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Desafío: La peor de las mafias

Por Rafael Loret de Mola

Tengo aficiones distintas, soy taurino aunque algunos se enfurezcan por mis gustos sin analizar los suyos en un maniqueísmo perfecto, pero no puedo ser ajeno, como informador sobre todo, a la fiebre que ha erigido a la FIFA en una de las mafias más poderosas del mundo al grado de imponer condiciones, sobre todo financieras, a cualquier nación del mundo. Vamos, ni el celebrado Putin ha podido con ella y debió ceder lo indecible para dar paso a la ceremonia inaugural del campeonato del balompié en la capital rusa en 2018.

El dirigente, claro, atraerá las miradas luego de su quinta reelección y la confirmación del hackeo que posibilitó la victoria del “pato” Donald Trump en las elecciones de noviembre de 2016. Hasta la fecha no entiendo cómo el Capitolio permanece en decadente sueño ante evidencias tales sobre la usurpación del poder por parte de un magnate totalmente desquiciado y hostil, racista y xenófobo por excelencia, dispuesto a borrar, desde el primer jalón, lo que para algunos blancos descocados fue una ignominia: la permanencia de una familia afroamericana en la Casa Blanca a través de ocho años. Quizá por ello remozó la mansión presidencial, con barroquismo caduco, cubriéndola con el dorado del sueño americano… desde la era del “viejo oeste”.

A veces tengo pesadillas con el futbol. Me imagino, y perdónenme los fanáticos, al balón, rodante sin cesar, como un cerebro humano con las siglas de la amafiada FIFA, capturado por esta sin remedio a costa de reducir, marginar o incluso desaparecer otros pronunciamientos deportivos y hasta espectáculos que en la mente hipócrita de los anglosajones –tan dados a la cacería, a los circos con animales, las carreras de caballos y de galgos y la captura salvaje de focas y la pesca especies marinas en extinción-, no sirven, sino para señalar al salvaje mundo que surge al otro lado de sus fronteras del sur. Sólo ellos son superiores: diez por cada uno, en el tablero de los momios de vidas y capacidades.

EE. UU. no participó en la justa rusa pese a todo el poder del dinero de los dueños de los clubes de Norteamérica. Pero eso no es signo de gloria, sino de un pequeño escape a la sumisión que pervive y ahora se convierte en xenofobia extendida, desde Texas hasta Nueva York, contra cuanto huela a mexicano, incluso el idioma, y a emigrantes. Nunca habíamos sentido tal desprecio y, sin embargo, no son pocos los coterráneos que siguen viajando en pos de una sonrisa y un apretón de Mickey Mouse para solaz de los pequeñines. ¿Quién recuerda al “grillito cantor” en nuestro suelo? ¿O a COCO, con producción de Disney acaso como una especie de expiación?

Ricardo Anaya Cortés, el candidato derrotado en aquel año siniestro, en uno de sus spots impulsó el “patriotismo” futbolero en voces de niños que no han sumado las derrotas de la selección tricolor desde 1934. Los de mayor edad debemos, eso sí, estar agradecidos: aunque nos llenen de mensajes durante los partidos y en los entretiempos, cada Mundial desplaza a la política salvo a Andrés quien en 2022 no tuvo el menor desgaste por el fracaso del “tricolor”.

Pese a todo, ¡hala Madrid! Ya viene la Copa 15.   

       La Anécdota

Preguntas formuladas en 2018 sin respuestas:

1.- ¿Por qué Andrés fustiga al neoliberalismo y abre la puerta de Morena a Guillermo Ortiz y Santiago Levy, acaso los mayores representantes del modelo?

2.- ¿Cómo es posible que Anaya insista en combatir la corrupción cuando entregó sendas candidaturas a lo peor de las mafias, los Yunes, los difuntos Moreno Valle y, a través del PRD, Graco Ramírez?

3.- ¿Qué impide a Meade afiliarse al PRI cuando tanto lo defiende? ¿Asco por su pasado? ¿Vergüenza por sus altos militantes?

4.- ¿Qué logró El Bronco como contendiente cuando fue evidente que falsificó firmas para alcanzar una candidatura dependiente de sus titiriteros?

En la misma línea podríamos estar hoy salvo por el volcán que surgió a las puertas del Palacio Nacional. ¡Vamos a votar!

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