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EL CASO POSADAS

“EL POPEYE”, EJECUTOR DEL CÁRTEL DE LOS ARELLANO FÉLIX

*Autor material del asesinato del cardenal de Guadalajara, junto con el “Güero Jaibo”, debía ser recibida con satisfacción por la sociedad jalisciense y la Iglesia Católica

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Segunda de tres partes)

Ciudad de México.- Néstor Ojeda, del periódico Público, 27 de enero de 2008, comentó que la captura de Alfredo Araujo Ávila, “El Popeye”, ejecutor del cártel de los Arellano Félix, líder de los sicarios del Barrio Logan en San Diego y autor material del asesinato del cardenal de Guadalajara, junto con el “Güero Jaibo”, debía ser recibida con satisfacción por la sociedad jalisciense y la Iglesia Católica.

Desgraciadamente, será el punto de partida para el renacimiento de la campaña que sobre la muerte del prelado construyeron para su beneficio su sucesor, Juan Sandoval Iñiguez y dos conspicuos ultraderechistas, Fernando Guzmán Pérez Peláez y José Antonio Ortega Sánchez, presidente del llamado Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, dijo.

Amparados en la lamentable inclinación de algunos sectores de la opinión pública a dar por ciertas las más disparatadas teorías del complot, “este trío de facinerosos de la ultraderecha tapatía han logrado mantener durante lustros la especie de que hubo una conspiración desde el poder político para ejecutar al arzobispo Posadas, y para ello no han reparado en mentir, difamar, inventar y comprar testigos, falsear pruebas y presionar a cuatro administraciones federales, cuya falsedad ha sido demostrada sin lugar a dudas por el exprocurador Jorge Carpizo y el periodista Julián Andrade”.

El periódico Milenio de Jalisco, 24 de mayo de 2013, informó que se cumplían 20 años del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y que era un hecho “que hasta el FBI había confirmado la teoría de la confusión que sostuvo la PGR, entonces encabezada por el ahora finado Jorge Carpizo McGregor”.

Carlos Loret de Mola, periódico El Informador, 25 de febrero de 2014, expresó que el “Chapo” Guzmán contó que mandó asesinar a Ramón Arellano, pero no al cardenal Posadas, sobre cuyo caso respalda la versión oficial de que todo fue una confusión, “yo pensé que los Arellano venían en el Grand Marquis, eso me dijeron mis escoltas”.

Y en entrevista para Milenio, el reportero Javier Lozada informó el martes 30 de abril de 2002, que de triunfar la tesis que promueve el complot en el asesinato del cardenal Posadas Ocampo, el retroceso en la procuración de justicia sería inmenso, su efecto inmediato sería terrible porque, entre otros, “el asesino directo del cardenal pudiera quedar libre”.

De ganar la tesis de la conjura, se enviaría un mensaje al cártel del narcotráfico de que aun tras matar a un cardenal, “las cosas se pueden arreglar”, al tiempo que denunció “a la ultraderecha política y económica de Jalisco de actuar en connivencia con el arzobispo Juan Sandoval Iñiguez y con capos de la peor ralea”.

Carpizo McGregor aseguró ante Javier Lozada que esa ala extremista de la Iglesia quiere un mártir para canonizar a Posadas y ascender a Sandoval, y a políticos jaliscienses encabezados por Fernando Guzmán, en sus particulares ambiciones y las ramas de esa hidra llegaron ya a la PGR por medio de la subprocuradora María de la Luz Lima Malvido.

Cuando se escribió el libro “Asesinato de un Cardenal”, los autores se dieron cuenta de que todo el que quiso y pudo se lanzó a ver que usufructuaba sobre el cadáver de Posadas. Grandes personajes, medianos personajes, gangsters, delincuentes, todo mundo que tuvo oportunidad…

Humberto Rodríguez, “La Rana”, principal sicario de los Arellano Félix, pidió dinero al Grupo Jalisco y le dijeron que “eso sólo lo podía autorizar el cardenal. Por lo pronto, lo sacaron de Almoloya y lo mandaron a Tlaxcala, no obstante estar sujeto a siete procesos. Hay testimonios sustentados en pruebas que están en el expediente”.

En cambio, se dijo que “el asesino del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo estuvo siempre en casa, pues desde la Procuraduría General de la República se ordenó el asesinato del prelado, ya que éste contaba con documentación que comprometía a Carlos y Raúl Salinas de Gortari, involucrados en el narcotráfico”.

