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EL CASO POSADAS

EL “FAMOSO TIROTEO

*Costó la vida del cardenal Posadas y seis personas más en el Aeropuerto de Guadalajara, el 24 de mayo de 1993, no sólo provocó encontronazos simbólicos entre religiosos y laicos, sino que desató la ambición papal de Juan Sandoval Iñiguez

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Primera de tres partes)

Ciudad de México.- El famoso tiroteo que costó la vida del cardenal Posadas y seis personas más en el Aeropuerto de Guadalajara, el 24 de mayo de 1993, no sólo provocó encontronazos simbólicos entre religiosos y laicos, sino que desató la ambición papal de Juan Sandoval Iñiguez: acusó del homicidio al Presidente Carlos Salinas y de encubridores a los funcionarios Jorge Carpizo, Jesús Murillo Karam, Diego Valadez, Antonio Lozano Gracia, Jorge Madrazo, Rafael Macedo de la Concha, Daniel Cabeza de Vaca, Eduardo Medina Mora Arturo Chávez Chávez y Marisela Morales.

De hecho, sus amigos llegaron a calificarle como “Juan XXIV” y, soberbio en su fanatismo, Sandoval Iñiguez aseguró que Alfredo Araujo Ávila, “El Popeye”, uno de los autores materiales del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, fue “comprado” para que confirmara la versión original del crimen.

Lo anterior fue enfatizado el26 de mayo de 2014 por el investigador Jorge Fernández Menéndez, (periódico El Informador), quien añadió que siempre se tejieron innumerables historias y cada vez más mitos, en torno a la muerte del cardenal y que ha habido personajes, como su sucesor, “el ahora retirado cardenal emérito Juan Sandoval Iñiguez, que han querido convertir su muerte en un gran complot político en el que nadie puede explicar quién sería el real beneficiario”.

Un grupo encabezado por Sandoval repitió una y otra vez la versión mencionada, acusando de complicidad a todos los procuradores pero jamás mostró, ni al público ni a las autoridades, una sola prueba que respaldara sus dichos.

Para comprender más allá de las declaraciones, expresó el experto Jorge Fernández Menéndez, lo que estaba en el fondo de una insistencia de dos décadas, había que hacer historia:

Juan Sandoval Iñiguez fue obispo coadjutor y luego obispo en Ciudad Juárez en los años de crecimiento del cártel de Amado Carrillo. El cardenal Sandoval llegó a Guadalajara desde Ciudad Juárez con un bajo perfil político y poca relación con Girolamo Prigione, el entonces poderoso nuncio apostólico que negoció con el gobierno de Salinas y el cardenal Posadas que fue una pieza clave en esa negociación, la reanudación de las relaciones Iglesia-Estado. “Pero su designación coincidió con la salida de Prigione y la llegada del nuncio Justo Mullor, que planteaba una posición mucho más militante de la Iglesia. Mullor venía de ser nuncio en Lituania, Estonia y Letonia e identificaba al régimen priista con el soviético”, indicó Fernández Menéndez.

Todo ese grupo le dio un fuerte apoyo a la candidatura de Fox pero, una vez en el poder, Fox chocó con ellos porque pretendía una fuerte purga en contra del priismo y terminaron enfrentándose, incluso con el cardenal Norberto Rivera y una amplia corriente de la Iglesia Católica mexicana. Dentro del propio gobierno fueron calificados como fundamentalistas y Mullor debió dejar finalmente la Nunciatura.

En ese contexto y con ese patrocinio creció la figura del cardenal Sandoval y fue cuando el grupo comenzó a revivir la tesis del “asesinato de Estado” contra el cardenal Posadas.

Por su parte, Juan Jesús Aznarez, del periódico El País, (miércoles 1 de octubre de 2003), informó que desde la guerra cristera, 1926-1929, no sucedía en México un hecho semejante. El caso del cardenal Juan Sandoval asombraba e ilustraba. Había sido acusado por su enemigo jurado, el exfiscal general Jorge Carpizo, de lavar dinero del narcotráfico e integrar una supuesta estrategia de la Iglesia católica para financiarse con fondos de turbia procedencia en todo el mundo.

El prelado, arzobispo de Guadalajara entonces, no es minusválido y llamó asesino al jurista. El cruce de cargos no se sustentaba con pruebas, pero el escandalo era mayúsculo y la justicia investigaba.

Jorge Carpizo era fiscal general y negaba la tesis del crimen de Estado en la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo durante un tiroteo registrado el 24 de mayo de 1993 en el aeropuerto de Guadalajara cuando era presidente de México Carlos Salinas de Gortari, (1988-1194).

El fiscal atribuyó el homicidio a un accidente: al fuego cruzado entre bandas de narcotraficantes. E inculpaba a Sandoval y a Posadas en el auge de los cárteles de Juárez y Tijuana a cambio de “narcolimosnas”. Según Carpizo el cardenal compadreó con los capos, bendijo sus residencias y familias y utilizó el caso Posadas como escudo para desviar la atención sobre su supuesta connivencia con el delito.

El especialista Roberto Blancarte señaló, dijo Aznarez, que “muchos de los narcotraficantes, según es del dominio público, como buenos católicos contribuyen con dinero en sus localidades a la construcción de templos y otras obras de caridad o de beneficio social administradas por la Iglesia”.

