ENTRESEMANA

No mentirás…

MOISÉS SÁNCHEZ LIMÓN/LA OPINIÓN DE MÉXICO

¿Y si enfermarse, es, estrategia perversa? ¡Malhaya, quién dijo miedo!

Érase que se era en la tierra del siempre jamás que se enfermó el
prócer y con ello evidenció el grado de polarización social.

Y hasta los amigos jurados y hermanos de sangre perdieron el respeto
mutuo y apareció una falsa cuanto hipócrita conmiseración que
pretendió justificar simpatía por el dolor ajeno pero igual
descalificar auténticos estados de ánimo que pululaban carentes de
identidad en las redes y, mire usted, se airearon públicamente sin
rubor.

¡Ah!, esta tierra, en algún tiempo, largo tiempo, tierra de caciques y
neoliberales, gobernantes hijos de centauros y adelitas, licenciados y
escribientes, clasemedieros y oportunistas que hicieron tierra y
fortuna sobre la carne de cañón que era la misma indígena y campesina
pero diferente porque una fue armada por la leva y la otra por quienes
aprovecharon el hartazgo hacia los afrancesados y churriguerescos
gobernantes y se alzaron en armas y se enfrentaron en eso que llaman
revolución.

Y los habitantes de esta tierra desde tiempos inmemoriales hicieron de
las virtudes teologales (Fe, esperanza y caridad) el centro de su vida
en sociedad pero pronto los pecados capitales llegaron de la mano del
poder que se asió a uno toral que se ha vuelto praxis de vida, médula
de una singular práctica de engañar apenas nace el día e insistir en
que el oficiante es dueño de la verdad y que la palabra dicha desde
Palacio, es palabra divina.

Esa praxis de mentir. La mentira que no es título de bolero pero sí un
pecado que, ¡válgame Dios!, en el escenario político no aplica y hasta
pareciera virtud en aquel que sabe mentir con la verdad, aunque, reza
la máxima popular, en el pecado lleva la penitencia.

Ser o no ser, mentir por deporte, convicción, encargo, manda… Le
comparto el fragmento de un artículo que me encontré:

“Mentir es Pecado

“Por David N. Zamora Montero publicado originalmente en CONOZCA edición 2010.1

“Llama la atención la actitud que algunas personas asumen en
determinadas ocasiones de la vida, al verse impulsadas a disfrazar,
hiperbolizar o minimizar una respuesta que precisa de la más sincera,
lacónica y veraz confesión.

“Pero aún es más llamativo, el sinnúmero de personas que hacen de la
mentira parte de su estilo de vida, cómo la incorporan a su
personalidad o status quo con tanta naturalidad, que se convierten en
profesionales del engaño, de la hipocresía, de las medias verdades, de
las evasivas y de las excusas e inaceptables justificaciones. Y muchas
veces, ese inadmisible estilo de vida o proceder, se justifica u
oculta tras el falso principio de que el «fin justifica los medios», o
de la mal llamada «moral de situación». Pero no cabe la menor duda, la
mentira no tiene justificación alguna.

“No existe un voto a favor de los «mentirosos». Tales personas jamás
son calificadas como serias e incluso pierden toda credibilidad.
Mentir es una acción aborrecible, pervierte la moral, la ética, lo
espiritual y peor aún, denigra la personalidad humana. Dijo F. Rockert
que “El que miente una vez, ha de acostumbrarse muchas veces a la
mentira; porque para ocultar una mentira hacen falta otras siete.”

¿Suscribe usted este artículo de David N. Zamora Montero? No tiene
desperdicio; muestra, en cinemascope, a los políticos de siempre, los
mismos con diferentes siglas y colores, banderías que no implican
compromiso, no, ¿para qué?, y se alzan simplemente ofertas de campaña
que, eso sí, se asumen como juramento popular destinado al olvido
cuando de rendir cuentas se trata.

¿Por qué este largo preámbulo –eufemismo de rollo dialéctico– a un
tema que es de suyo simple, porque mentir es mentir y tan tan (diría
mi asesora en jefa)?

¿Recuerda usted que el licenciado Andrés Manuel, en una de esas
homilías mañaneras dijo que no mentir evitaba contagiarse de Covid-19?

Bueno, pues ahí tiene usted que harta gente, especialmente del llamado
pueblo bueno, le creyó a pie juntillas al licenciado presidente y le
valió queso usar el tapabocas y lavarse las manos y usar gel
antibacterial, porque con no mentir y cargar, por aquello de las
moscas, un colorido “detente” el Covid-19 les hacía lo que el viento a
Juárez, tómelo usted como apellido simple y sin alusión al Benemérito
de las Américas.