Era la tesis de Sandoval Iñiguez según el reportero Javier Divany Bárcenas, de El Universal Gráfico. En junio de 2001.

El escándalo nuevamente se daba contra los Salinas, luego de que el cardenal Juan Sandoval Iñiguez acudiera a Roma para entregar un documento en el Vaticano en el cual señalaba que el homicidio de Posadas Ocampo “fue un crimen de Estado”.

Entre los presuntos responsables de haber ejecutado y orquestado una confusión (¿?) por la balacera llevada a cabo entre dos grupos de narcotraficantes, en el aeropuerto de Guadalajara, aquel mayo de 1993 , se encontraban el exfiscal antidrogas general Jesús Gutiérrez Rebollo y Jorge Carrillo Olea, aunque no se habían mencionado los nombres de los responsables que mencionaba Sandoval Iñiguez.

De acuerdo con el diario Il Giornale el documento presentado por Sandoval advertía que “un alto oficial antinarcóticos, que no ha sido identificado (¿?), fue quien convocó a dos grupos de narcotraficantes y en medio quedó el cuerpo sin vida del arzobispo”.

Pero el fanático jalisciense iba más allá: el primer grupo convocado habría cumplido con el homicidio, el segundo coordinado por el jefe policiaco habría cubierto a los sicarios y un tercer grupo (¿?) habría aislado la zona…

Mínimo, las autoridades calificaban sigilosamente a Sandoval como perturbado y como remoto aspirante a suceder a Juan Pablo II…y se lamentó que de un total de 140 balas disparadas aquella tarde de mayo de 1993, once acribillaron al religioso.

Cansado del demencial comportamiento del religioso, Jorge Carpizo McGregor pidió directamente a Juan Pablo II “disciplinar” al cardenal de Guadalajara, a quien su círculo más cercano ya lo nombraba como Juan XXIV…

Isabel Zamorano, de El Sol de México, añadía el 5 de junio de 2003, que según el exprocurador, “Sandoval debía conducirse de acuerdo con la verdad y la moral, pues había dañado arteramente a México y ponía en tela de juicio la honorabilidad del Episcopado Mexicano”.

El doctor Carpizo solicitó también al Papa que disciplinara al cardenal para que terminara con las bajezas morales en que había incurrido y no siguiera lucrando con la justicia y la fe, tomando como pretexto la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

También denunció Carpizo que Sandoval mantenía la tesis del complot para llama la atención sobre su persona en el proceso de sucesión del Papa Juan Pablo II.

La Iglesia Católica estaba sufriendo la politización y las mentiras del caso, pues “muchos sectores de la sociedad se informan, ponderan y concluyen, no se les puede engañar y se dan cuenta de lo que sucede”.

La carta, difundida en la ciudad de México, precisa que la prueba del complot que promovía Sandoval, cabeza del grupo Jalisco, de la cual se habían presentado 17 diferentes y contradictorias versiones no cuenta con pruebas. Las que aportaron fueron obtenidas con entrega de dinero, bienes y beneficios a los testigos, “muchos de éstos con trastornos mentales que, se ha comprobado, han presentado declaraciones inducidas”.

El grupo Jalisco, dijo Carpizo McGregor, había venido visitando a narcotraficantes en las cárceles para convencerlos de que “declararan a favor de la tesis del complot y atacaran al exprocurador sin misericordia”.

Los promotores de esa tesis, habían usurpado funciones constitucionales que pertenecen en exclusividad al Ministerio Público y mintieron en sus declaraciones ministeriales y a los medios de comunicación.

El testimonio de los obispos jurista Luis Reynoso, (ya fallecido en 2003), y el arzobispo de Chihuahua, José Fernández Arteaga, representantes de la Conferencia del Episcopado Mexicano, coincidía con el de los cuatro procuradores generales de la República, en que no existen pruebas que fundamenten el complot y que los testigos presentados para sustentarlo son inverosímiles, falaces, “los miembros del grupo Jalisco pasan por alto la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia, así como lo han hecho con los principios éticos de la comunicación: la sinceridad, la honradez y la verdad”.

Sólo en la mente de un escritor de ciencia ficción puede desarrollarse la fantasía de conjurar tres grupos de delincuentes enemigos (entre sí, actuar) organizados, y aparentar un enfrentamiento para que el supuesto y no probado tercer grupo homicida ejecute el crimen y de paso también maté a dos de los elementos de la banda del “Chapo” Guzmán, se dijo.

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