InicioReportajes EspecialesRetropolicíacaEL "CRIMINAL NATO" (3/4 PARTES)

EL «CRIMINAL NATO» (3/4 PARTES)

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México. – De acuerdo a las teorías de Cesare Lombroso vigentes para la criminología de la época, los detectives idearon un perfil del asesino (Francisco Guerrero), le clasificaron como un «criminal nato».

Según Lombroso, los criminales natos eran individuos que habían nacido en un estrato social bajo y pertenecían a una determinada etnia, era producto de un proceso involutivo en donde a través de las generaciones, expuestas a un medio determinado, sus antepasados fueron alejándose de la condición humana hasta culminar en ellos.

Éstos habían degenerado hasta asemejarse a animales, y lo retrataban como un hombre perteneciente a un estrato social bajo, analfabeto, con evidentes muestras de decadencia social como un arreglo personal muy deficiente y malos modos, y un nivel de inteligencia subnormal, físicamente tendría tez morena, – ascendencia mestiza o indígena, – robusto y rasgos toscos, marcadamente masculinos, casi simiescos.

Carlos Roumagnac, uno de los primeros criminólogos mexicanos, dedujo que el «Degollador del río Consulado» era un criminal nato, al afirmar: «…no hay datos suficientes que autoricen a suponer que (…) el Chalequero, haya cometido sus crímenes bajo la influencia irresistible de la perversión sexual (…) no los ha cometido bajo la influencia de una obsesión morbosa (…) los ha consumado por impulsiones violentas y conscientes (…) es por tanto un degenerado inmoral violento…».

Aunque los investigadores no se equivocaron en la etnia, condición social y académica del asesino, pero quizás si en su descripción física, en su comportamiento ante las demás personas, ya que Francisco Guerrero era educado e incluso caballeroso, era así como se ganaba la confianza de sus víctimas, y en su capacidad intelectual jamás se identificó algún grado de deficiencia intelectual en él, y de hecho sus crímenes mostraban a un asesino altamente organizado.

Los relatos policiacos refieren que el modus operandi de Guerrero Pérez, era que abordaba a sus víctimas con el pretexto de hacer uso de sus servicios, y en efecto sí hacia uso de ellos. Posteriormente, las amagaba y ultrajaba, las asesinaba por estrangulación o degollamiento, finalmente, por razones que no están muy claras, – quizás para que no pudieran ser identificadas, en algunas ocasiones llegó a decapitarlas. Empleaba un cuchillo para curtir la piel, el cual también usaba en su oficio de zapatero, y tiraba los cadáveres en el río Consulado.

En 1908, fue publicado un reporte gráfico de uno de los ataques atribuidos a Guerrero, la supuesta víctima era una prostituta llamada Lorenza Urrutía (quien también actuaría como testigo en el juicio por la muerte de la penúltima víctima del «destripador»), según relató había conocido a Guerrero cerca de las vías férreas en la colonia Peralvillo, el hombre se le acercó para «pedirle lumbre para su cigarrillo».

Acto después sacaría un cuchillo con el cual la amagaría, menciona le pidió lo acompañara a charlar en un punto cerca de ahí, en esta ocasión la mujer pudo escapar gracias a que engañó al asesino para que la dejara ir a «recoger un dinero». Dos meses después se volvería a encontrar con Guerrero, esta vez sin tanta suerte, caminó con ella hasta una cueva alejada de la población, ahí la violó y torturó cerca de 2 días, ella pudo salir con vida porque Guerrero se fue durante un momento para ir a comprar pulque.

Cabe señalar que la gran mayoría de sus víctimas fatales jamás fueron identificadas, tan solo se tienen los nombres de algunas mujeres muertas que incluso en algunas ocasiones tan solo fueron identificadas parcialmente como Candelaria Mendoza, Francisca Rivero (a) «La Chichara», María de Jesús González, Margarita (a) «La Burra Panda», María Guadalupe Villagrán, Josefina Rodríguez, María Muñoz, Murcia Gallardo, y Antonia, la anciana que representó su última víctima.

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