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EL ÚLTIMO TRIUNFO DE CALDERONI

*En julio de 1992 capturó al narco Juan Manuel Pineda Trinidad, uno de los siete barones de la droga más buscados en América, sin embargo su buena estrella comenzaba a eclipsarse

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México
(Cuarta y última parte)

Ciudad de México.- Su último “triunfo”, en julio de 1992, fue la captura del narco Juan Manuel Pineda Trinidad, uno de los siete barones de la droga más buscados en América, sin embargo su buena estrella comenzaba a eclipsarse.

Antes, en 1991, luego de que Javier Coello Trejo lo propusiera como agregado de la PGR en San Antonio, Texas, fue rechazado tajantemente por el gobierno de los Estados Unidos al señalarlo como uno de los principales protectores del Cártel del Golfo.

Los cambios registrados en la PGR y la llegada como procurador de Jorge Carpizo MacGregor, lo hicieron temer por su estadía dentro de la dependencia, por lo que el 15 de octubre de 1992 solicitó licencia como comandante de la PFJ y se fue a los Estados Unidos, acogiéndose al Programa de Testigos Bajo Protección de la DEA y se convirtió en informante de la agencia extranjera, pese a que siempre lo negó.

Sus presentimientos tuvieron fundamento.

El 12 de febrero de 1993 la PGR dio a conocer que se había girado orden de aprehensión en contra de Guillermo González Calderoni, por el delito de falsedad en declaraciones de situación patrimonial. Se dijo entonces que la fortuna del ex comandante ascendía a no menos de 400 millones de dólares, cifra que, obviamente, no hubiera podido reunir con su salario de policía, además de que poseía varios inmuebles y una empresa transportadora con una importante flotilla de trailers.

Cabe destacar que ni la DEA ni el FBI, informaron de manera oficial sobre las acusaciones y señalamientos contra González Calderoni en la misma Unión Americana por sus vínculos con el narco, pese a que en el informe 920-HO-26953 (0-21) del FBI, elaborado el 26 de septiembre de 1993 se establecía lo siguiente:

-El ex comandante de la Policía Judicial Federal Guillermo González Calderoni, utilizó los números telefónicos (312) 246-4326 y (708) 746-1455, instalados en el departamento 27 Westwood Court, Indian Head Park, Illinois, propiedad del jefe del Cártel del Golfo Juan García Abrego, para concretar operaciones de tráfico de cocaína realizadas entre Monterrey, Nuevo León, Matamoros y Reynosa, Tamaulipas, sin olvidar Mc Allen, Texas.

En el mismo informe, en el apartado titulado “Key/Dominant Individuals” (sujetos clave), ubicaron a González Calderoni como amigo personal del extinto José (Pepe) García Abrego, quien lo contactó con Juan y Humberto. En ese primer encuentro el jefe policiaco recibió 300 mil dólares por cada uno de los cinco viajes que realizó”.

Hubo otros encuentros más de Juan García Abrego y González Calderoni, la mayoría celebrados en el restaurante El Regio, en Monterrey, Nuevo León, por lo que concluyen las autoridades norteamericanas que cuando el comandante fungió como director de Intercepción de la PGR, fue cuando se manejaron por vía aérea, tierra y mar el mayor número de cargamentos de droga del Cártel del Golfo hacia la Unión Americana.

Pero no sólo figuraron en el referido informe las relaciones con los hermanos García Abrego, sino también con los Zaragoza Fuentes, concretamente con Pedro, a través del comandante federal Elías Ramírez Ruíz.

Curiosamente, el auge de quien fuera considerado en su momento como el principal “lavador” de dinero del Cártel de Juárez, cobró prosperidad durante el tiempo que Calderoni fungió como director de Antinarcóticos.

Ocho meses después de que le había sido girada la primera orden de aprehensión, el 16 de octubre de 1993, la PGR informó de dos órdenes más de captura, por los delitos de tortura y abuso de autoridad, relacionados con el Caso Quijano y por contrabando y su equiparable por varios millones de pesos, al poseer mercancía de procedencia extranjera cuya introducción, estancia y tenencia no acreditó legalmente.

