InicioPortadaNacional“EL AZUL”: EL MISTERIO DE SU MUERTE, SIN CONFIRMACIÓN

“EL AZUL”: EL MISTERIO DE SU MUERTE, SIN CONFIRMACIÓN

*A seis años de que supuestamente murió a causa de un infarto fulminante, ninguna autoridad federal ha podido confirmar si en realidad el emblemático narcotraficante murió

*No existe, hasta ahora, ningún trabajo de investigación que despeje el misterio que envuelve la supuesta muerte de quien fue uno de los capos más avezados y eficiente negociador entre grupos antagónicos

*Hasta la fecha, la muerte de Juan José Esparragoza Moreno es un misterio que sigue sin despejarse

Ricardo Ravelo/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Ciudad de México.- El 12 de febrero de 2005, Art Werge, vocero del FBI en El Paso, Texas, anunció que había una recompensa de 5 millones de dólares para quien proporcionara información que llevara a la captura de Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, entonces señalado como uno de los principales capos del cártel de Sinaloa.

Werge se refirió entonces al “Azul” con estas palabras: “Ha tenido la capacidad de formar estructuras muy bien organizadas en las que participan funcionarios, policías y militares e incluso importantes mandos del Ejército Mexicano.

Añadió que esas agencias lo consideran –o lo consideraban –uno de los personajes clave en el narcotráfico mexicano por los nexos que sostiene desde hace varios años con narcos colombianos para transportar cocaína a Estados Unidos. Es justamente por ese perfil tan superior que la Drug Enforcement Adminstration (DEA) ofreció en el año 2005 una recompensa de 5 millones de dólares a quien de información sobre su paradero.

El vocero de la DEA describió así a Esparragoza Moreno:

“Es muy peligroso, siempre anda armado y cuenta con un fuerte equipo de seguridad que lo cuida. En México, sin embargo, la percepción de las autoridades es otra: que “El Azul” era (o es) un capo más proclive a la negociación que a la beligerancia.

En el sexenio de Vicente Fox, “El Azul” vivió cómodamente en el estado de Morelos, cuna de viejos capos mexicanos. Era gobernador el panista Sergio Estrada Cajigal, quien según la PGR tenía una relación tan estrecha con Nadia Gastélum –la hija de “El Azul” –a tal grado que circuló el rumor de que era su novia.

Durante los primeros años de la década pasada, el aeropuerto de la ciudad de Cuernavaca era controlado por Esparragoza para hacer descender aviones cargados con drogas procedentes de Sudamérica. Los cargamentos aterrizaban sin mayores contratiempos en esa terminal aérea donde decenas de policías municipales y estatales protegían la mercancía y luego la transportaban a lugares seguros.

La red que protegía al “Azul” empezaba, según las autoridades de la PGR de esa época, en el gobernador Estrada Cajigal, quien fue investigado por Vicente Fox pero nunca ejercitó acción penal en su contra. En resumen: Fue protegido por el entonces presidente.

“El Azul” fue en ese momento la segunda baja importante que sufrió el cártel de Sinaloa. La primera fue Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, detenido en enero de 2014 tras mantenerse impune doce años. Antes, en 2010, había caído abatido a tiros Ignacio “Nacho” Coronel, quien tenía bajo control la plaza de Guadalajara. Actualmente esta plaza –una de las más boyantes para el crimen organizado –está dominada por el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y su jefe, Nemesio Oseguera, “El Mencho”, tan sanguinario como habilidoso para corromper autoridades de todos los niveles.

Esparragoza Moreno se caracterizó en el mundo del crimen organizado por su inteligencia, pero también por sus andanzas e historias. En 1984, ya era todo un personaje. Perteneciente a la vieja guardia de narcotraficantes, formaba parte de una generación de capos hoy extinguida, todos ellos miembros del viejo cártel de Guadalajara, encabezado en los años setenta por Miguel Ángel Félix Gallardo –el jefe de jefes –y cuyos integrantes eran Ernesto Fonseca, Rafael Caro Quintero, Emilio Quintero Payán, Miguel Salcido Uzeta, “El Cochiloco”, y Pablo Acosta Villarreal, dueño del pueblo de Ojinaga, Chihuahua, entre otras figuras emblemáticas más. Todos ellos eran dueños y señores de las principales plazas del narcotráfico: Guadalajara, Sinaloa, Durango, por mencionar sólo tres principales rutas de la droga.

