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EL ATENTADO DE BLANCORNELAS

*Las masacres de El Limoncito y El Sauzal, donde fueron asesinados brutalmente 34 personas entre niños, mujeres, ancianos y hombres adultos 

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Séptima y última parte)

Ciudad de México.- En abril del 96, Sergio Moreno Pérez, ex delegado en Tijuana y su hijo Osmani Moreno Burgos, fueron secuestrados en Tijuana en el mes de mayo, al igual que el licenciado Arturo Ochoa Palacios, titular de la Delegación. Días después sus cuerpos sin vida fueron localizados en el Estado de México.  

El 19 de julio, el comandante Isaac Sánchez Pérez, al llegar a su domicilio en la Ciudad de México, fue acribillado. Un mes después, el coordinador de Ministerios Públicos Jesús Romero Magaña, fue también asesinado a las puertas de su domicilio. Se dijo que su victimario había sido «El Tiburón» y que ambos eran amigos, ya que también el funcionario estaba al servicio de los Arellano.    

José Francisco Sánchez Naves, subdelegado y su escolta Gerardo Valderrama Aguilar, fueron ametrallados a una calle de la entonces sede de la PJF, en Reforma y Jaime Nunó, colonia Guerrero, en el Distrito Federal.  

Antes los dos ya habían sufrido un atentado en Acapulco, Guerrero. Los asesinos, sicarios de los Arellano, huyeron sin problemas ante la mirada de cuando menos 250 agentes federales que no pudieron o no quisieron reaccionar.  

Ernesto Ibarra Santés, comandante de la PJF, acérrimo enemigo de los Arellano y quien en 1993 había capturado a Francisco Rafael, fue ametrallado junto con tres de sus escoltas, así como el taxista que habían contratado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, al llegar procedentes de Tijuana. Antes, en el mes de septiembre, en la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, el subdelegado Jorge Rodríguez Bazaldúa también fue acribillado al llegar a su casa.  

En octubre fueron secuestrados, torturados y asesinados a batazos (sus cuerpos fueron atados con alambres de púas, amordazados y encobijados), el comandante Jorge García Vargas, el ex comandante Miguel Ángel Silva Caballero, «El Chico Changote» y cinco agentes más, que, curiosamente, también habían estado comisionados durante un tiempo en Tijuana. 

El atentado contra el periodista Jesús Blancornelas, las masacres de El Limoncito y El Sauzal, donde fueron asesinados brutalmente 34 personas entre niños, mujeres, ancianos y hombres adultos; el crimen del jefe de la Policía Judicial de Tijuana, Alfredo de la Torre Márquez, el asesinato del fiscal especial Odín Gutiérrez Rico, el secuestro y la ejecución del coordinador de Ministerios Públicos José Luis Patiño Moreno, los del Ministerio Público Federal Oscar Pompa Plaza y el capitán Rafael Torres Bernal, fueron otros de sus crímenes.  

La ejecución de los abogados Gustavo Gálvez Reyes, defensor de «El Chuy» Labra, hijo del comandante federal Gustavo Gálvez, apodado «El Súper Ratón», quien acostumbraba interrogar a los detenidos bajo la amenaza de una vieja leona desdentada a la que azuzaba contra el interrogado cuando no admitía su culpabilidad; y Eugenio Zafra, la de Jesús «El Bebé» Gallardo Vigil y muchos otros asesinatos más, se les atribuyeron a los Arellano Félix, sin contar aquellos que por su irrelevancia no fueron conocidos.  

 También se les adjudicaron los asesinatos de los magistrados Benito Andrade Ibarra y Jesús Ayala Montenegro, quienes resolvieron de manera negativa asuntos relacionados con Los Arellano. 

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