Durante casi un año, González Calderoni evadió a la justicia hasta que el 19 de septiembre de 1994 fue detenido en los Estados Unidos y confinado en una prisión de Hidalgo, Texas.

De inmediato la PGR formuló su solicitud de extradición y como soporte para ello, añadió las declaraciones de José de Jesús Felipe Victoria Zepeda, periodista y escritor; de Marco Antonio Hernández Rosas, ex oficial de la Policía Federal de Caminos; de María Laura Sánchez Islas, ex empleada administrativa de la PGR y del agente de la DEA Héctor Berrellez.

Empero, los “testigos clave” de la PGR, al declarar en la Corte de Estados Unidos, simplemente se retractaron de su dicho, argumentando que si habían declarado en contra del comandante Calderoni, al que ni siquiera conocían, era porque habían sido presionados y amenazados por funcionarios de la PGR y por el mismo procurador Jorge Carpizo MacGregor.

Como resultado de las retractaciones, Calderoni fue absuelto de enriquecimiento ilícito y los magistrados Ramiro Barajas, Juan Miguel Garza y Enrique Serdán, ordenaron le fueran devueltos los bienes que le había confiscado la PGR. Siete meses después, en diciembre de 1994, Calderoni fue puesto en libertad mediante una fianza de un millón de dólares.

A partir de ese momento y sistemáticamente, cada vez que algún medio informativo le daba cabida, Calderoni se dedicaba a hacer todo tipo de acusaciones y, sobre todo, amenazaba con acordarse de muchas cosas, aunque sus señalamientos no los sostenía con pruebas.

A principios de julio de 1995, González Calderoni hizo declaraciones a un diario de circulación nacional. Seis años después, una empresa televisiva retomó los señalamientos. A mediados de ese mismo mes otro diario publicó a ocho columnas y durante tres días una entrevista con González Calderón, en la que repitió lo mismo.

Al año siguiente, de nueva cuenta otro periódico publicó una entrevista similar y reiterativa que reprodujo a fines de ese mismo año el The New York Times.

Y así, sucesivamente, cada vez que sentía en peligro su estadía en los Estados Unidos, González Calderoni abría la boca para hacer las mismas declaraciones amenazando con “acordarse” de peronajes de la política mexicana.

En dichas entrevistas acusaba a Carlos y a Raúl Salinas de Gortari, a Ernesto Zedillo Ponce de León y a muchos otros funcionarios. Y si bien aceptaba haber cometido actos reprobables, argumentaba que sólo cumplía órdenes, además de que en ese entonces “confiaba ciegamente en sus jefes”.

De esa manera, confesó haber espiado al Partido de la Revolución Democrática y a sus principales líderes; haber servido de mediador entre Raúl Salinas de Gortari y Juan García Abrego para que asesinaran a Javier Ovando y Ramón Gil.

En una de sus múltiples acusaciones, afirmó que Carlos Salinas de Gortari le pidió, a través de Javier Coello Trejo, que matara a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, a lo que se negó rotundamente.

Calderoni advirtió que de recibir la protección necesaria, estaría dispuesto a regresar a México y aportar todas las pruebas necesarias para poner tras las rejas a los siniestros hermanos Salinas.

Esa sería su última amenaza pues ya no tuvo tiempo de regresar a México para hundir a los Salinas de Gortari.

González Calderoni sería asesinado el miércoles 5 de febrero de 2003, en McAllen Texas, Estados Unidos. El ex jefe policíaco se encontraba estacionado, a bordo de su auto Mercdes Benz, en el cruce de las calles Dickers y Diez “A”, frente a la gasolinera Tigger Mart, cuando un hombre se le acercó y abrió fuego.

Una sola vez accionó su arma el sicario. El disparo había sido certero y mortal, directo a la cabeza. Su muerte fue instantánea.

El comentario generalizado de comandantes de la vieja guardia, fue lacónico y contundente: “hablaba demasiado”.

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