Contrario a la violencia y proclive a la negociación, Esparragoza Moreno sobrevivió durante varios lustros a guerras, persecuciones, balaceras y desapariciones. Con ello, dio muestras de su habilidad. También evadió las persecuciones de la PGR y del Ejército y en las esferas oficiales se le consideró un personaje extremadamente hábil para desaparecer en el momento preciso y sin dejar rastro, pues solía ser evasivo y escurridizo.

A principios de los años ochenta, el general Jorge Maldonado Vega, quien estuvo preso por estar relacionado con Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, tuvo un acercamiento con Esparragoza Moreno. Se lo presentó Javier Barba Hernández, miembro del cártel de Guadalajara, quien por aquellos años era un porro de la Universidad de Guadalajara y quien posteriormente ingresaría a las ligas mayores del narcotráfico, gracias a cierto carismático liderazgo, hasta que fue ejecutado durante un enfrentamiento en Mazatlán, Sinaloa.

Maldonado Vega tenía, en aquella ocasión, la encomienda de quemar seis toneladas de mariguana que había asegurado el Ejército en Guadalajara y Barba Hernández le solicitó una entrevista. El tema: negociar que la droga fuera entregada a la entonces Policía Judicial Federal. En ese encuentro, Maldonado Vega pudo conocer a otros capos: Rafael Caro Quintero, Emilio Quintero Payán, Ernesto Fonseca, “Don Neto” y otros más, quienes estaban interesados en llevar a cabo la negociación para que la droga no fuera destruida.

“Hay de uno hasta cinco millones de dólares”, soltó la oferta Javier Barba al general Maldonado Vega. Lo único que debía hacer era entregar el cargamento a la policía, le dijo. El militar se negó, de acuerdo con lo expresado en su testimonio ministerial.

–La droga no se negocia: la voy a quemar y quiero respeto a mi trabajo. Si alguno de ustedes se mete, lo voy a arrestar. Cada quien en lo suyo –dijo enérgico el militar.

–Esos son güevos, mi general, permítame que le bese la mano –comentó irónico “El Azul”, quien se levantó de su asiento y se dirigió hasta él. Le tomó la mano y le dio un beso como signo de reconocimiento a su autoridad.

Acto seguido, el resto de los asistentes a la reunión hicieron lo mismo. Al día siguiente la droga se quemó en el mismo lugar donde se había detectado el plantío, en las faldas del cerro de Tequila, muy cerca del poblado de Santiaguito.

Si realmente murió, como sostuvo su familia, Esparragoza Moreno quedó envuelto en una humareda de misterio. Ninguna autoridad confirmó oficialmente su muerte. Nadie pudo ver el cuerpo y nada se sabe respecto de dónde fueron depositadas sus cenizas, pues se afirma que fue cremado.

Según información del semanario “Riodoce”, un personaje que sólo se identificó con el nombre de “Manolo” acudió a la parroquia del Espíritu Santo, ubicada en la colonia Las Quintas de Culiacán, Sinaloa. Ante el sacristán de la iglesia dijo que iba a apartar una novena de misas para el difunto José Moreno. Acto seguido, se registró el nombre del fallecido, los días de las misas, la hora –todos los días a las 7:15 PM –, hizo un pago para los arreglos de la parroquia y se marchó.

El periódico semanal “Riodoce” informó que las misas eran para el capo Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”. Se realizaron el martes, miércoles y jueves. Todas a la misma hora. A las homilías acudieron personajes del hampa ampliamente conocidos, así como allegados a la familia Esparragoza Moreno.

En la parroquia se desplazaban María de los Ángeles Beltrán Caro y su hija Rocío Quintero Beltrán, quien es hija del legendario Lamberto Quintero y viuda de Juan José Esparragoza, un hijo de “El Azul” que murió hace ocho años como consecuencia de un accidente: se cayó de un edificio.

Algunos políticos, como el entonces gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, soltó al ser cuestionado sobre la muerte de Esparragoza Moreno: “Sólo son rumores, no tenemos nada oficial”.

De gira por España, el entonces procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, dijo: “No podemos confirmar nada. Yo no tengo información”.

Y mientras la familia Esparragoza Moreno estaban “en duelo”, las autoridades federales guardaban silencio. No confirmaron, pero tampoco lo negaron. El velo de misterio envuelve al “Azul”, quien vivió como murió: cobijado por las sobras.

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