

El ataque desmedido del mandante contra la Suprema Corte de Justicia equivale, como sucedió en Perú hace un año, a un conato de golpe de Estado porque se pretende anular, cuestionándolas groseramente, las funciones y facultades de uno de los poderes de la Unión, en este caso el Judicial que integra, a la par con el Legislativo y el Ejecutivo, el gobierno de este país nuestro.

No solo fractura AMLO la democracia en México, con sus intentos de tomar al INE copándolo ahora con elementos afines a MORENA y su icono, él mismo, sino incluso fractura a su propia administración, tan lesiva para el país, al pretender enfrentar a quienes, en la Corte, han detenido los absurdos proyectos electorales destinados a la toma a perpetuidad del poder Judicial empeñado en denostar y acribillar con descalificaciones a la honorable presidenta Norma Piña Hernández quien, al contrario de sus inclinaciones fascistas, ha elevado la autonomía del poder que encabeza hasta el grado de razonar y actuar con justeza frente al célebre Plan B, ya destazado definitivamente.

Perdió López, sin duda, y esto no puede tolerarlo en su campaña de linchamiento contra todos aquellos que no hemos bajado la cabeza ante los abusos sostenidos de sus huestes. Ya tiene usted en la bolsa los setenta asesinatos contra periodistas valientes cuyo único delito fue pretender ejercer la libertad de expresión de cara al absolutismo, no solo del mandante federal, sino también de gobernadores y alcaldes de la misma ralea, solo calificados con palomeos indignantes por los grandes sicarios del narcotráfico.

Es reiterativo sostenerlo, pero necesario: por cada ataque frontal contra los periodistas independientes, quienes no están armados ni cuentan con un ejército como usted para defenderlo, hay un silencio ominoso respecto a la crecida del narcotráfico en el país aun cuando se haya atrevido a mentir, su condición principal, salvo cuando, asustado como conejo, ha tenido que enfrentar las acusaciones de la Secretaría de Estado de EE. UU. llamándola “departamentito” como queriendo jalarle las barbas al Tío Sam en plena crisis de valores nacionales a causa de la demagogia de sus adoradores y de usted mismo.

Ya es tiempo de que el mandante se vaya al considerar el daño terrible que le está haciendo a México y los mexicanos colocándolos en la coyuntura terrible de un enfrentamiento con la mayor potencia universal y de la que, por desgracia, dependemos para nuestro comercio y nuestra economía en muy alto porcentaje. Por otro lado, también la Unión Europea le repele como efecto natural de sus torpes bravuconerías.

Los resultados ya se observan, más allá de las encuesta pagadas por el propio mandante: cada vez son menos sus adoradores, pese al espejismo de una manifestación estructuralmente fallida en 2022 -doce mil 700 autobuses contratados sin que pudieran llenarse y miles retirándose del Zócalo mientras usted, mandante, no terminaba de esgrimir sus repetitivas arengas que ya carecen de toda autoridad moral-. Y, para colmo, fingiendo ser un actor para las cámaras de El Pigmento Ibarra, mareado por tantas reverencias.

Mientras tanto, la abominación de su guerra contra la ministra presidenta de la SCJN le pinta de cuerpo entero. Usted no tolera un revés que le impone parte del gobierno en ejercicio ni una sola crítica que levanta la insidia, más bien el sofisma, de que se le ataca mediante una “campaña negra” cuando son sus voceros, y usted mismo, quienes han puesto todas las trabas para derrumbar su propia credibilidad porque, claro, han sido exhibidas sus miles de mentiras en las madrugadas mientras a lo largo del día no hay presidente a la vista ni nadie quien lo acompañe en su tormento personal con su esposa Beatriz y la noviera alcaldesa de Tepic, Geraldine Ponce, con su hijito por prenda.

Cito lo anterior porque es demostración fehaciente de la escasa moral personal del mandante, siempre saludando con dos caras, bajo el argumento de que tiene otros datos y sin aceptar su fallido modelo de seguridad. Los abrazos no le funcionaron y los balazos son cada vez más frecuentes al lado que pende sobre México la posibilidad de una intervención militar estadounidense -sería la tercera oficial luego de las 1846 y 1914-, que le colocaría a usted como el mayor embustero y traidor a la patria mexicana.

       La Anécdota

A los jueces, AMLO exigió, sin tener facultades para ello, “hacer bien su trabajo” a los ministerios públicos y, en general, a jueces, magistrados y ministros. La sentencia es más bien sobre cuándo va el mandante hacer bien su trabajo y poner en orden a tantos personajes turbios que le rodean, empezando con el impresentable Manuel Bartlett. ¿No se da cuenta de que ya encontramos sus complicidades? Lo mismo con Alfonso Romo Garza que con sus secretarios más cercanos, sobre todo Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación cuya pretensión presidencial fue un absurdo como la utilería de los gatos de Palacio, los gatopardos diríamos, diciendo transformar todo sin modificar nada.

La bajeza del presidente amoral nos coloca a la orilla del peor precipicio en el que ha caído la nación en su historia. No hay ya salvación alguna para López, salvo si se va ahora antes de que el pueblo, como él temía desde siempre, lo arroje como basura fuera de Palacio Nacional. Porque, sepan ustedes, que ni siquiera puede controlar a “su” ejército y si alguien pide una prueba basta con un nombre: Salvador Cienfuegos Zepeda, el general que comparte “lauros”, nada menos, que con Genaro García Luna, su villano favorito.

Pero, sin duda, el gran villano tiene otra jerarquía: Andrés Manuel López Obrador, oriundo de Tepetitán y con setenta años a cuestas.

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