InicioHoy EscribeDesafío: ¿Segundas vueltas? / De las monarquías

Desafío: ¿Segundas vueltas? / De las monarquías

Por Rafael Loret de Mola

Si tanto es el deseo de AMLO de estructurar una iniciativa de reforma electoral –ya parece un vicio entre los mandatarios mexicanos-, ¿por qué no se anima a concretar las segundas vueltas electorales para asegurar con ellas el veredicto definitivo de la mayoría de los electores? Por supuesto, López IV, en 2018, no la hubiese necesitado; tampoco en este 2024 con tantas truculencias. Pero en 2030, ¿habrá algún partido o coalición que pueda lograr una votación del cincuenta por ciento más uno? No lo creo ni en el caso de la lanzada Morena que ya acortó la lista de sus “corcholatas” para el gabinete de Sheinbaum contra viento y marea.

Alito Moreno, el indigente presidente del PRI presume que ha mejorado sus números porque, entre otras cosas y dentro de la alianza Va por México en 2022, el gobernador de Durango, Esteban Villegas Villarreal, es priista de cepa y con esta condición compitió hace seis años contra el gobernador panista José Rosas Aispuro quien no tuvo grandes turbulencias en su finiquito salvo que el rencoroso señor de Palacio pretenda otra cosa. Ahora no alzaron la cabeza.

Debo confesarles que hace años, invitado por Martí Batres Guadarrama a su casa, el actual jefe de gobierno de la Ciudad de México se mostró incómodo ante un cuestionamiento cuando aún ni siquiera nacía la Morena –o prieta- de López IV:

–¿Por qué no se anima, el PRD, a presentar una iniciativa para instalar las segundas vueltas para el caso de que ningún candidato obtenga la mayoría en las urnas?

Batres se arrellenó en su sillón, meditó unos segundos y al fin, un tanto tartamudo, respondió:

–Hemos pensado en eso… pero concluimos que de hacerlo la derecha suma y nos gana.

Por supuesto, según este criterio, la democracia debe acomodarse a los intereses de un grupo, sea el que detente el poder o aquel interesado en conquistarlo, sin pensar en los intereses del colectivo y en la urgencia de legitimar, en serio, el ejercicio presidencial. Con ello me adelantaba Martí, acaso sin pretenderlo, que para su izquierda, no toda la izquierda como me refirió Cuauhtémoc Cárdenas alguna vez, el seguimiento de un liderazgo, el de AMLO, profundamente autoritario y cerrado ante la modernidad política, era indispensable.

Hace dos años se dio una segunda vuelta electoral en Colombia en donde, por desgracia, quedaron en punta para disputarla los peores: Gustavo Petro, antiguo líder del M-19, un grupo de guerrilleros de asalto que devastó el palacio del Palacio de Justicia en Bogotá en 1985 con un saldo mortal –“bajas” les llaman- de once soldados, 33 guerrilleros, 43 civiles y once más desaparecidos. Por allí andaba el joven Petro mientras se creía que no eran del todo ajenos los cárteles de Medellín, el de Pablo Escobar, y el de Cali de los hermanos Orejuela.

Y el otro, Rodolfo Hernández Suárez, imitador de AMLO hasta en sus sentencias estrellas –“no robar, no mentir, o traicionar” para luego hacer lo contrario-, llegó a la final de la contienda ex comulgado por haberse atrevido a lanzar ofensas incalificables a la Virgen María ante feligreses católicos en su mayor parte. Venció Petro y comenzaron las piedras.

La democracia parece estar trabada conduciéndose, por las vías de las urnas y la manipulación, hacia la perpetuidad autócrata de quienes se sienten mesías irredentos. Por ello debemos comenzar a destrabarla antes de que se afiance la dictadura del lópezobradorismo-marxista.

       La Anécdota

Las monarquías suelen arraigarse en los pueblos que se olvidan de la historia. En México, por desgracia, abundan los amnésicos; y allá por Tlaxcala descubrí en las bancas de la plaza principal unas siglas que honran ¡a Castilla! Les cuento: las iniciales I K F que coronan el escudo de la entidad no son sino las de la reina Isabel, el rey Carlos y su descendiente Felipe de España. Y el castillo que se observa emula los de la Hispania violenta.

Me molesta que permanezca tal sumisión absurda. Lo mismo cuando se nombra “La Malinche” –la traductora de Cortés que se convirtió en su amante-, al majestuoso volcán que da marco a todas las ciudades de Tlaxcala: Matalcóeyetl. Comencemos por aquí para librarnos de la antigua opresión que ha continuado por otras vías, las de la democracia mentirosa.

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