Jaime García Elías, columnista y conductor radiofónico, comentó el 12 de mayo de 2004, que ocho de los 13 procesados por los hechos ocurridos la tarde del 24 de mayo de 1993, en el aeropuerto de Guadalajara, fueron condenados a 40 años de cárcel.

Al margen de la hipótesis que el cardenal Sandoval defendía, pero que, evidentemente no sustentaba, los indicios, testimonios y demás que él y quienes pensaban como él habían aportado, no habían conseguido reconocimiento como elementos probatorios, “la juez Felícitas Velázquez Serrano resolvió, al cabo del estudio del voluminoso expediente, que los ahora sentenciados tenían la intención deliberada de asesinar a Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien llegaría esa tarde al aeropuerto, vestido de negro, en un Grand Marquis blanco”, añadió Jaime García Elías.

Jorge Carpizo, según publicación de la UNAM, dijo que estaba convencido que el caso Posadas debía haberse concluido hacía años, cuando fue obvio que las supuestas pruebas del mal llamado Grupo Jalisco eran fabricadas, inducidas, puras especulaciones o simples chismes.

“Conozco que el caso Posadas continuará. El mal llamado Grupo Jalisco no puede retroceder y aceptar que está equivocado porque, entonces, estaría admitiendo todos los probables delitos que con ese pretexto ha cometido, que ha engañado y mentido a la sociedad sin pudor alguno”, afirmaba el exprocurador.

Si el caso concluyera, los elementos del grupo Jalisco, para Carpizo, “como personas, se harían polvo. Sus carreras, ya sean de carácter religioso, político, en organizaciones profesionales o sociales, concluirían, pero lo más grave para ellos consistiría en que sus cualidades morales quedarían al desnudo”.

Jaime García Elías volvía a la carga: “La pieza maestra en el episodio del aeropuerto sería un supuesto sobre amarillo que monseñor Posadas tenía en su poder, que alguien le había hecho llegar, que supuestamente tendría información que el señor arzobispo tenía urgencia de hacer llegar al nuncio apostólico Girolamo Prigione, a quien Posadas acudió a esperar al aeropuerto cuando ocurrió a balacera entre bandas de narcos que le quitó la vida, junto a seis personas más y sobre amarillo que algún supuesto agente de la Policía Judicial sustrajo del automóvil del prelado en los minutos de confusión siguientes a la balacera”.

También expresó en su oportunidad García Elías que “si hubo, desde el principio, testimonios de que Posadas decidió recibir personalmente al nuncio Girolamo Prigione a última hora, es decir, si hasta dos horas antes de hacerlo no pensaba ir al aeropuerto, ¿cómo podría simularse un enfrentamiento de narcotraficantes, a partir de que comunicó su decisión a personas de su absoluta confianza?, ¿Cómo podían los autores intelectuales del supuesto complot traer desde Tijuana a los gatilleros que participaron en la zacapela, varios de los cuales llegaron con días de anticipación a Guadalajara y ahora varios de ellos fueron sentenciados a 40 años de prisión, por su participación probada y confesa en esos hechos?

Agregó que el Presidente Salinas pudo haber tenido como presidente y como hombre, todos los defectos que se le señalan, pero sería necio regatearle méritos como el padre que fue de la reconciliación del Estado con la Iglesia.

Siglo y medio, en números redondos, después de las Leyes de Reforma, el fue el principal promotor de la idea de sepultar los reconcomios del pasado de dar a las entidades religiosas la personalidad jurídica que se les había quitado, de devolver a los ministros de culto la calidad de ciudadanos y de restablecer las relaciones diplomáticas entre uno de los bastiones de la Iglesia Católica en el mundo, y la sede temporal de dicha iglesia.

Y en las negociaciones orientadas a ese objetivo, una de las claves tuvo que ser la relación necesariamente tersa.

En el año 2005 juristas de la UNAM afirmaron que el caso del homicidio del cardenal Posadas debía cerrarse ya porque los argumentos para reabrirlo una y otra vez están basados en necedades y en pruebas sin sustento, como ha quedado demostrado una y otra vez.

Personajes como la exministra Olga Islas, los investigadores Héctor Fix Zamudio y Enrique Díaz Aranda, así como el exsubprocurador de la PGR, Ricardo Franco Guzmán, coincidieron en señalar que el caso Posadas estaba agotado, que el llamado Grupo Jalisco perseguía fines inexplicables en su lucha por reabrir una y otra vez la investigación y sobre todo que el alud de pruebas llevaba a sostener que jamás hubo complot o confabulación para asesinar al prelado. Lo que sí hubo y existían innumerables pruebas fue en encuentro a tiros entre sicarios de dos cárteles de las drogas en el aeropuerto de Guadalajara el 24 de mayo de 1993, “lo que sí hubo fue una confusión y la muerte lamentable del cardenal”, aseguró Olga Islas. Ricardo Franco añadió que en esta investigación como en otros crímenes que han llamado la atención de la opinión pública, “siempre habrá alguien que se oponga y quiera decir la última palabra, pero en el caso Posadas todo indica de manera contundente que no hubo confabulación para asesinarlo”.

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