InicioHoy EscribeDesafío: ¿La dictadura es mejor? / El fracaso de López O.

Desafío: ¿La dictadura es mejor? / El fracaso de López O.

Por Rafael Loret de Mola

Nuestra democracia pende de un hilo y lo sabemos. Alguna vez escuché a una economista sostener una tesis patibularia sin el menor pudor:

–Prefiero la dictadura si esta nos asegura bienestar, trabajo y salud.

Sonaba convencida hasta que le expliqué las sinrazones de quienes se erigen tiranos; precisamente sus puntos medulares, bienestar, trabajo y salud, se vuelven contra el pueblo en su conjunto y desbaratan toda perspectiva de desarrollo al largo plazo. Por ejemplo, se menciona con frecuencia que el porfiriato legó grandes obras materiales como las redes de ferrocarriles para acercar a nuestro país más a los Estados Unidos como si no fueran suficientes los lindes y mojoneras fronterizos; pese a ello el veterano guerrero, luego de treinta y seis años de mandar y ser obedecido, al irse al destierro en el Ipiranga alcanzó a musitar, tan alto eso sí que lo escucharon sus cercanos:

–Dejo a México muy lejos de Dios y muy cerca de los Estados Unidos.

Él, precisamente, quien más había tocado las puertas del Tío Sam al grado de recibir el honor de que su nombre se le impusiera a una calle de El Paso, Texas, recordando con ello su encuentro con el mandatario estadounidense William Howard Taft a quien, por cierto, no se le honró de la misma manera en la fronteriza Ciudad Juárez.

Las aviesas mentiras han ido creciendo de manera galopante a través de nuestra lacerante historia. Aquella de Don Porfirio parece de poca monta, pero no lo fue porque marcaría un futuro de sumisiones y acuerdos soterrados a favor de la gigantesca potencia del norte que no ha dejado de beneficiarse de la mano de obra barata de los mexicanos ni de las riquezas de nuestro subsuelo lo mismo que la otra nación, Canadá, miembro del llamado T-MEC, revalidado por Andrés Manuel el 1 de julio de 2020. No lo olvidemos.

Así las cosas, la jornada electoral 2024 nos lleva a replantearnos lo que, de verdad, queremos para México: la libertad o el sometimiento a los gobernantes acaso por la pereza, o más bien la cobardía, de una nación tan castigada como la nuestra y tan aguantadora como ninguna otra. Hasta en los pequeños países, que algunos pretenden estúpidamente mirar sobre el hombro, han ocurrido hechos excepcionales para sancionar a los mandatarios en funciones y expresidentes cuando se saltan sus límites o comprometen el Estado de derecho intentando proclamarse indispensables sin renovación en los cargos y con escasa pulcritud ante sus pueblos. Cuando se combate a los órganos encargados de la justicia desde el poder Ejecutivo se rompen los hilos de la democracia y nos acercamos todos al abismo del sometimiento forzado bajo el peso de los engaños y la manipulación. Tal es el saldo perverso de la administración de López Obrador en estos años terríficos y luego del proceso electoral más sangriento de la era moderna en México.

No es una cuestión de partidos sino de formación. Los mexicanos se acobardan ante cualquier posibilidad de cambio. No dudo que muchos varones teman a estar bajo la influencia y gobierno de una mujer aunque en el seno del hogar han dejado de ser la parte dominante de la pareja…pese a la contumaz secuela de brutales feminicidios, en alza, que colocan a nuestro país como una región de bárbaros y de narcotraficantes hasta ahora ligados a las autoridades desde el más alto nivel. Y, por ello, con la complacencia de AMLO los grupos criminales dejaron muy claro, a través de las campañas recientes sobre todo, quienes mandan en el territorio nacional. Suena pueril; lo es.

López Obrador debiera ser juzgado no solo por los delitos electorales cometidos sino, sobre todo, por las masacres ignoradas, los muertos de la pandemia mal llevada, los asesinatos frecuentes en distintas regiones del país, la corrupción familiar como nunca habíamos visto y la tragedia de la salud que, desde luego, ni siquiera es parecida al sistema sanitario de Dinamarca o Canadá; vamos ni el de la Cuba dictatorial a donde, como otros liderzuelos, acudirá AMLO a curarse de sus males crónicos quizá hasta su fin como le sucedió al venezolano Hugo Chávez Frías.

López fracasó y los votos de castigo parecen dispersos a pesar de la indignada reacción de una ciudadanía que se percibe, justamente, afrentada por las malas decisiones de su gestión. Hablamos de cientos, miles de muertos -entre ellos casi 200 mil ejecutados y más de medio millón que pudieron salvarse de morir bajo el horror del coronavirus y del virus de la corona-, y de un exponencial crecimiento de las mafias por todo el país.

¿Los mexicanos somos culpables del presente asfixiante? Sí, en buena medida porque ni la ignorancia ni el hastío son justificantes para aislarnos en nuestras casas, temerosos de las historias de terror que ha manejado el régimen con la furia de las falacias, esto es de los juicios de valor que parecen ciertos, pero aterrizan en el hondo fango de las mentiras, sí, las mentiras, repetitivas hasta el cansancio de la mano del mandante en curso y sus marionetas conocidas, Claudia y Maynez, con quienes la jornada electoral se ensució sin remedio.

No merecemos tales condiciones cuando el despertar de conciencias ha sido paulatino y multitudinario, a través de tantas marchas, manifestaciones, protestas, angustias y dolorosas realidades ante los cadáveres esparcidos o encontrados por las madres buscadoras también difamadas. A este país lo ha destruido la 4T, acaso mermada antes pero ahora totalmente asfixiada. Esta es la gran diferencia entre el ayer y el hoy. Porque es el presente el que se juzga.

Los resultados hablan y hablarán por sí solos.

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