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Desafío: Una tras otra / Bandera verde

Por Rafael Loret de Mola

Hagan sus apuestas porque el tiempo corre a una velocidad que se lleva los días de la 4T entre una polvareda de miles de caballos de fuerza casi extintos, agotados por girar alrededor del mismo palo encebado. Fíjense en 66 meses y medio ya se agotó la verborrea sobre la corrupción y el estandarte de la nueva administración modificó los rostros de los héroes por los de quienes más representan el espíritu de Andrés: él, por supuesto, como abanderado para disgusto del espíritu de Juárez; Bartlett en vez de Madero –por aquello de que es espejo de Victoriano Huerta quien liquidó al mártir-, Zoé Robledo en vez del Cura Hidalgo por cuanto a las matazones; Durazo Montaño, ahora falsamente victorioso en la hollada Sonora, como Morelos en una elegía perfecta de la perturbación y el dolor de cabeza, y finalmente la señora Claudia Sheinbaum, con su rostro de mártir expoliado, para favorecer a la mujer como hizo en sus tiempos Lázaro Cárdenas y en lugar de Doña Josefa, la Corregidora. Y todo quedará igual como en el gatopardismo de Tomasi de Lampedusa. Recuerden también “El Gatopardo de Andrés” –Fundación Loret de Mola-.

La apuesta del presente es muy sencilla y mucho más redituable, intelectualmente cuando menos, a la tenebrosa rifa del avión presidencial que terminó en Tayikistán y no por consecuencia de la pandemia; si tanto era su lujo –jamás lo he visto por dentro ni quiero-, bastaba con adaptarlo a una mediana austeridad para que el dueño del mismo, Banobras se supone que lo remató, pudiera ofrecerlo al presidente de la República sin avergonzarlo y dotándolo de una cocina adecuada para adobar el pavo de monte –en extinción-, el platillo favorito de egregio mandante pelafustán. Faltaría más.

Sucedió lo mismo que con la pandemia, oficialmente terminada; creció rebasando a las inútiles medidas del informador –no epidemiólogo-, Hugo López-Gatell, usurpador de funciones presidenciales con su indiscutible talento para repetir a través de 400 conferencias vespertinas, ya retiradas del aire, las mismas tendencias y el absurdo sobre la disponibilidad de camas pese a los contagios diarios superiores a los tres mil quinientos pacientes –esto es igualito a la multiplicación bíblica de los panes y los peces-, y los pronósticos variables sobre cuál sería el tope o pico máximo. No debería tener otro destino que no fuese la prisión.

Volvemos, ya situados en el oscuro presente, a nuestra apuesta: ¿quién cree que van a terminarse las obras prometidas durante lo que falta de los cuatro meses del periodo de Andrés Manuel? O bien, ¿cuál será la obra que sí sea útil y no como el descarrilado trenecito o el desdeñado AIFA? Los momios están elevados a un diez por uno en contra según recojo de los amables lectores que me siguen, incluyendo a los habituales perros de caza, dispuestos para cuidarme, pues si algo me pasa será sencillo seguir la línea de las babas.

Así como el célebre tren entre la Ciudad de México y Toluca que se erosiona cada día o los restos del aeropuerto de Texcoco cuya finalización habría salido más barata que construir uno nuevo en Santa Lucía con gasto inicial de once mil millones de pesos, tres mil más de lo presupuestado para el primero. ¡Ah! Lo olvidaba: se trataba de darle un golpe a la corrupción de cuantos especulaban con el AICM destazado por las fieras de la 4T. Pero, entonces, ¿quiénes y dónde están los corruptos? ¿Siguiendo algún proceso judicial por el deterioro causado a la nación al suspenderse la construcción por causa suya? Pues no; han sido invitados a invertir en el nuevo aeropuerto lo que dibuja la calca de la mayor corrupción de la historia.

Y lo mismo va para los grandes huachicoleros que la libraron mientras estallaba un ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, con saldo de 137 muertos en enero de 2019, muchos más que los asesinados por Peña en las masacres de Tlatlaya, Tanhuato y otras más, sin olvidar a los desaparecidos de Ayotzinapa, los 43, que no se comparan con el medio centenar o más de los que se volatizaron tras las protestas en Jalisco por la policía criminal y el artero asesinato de Giovanni López. Ahora, está más fuerte que nunca el huachicoleo. ¡Qué bien, AMLO!

       La Anécdota

¿Cuánto invirtió la Presidencia en la compra de decenas de banderitas verdes para anunciar las obras del tren maya en la primera gira de la ignominia al sureste hace tres años?

No quieren decirlo porque, eso sí, dieron lugar a la escena más grotesca de cuánto va del periodo amlista: en junio de 2020, en el punto más álgido de la pandemia, el mandatario de los pobres agitó la banderola mientras veía pasar a la chatarra ferrocarrilera que dice proteger el sindicato más corrupto del país liderado por el veracruzano abyecto Víctor Flores Morales, el empistolado cuyo vestuario iba acompañado de una niña con minifalda y curul cuando fue diputado.

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