Pero, he ahí que de unos meses para acá, casi desde que el doctor Hugo
López-Gatell y el licenciado López Obrador presumieron con aquello de
que ya se veía la luz al final del túnel y que ya habían domado a la
pandemia o aplanado la curva y, en suma, le habían partido su
mandarina a la pandemia y ésta andaba lacia, lacia, comenzaron a
enfermarse y hasta a morirse, diputados, senadores, funcionarios de
los gobiernos federal y estatales.

En parte ahí se cumplió la profecía de Luis Miguel Barbosa, el góber
de Puebla que en uno de sus arrebatos dijo que los pobres no se
contagiaban con el Covid, que éste atacaba a los ricos, los
machuchones y fifís. Bueno, no lo mencionó literal pero lo dio a
entender, diría una colega de aquellos años de la reporteada sin
celular ni lap top.

Entonces, voy al punto, al licenciado Andrés Manuel lo castigó el
“detente” porque le cayó con un montón de mentiras –hasta el 1 de
diciembre del año pasado contabilizaba cerca de 40 mil en 24 meses de
gestión como inquilino de Palacio—y le envió el Covid, éste que ya
cargaba cuando el pasado fin de semana anduvo de gira por Nuevo León y
San Luis Potosí.

Dice Chucho Ramírez que, al prócer, le realizaron la prueba el sábado
en Nuevo León y, el domingo por la tarde, declaró que aunque poquito
pero estaba contagiado de Covid. Y mire usted, lo confesó en su cuenta
de twitter después de haber volado junto a varia gente y de codearse,
durante dos días, con un buen número de funcionarios estatales,
incluso el gobernador de Nuevo León de plano se encerró en espera de
no haberse contagiado. ¿Y la familia? Dicen que doña Beatriz Gutiérrez
Müller y su hijo están bien, pero…

He aquí que esta declaración del licenciado presidente tiene tufo a
Tongo. Me van a quemar en leña verde los simpatizantes de Andrés
Manuel, pero hay elementos para considerar que casualmente el
señorpresidente se ha contagiado de Covid pero nada grave y se
encuentra en sus habitaciones de Palacio Nacional acompañado del
doctor Jorge Alcocer, quien cobra como secretario de Salud, y
eminentes médicos que cuidan de su salud.

¿Se merece tanta y atenta atención? ¡Por supuesto! No es cualquier
mexicano, aunque por lo general es común y corriente. ¡Es el
Presidente de México!, faltaba más. Y si se agrava mete en un aprieto
al país, fíjese que el sólo anuncio de que está contagiado provocó que
el peso perdiera terreno frente al dólar.

Qué no está grave. Buena noticia; que todo mundo, tooodo, se ha
volcado a desearle buena salud y que sus simpatizantes comandados en
las redes por el ínclito Jenaro Villamil y el académico John Ackerman,
amenazan con plantarse frente a Palacio para rezar el santo rosario y
hacer penitencia por la salud de Andrés Manuel.

Pero. ¡Vaya casualidad! Se contagia justo cuando el número de muertos
por Covid mordía los 150 mil y hay un escándalo en puerta por las
vacunas que se compraron pero no se compraron, amén de que en el
Corporativo Morena, S.A., el gerente Mario Delgado tiene complicado el
programa de elección de candidatos y se le acusa de incurrir no sólo
en aquellas prácticas que critican y detestan en el PRI y el PAN, sino
superarlas, con el real descenso de la popularidad en el top ten, el
de verdad y no el de la organización patito neoyorkina, y etcétera y
etcétera que incluye la galopante corrupción.

La estrategia es elemental: enférmate, Andrés Manuel: enférmate aunque
sea poquito. Victimízate porque de otra suerte, en los comicios que
habrán de dirimirse el 6 de junio próximo en las urnas, Morena morderá
el polvo y perderás la mayoría legislativa que requieres en la Cámara
de Diputados para hacer lo que te venga en gana y lograr el
desmantelamiento de la estructura neoliberal. Tu 4T se iría por el
caño.

En efecto, es un despropósito de mala madre desear la muerte al
prójimo, aunque, reitero, hay quienes han asumido la pública e
hipócrita actitud de conmiseración cuando en privado canonizan al
Covid.

Pero, no descarto esa estrategia, elemental estrategia recomendada en
situaciones de crisis cuando el poder se escurre entre los dedos
merced al irreverente y ofensivo populismo embadurnado de
politiquería. ¿Te enfermaste, Andrés Manuel? Lo lamento pero la
mentira es la mentira y nunca un secreto es para siempre. Ahí vienen
las campañas. Digo.

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