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Estado rebasado por las drogas

Por Noé Zavaleta

El boletín 472 de la Fiscalía General de la República (FGR) es por demás curioso, por lo menos elocuente. Presume la oficina de prensa del órgano procurador de justicia la incineración de 888 kilogramos de narcóticos decomisados en Veracruz en los últimos meses.

Una cantidad brutal, descomunal, lo suficiente para drogar, volver adictos y envenenar a casi un millón de personas –la mayoría de ellos jóvenes, claro está– y siendo conservadores con la dosis suministrada.

La droga, incinerada el pasado jueves en las instalaciones de la Base Aeronaval de la Secretaría de Marina en el municipio de Veracruz, corresponde –consigna la FGR– a diversas carpetas de investigación y averiguaciones previas.

La pregunta del millón es si nuestras autoridades lograron confiscar 888 kilogramos de enervantes –poco menos de una tonelada–, ¿cuánto de droga sí se logró colar y llegar a los miles de narcomenudistas de Veracruz, del país y del extranjero?

Cuántos civiles, halcones, sicarios, narcomenudistas, bodegueros, traileros, choferes, autoridades municipales, policías estatales, agentes aduanales, contadores, empresarios forman parte de este ejército criminal que, en unos cuantos meses, pudo “prescindir” de casi una tonelada de droga y seguir con su producción, para inundar de enervantes decenas de municipios de Veracruz, pero también de otras entidades federativas, de otros departamentos de Estados Unidos y probablemente de Europa.

La identidad química de la droga destruida en la segunda semana de febrero arroja que en el Puerto de Veracruz fueron incinerados más de 147 kilos de cocaína, más de 499 kilogramos de metanfetamina, más de 226 kilogramos de marihuana y más de once kilos de psicotrópicos.

Para destruir estos psicotrópicos, se utilizaron 16 tablones para montar una mampara y subir estos psicotrópicos para que salieran en primera plana en las fotografías de los principales periódicos.

Sin embargo, de poco sirven estos circos mediáticos y estos mensajes de paz social que envía la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría de Marina-Armada de México si estos psicotrópicos continúan llegando en pequeñas dosis, en mini bolsas, a colonias populares de los 212 municipios de Veracruz, y si continúan circulando sin pudor alguno en las principales discotecas de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, Xalapa y las principales zonas comerciales de las ciudades más importantes de Veracruz y del país.

De poco sirve  incinerar estos psicotrópicos si en las calles y en las instituciones de Gobierno –en sus tres niveles-–cada día hay más regidores, directores, comandantes de la Policía Municipal, líderes partidistas –del PRI, de Morena, del PAN, del PRD–, secretarios particulares de diputados y escoltas de alcaldes ligados a la delincuencia organizada.

Suenan fuerte estas últimas aseveraciones, pero son una completa realidad. Servidores públicos de los tres niveles de gobierno con “compadres” en el Cártel de Jalisco Nueva Generación, Cártel de Sinaloa, en el Cártel del Noreste, Grupo Sombra, Rojos, Ardillos, Cuinis, Familia Michoacana y demás.

Hoy, el Estado Mexicano nos demuestra que es un estado fallido en el combate a las drogas. Es muy sencillo ahora conseguir una grapa de perico en plena zona boyante de la quinta avenida de Playa del Carmen, conseguir un “churro” de marihuana en el área más recóndita de la Sierra de Zongolica.

En este último tramo del sexenio y con más de 200 mil homicidios a cuestas –el 70 por ciento de estos homicidios ocurrieron con arma de fuego–, queda demostrado que el actual Gobierno Federal fracasó con su política de abrazos y no balazos, en su combate al crimen organizado.

Andrés Manuel López Obrador fracasó rotundamente, igual que lo hicieron el priista Enrique Peña Nieto y el panista Felipe Calderón. Hoy, México está en una encrucijada, hay estados de anarquía y descontrol en muchas regiones del país, hay zonas de auténtico silencio y un estado de narcopolítica, en diversos municipios del país.

En México, más de cien millones de ciudadanos tienen claro que ya no quieren otro estado fallido, ni regiones de excepción, ni de tener que andar buscando a miles de desaparecidos por todo el país. Van 18 años de guerra contra el narcotráfico, y en muchas partes del país, ya existe un completo hartazgo social.

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