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EL ORIGEN DE LOS ZETAS (5/7 PARTES)

* Osiel Cárdenas, como líder, contacto a militares de élite del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y convenció al teniente Arturo Guzmán Decena, de abandonar la milicia y formar parte de sus sicarios

Redacción / Sol Quintana Roo / Sol Yucatán / Sol Campeche / La Opinión de México 

Ciudad de México.- Osiel Cárdenas, ya como líder, contacto a militares de élite del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (Gafes) y convenció al teniente Arturo Guzmán Decena, de abandonar la milicia y formar parte de sus sicarios.

Junto con otros desertores se unió al Cártel del Golfo y de gafes pasaron a auto llamarse “Zetas”, nombre que asumieron por el color azul zeta que es la máxima jerarquía en la milicia y Guzmán Decena pasó a ser “El Z-1”.

A ese grupo llegarían muchos otros gatilleros que fueron adiestrados por Guzmán Decena, apodado “El Zeta 1” y por otros desertores y fue así que el Cártel del Golfo se convirtió en la organización más poderosa del narcotráfico de la época.

Jesús Enrique Rejón Aguilar, “El Mamito”; Óscar Eduardo Guerrero, “El Winie Poo”; Jorge Ramos Espinoza, “El Rambo”; Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”; Jorge Eduardo Costilla Sánchez, “El Coss”; Raúl Alberto Trejo Benavides, “El Alvin”; Efraín Teodoro Torres,“El Chispa”; Omar Lorméndez Pitalúa, “El Mono Tonto”; Sergio Enrique Tlapanco, “El Tlapa”; Raúl Castelán Cruz, “El Ñasca”, Mateo Díaz López, “El Comandante Mateo”; los hermanos Héctor Manuel, Gregorio y Adán Sauceda Gamboa, alias “El Karis”, “El Goyo” y “El Caramuela” y Ernesto Zatarín Beliz, “El Traca”, fueron otros de los militares que formaron el primer grupo de “Los Zetas”.

Posteriormente, engrosarían las filas de la organización más militares desertores y civiles, entre ellos los hermanos Miguel Ángel y Óscar Omar Treviño Morales, “El Z-40” y “Z-42”; Carlos Alberto Rosales Mendoza, alias “El Tísico” y Rogelio González Pizaña, “El Kelín”, quienes sin ser militares, llegaron a ser igual o más sanguinarios que los mismos “zetas”.

Con ese ejército de asesinos, Osiel se convirtió en amo del narcotráfico, dejando a su paso una estela de violencia y muerte.

En cuatro años, logró reactivar al cártel hasta convertirse en uno de los hombres más buscados por la PGR en México y las agencias norteamericanas. Estados Unidos ofrecía una recompensa de 2 millones de dólares y la PGR de 30 millones de pesos.

Para esas fechas su poderío era tal, que el Cártel del Golfo ya operaba y controlaba el trasiego de droga no sólo en Tamaulipas, sino en los estados de Nuevo León, Veracruz, Tabasco, San Luis Potosí, Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco y en el Distrito Federal.

Es entonces que Osiel redobla y fortalece sus contactos y alianzas con cárteles colombianos y comienza a recibir cargamentos de toneladas de cocaína procedentes de Sudamérica, los cuales son trasladados desde Coatzacoalcos, Veracurz, hacia Nuevo Laredo y Matamoros, Tamaulipas, por vía terrestre.

Entre los demás crímenes que se le imputan, figura también el del periodista matamorense Saúl Antonio Martínez Gutiérrez, subdirector de El Imparcial, quien apareció amordazado y con varios balazos en la cabeza, dentro de su camioneta en el municipio de Río Bravo.

Durante su trayectoria como líder del Cártel del Golfo, se le atribuyen cientos de muertes, lo mismo de narcos rivales que de policías, funcionarios, periodistas y hasta de su misma organización, cuando consideraba que podían desplazarlo.

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