InicioNacionalEL ASESINATO DE MANUEL BUENDÍA, UN ASUNTO DE NARCOPODER

EL ASESINATO DE MANUEL BUENDÍA, UN ASUNTO DE NARCOPODER

*El asesino intelectual del periodista Manuel Buendía, José Antonio Zorrilla se encontraba preso desde 1989

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México
(Primera de tres partes)

Ciudad de México.- El miércoles 30 de mayo de 1984, a las seis y media de la tarde, fue asesinado en el Distrito Federal el periodista Manuel Buendía.

Empezaba a oscurecer, Buendía había abandonado su oficina en el número 58 de Insurgentes Centro y se dirigía al estacionamiento por su coche. Un joven moreno y delgado, con el pelo al rape ocultado por una gorra de beisbolista, se deslizó sobre sus tenis hasta alcanzarlo, jaló la gabardina que Buendía gustaba echarse como un capote sobre los hombros y le disparó por la espalda a quemarropa, cinco veces, sobre el pulmón izquierdo, a la altura del corazón.

El asesino huyó por Insurgentes, en el perímetro de la Zona Rosa, que era altamente vigilada por policías y militares en esos años por el alto número de personalidades que comían en sus restaurantes, sin que tuviera mayor problema para escapar. Se subió a una motocicleta y se fue a esconder a las instalaciones de la DFS, a unas cuantas cuadras de ahí.

Zorrilla Martínez llegó con sus principales comandantes a la oficina de Buendía y tomó ilegalmente las riendas del caso. Cuando se le persiguió en el gobierno de Carlos Salinas, él y los comandantes que hicieron la investigación fueron a la cárcel, junto con Manuel Ávila Moro, nieto de un presidente de la República, acusado de haber jalado el gatillo.

En realidad, Ávila Moro, agente de la DFS y rockero, no había sido el victimario, sino quien manejó la motocicleta en la que el responsable directo de la ejecución escapó. Éste, descrito por testigos como un tipo alto y fornido, aunque delgado, con una gorra y un corte de pelo estilo militar, resultó ser un coronel que, tres días después de ese crimen, apareció asesinado en Zacatecas con más de 120 puñaladas en el cuerpo.

El asesinato de Buendía fue fraguado con sólo 30 días de antelación, luego de que el columnista retomara en dos columnas una declaración de finales de abril de aquel año de los obispos del Pacífico sobre la penetración del narcotráfico en las estructuras del poder.

A través de pedazos de los detalles de su asesinato recogidos arqueológicamente por los años, se pudo establecer que, como consecuencia de ellas, el secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, convocó a una reunión donde se decidió el destino de Buendía.

Creía, de acuerdo con la información que ha salido a cuentagotas en casi un cuarto de siglo, que Buendía tenía información que vinculaba al Ejército y a altos funcionarios del gobierno federal con el narcotráfico, y que la daría a conocer en su famosa columna Red Privada.

En la reunión estuvieron funcionarios de la Secretaría de Gobernación, proveedores de armas para el Ejército, Zorrilla Martínez y varios comandantes de la DFS, un par de ellos asesinados años después en actividades relacionadas con el narcotráfico.

Una investigación paralela de Samuel del Villar, en ese entonces el cruzado de la renovación moral en Los Pinos, establecía que ante la crisis económica que sufría el gobierno de De la Madrid, se elaboró una política secreta donde el gobierno se haría de fondos del narco mediante la protección de los campos de cultivo.

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