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EL MÍTICO BARRIO, UN ALMACEN Y GUARDARROPA PARA LOS MAS POBRES (2/6 PARTES)

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Segunda de seis partes)

 

-¡Sombreros, zapatos, ropa usada que veeeendaaan!

-¡El cambiador de la looozaaa!

Eran algunos de los pregones y gritos de batalla de los tepiteños que abastecían el principal almacén, donde era posible encontrar ropa, calzado, trebejos y toda suerte de chácharas y objetos usados que tenían gran demanda entre la población más necesitada.

Durante dos décadas, en promedio, esa fue la imagen de Tepito.

Hasta esa época, la población tepiteña estaba conformada por gente ruda, bravera, bronca, malhablada, pero indiscutiblemente honrada y trabajadora. El comercio de las baratijas, los trebejos y las cosas usadas era el principal negocio del barrio que, pese a encontrarse a sólo nueve calles de la sede de los poderes nacionales (El Zócalo), continuaba (y continua) siendo una zona marginada cuyos moradores han tenido que recurrir a toda clase de estratagemas para sobrevivir.

Sin embargo, esa permanente y lacerante miseria finalmente hizo mella en los lugareños que, poco a poco, con sus honrosas excepciones, olvidaban valores y principios, dando paso a artimañas y trucos para surtir su singular mercado.

La ropa usada y los trebejos ya no provenían solamente de los “ayateros”, sino que eran producto de las trapacerías de los ladrones que se convirtieron en azote de mansiones y residencias en las que cargaban “hasta con el perico”.

Después se descubriría incluso la conformación de bandas de asaltantes de camiones distribuidores de diversa mercancía.

De esa manera, era posible encontrar en las chácharas no solamente zapatos viejos o planchas descompuestas, sino pieles, calzado de excelente calidad, relojes, joyas y aparatos eléctricos y electrónicos y muchos otros artículos de lujo que resultaban prohibitivos para la población común, pero que podían encontrarse a precios de baratija en “Tepis”.

-La descomposición social del barrio daba inicio-.

A fines de los años sesenta, el contrabando “hormiga” comenzó a aparecer en el barrio por parte de algunos tepiteños que “se iban al viaje”, consistente en traer mercancía extranjera que después revendían.

Fue en las calles de Fray Bartolomé de las Casas, donde comenzaron a verse artículos de manufactura extranjera, cuyo precio resultaba sumamente inferior al de la mercancía nacional.

El término “fayuca” comenzaba a cobrar fuerza, así como “La Rinconada”, conformada por las calles de Toltecas, Fray Bartolomé de las Casas, Caridad y avenida de El Trabajo.

La chatarra extranjera, no sólo estadounidense sino coreana y taiwanesa, invadió las calles de Tepito ya que la gran mayoría de los comerciantes, “se iban al viaje por su fayuca”.

La droga, principalmente la mariguana, ya era conocida en el barrio, pero sólo por unos cuantos que eran repudiados por los mismos lugareños, la consumían, pero de ninguna manera era el gigantesco mercado de drogas en el que se convertiría Tepito al paso de los años

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