InicioNacionalFEYO, TAMBIÉN FUE CLIENTE DEL PALACIO NEGRO

FEYO, TAMBIÉN FUE CLIENTE DEL PALACIO NEGRO

*Fue confinado en el Reclusorio Oriente y después llevado al Palacio Negro de Lecumberri de donde fue liberado en 1976, poco antes de que el presidio cerrará sus puertas definitivamente

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México
(Tercera de seis partes)

Ciudad de México.- En octubre de 1973, Alfredo Ríos Galeana fue detenido por el Servicio Secreto del Distrito Federal y consignado por robo, asociación delictuosa y portación de arma de fuego.

Fue confinado en el Reclusorio Oriente y después llevado al Palacio Negro de Lecumberri de donde fue liberado en 1976, poco antes de que el presidio cerrara sus puertas definitivamente.

Pese a sus antecedentes penales, ya libre, Ríos Galena se hizo comandante de la policía de Santa Ana Jilotzingo y nombró como subcomandante a su sobrino.

Así, dentro de la policía, aunque en otra entidad, seguía planeando sus robos y dirigía a sus hombres lo mismo ladrones que policías, todos integrados a la banda más peligrosa.

Sus atracos no sólo se limitaron al Estado de México, sino se extendieron a Hidalgo, Morelos, Puebla y el Distrito Federal; Se hablaba ya de decenas de asaltos bancarios con elevado número de policías muertos.

Pero además Alfredo se sentía un “Robin Hood” moderno, un ladrón honesto que robaba a los ricos para dárselo a los pobres; una anécdota cuenta que durante uno de sus asaltos se hallaba una mujer embarazada, formada en la fila, que no acertaba a moverse por el susto.

Al salir Ríos Galeana con el dinero de la bóveda pasó con sus cómplices junto a la mujer, la vio, tomó un fajo de billetes y se lo dio, al tiempo que advirtió al cajero: “¡Sí se lo quitas, vengo y te parto tu madre!”.

La metamorfosis de Ríos Galeana se había dado e inclusive había logrado encontrar la manera de como ocultar su tartamudez.

Ya no era “El Feyo”, sino el ingeniero Luis Fernando Berber con lo que ocultaba su carrera delictiva, pero cuando andaba de fiesta se transformaba en el cantor Alfredo del Río, con tal aceptación que llegó a cantar en varios de los restaurantes bares de moda y prestigio, entre ellos “La Taberna del Greco”.

También le gustaba lucirse en palenques, pero ya no como Alfredo del Río, “La Voz que Canta al Corazón”, sino como “El Charro Misterioso”, toda vez que era un apasionado fan del Rey del Bolero Ranchero: Javier Solís.

El cantar lo hacía que no tartamudeara, por eso gustaba de alardear con su voz, lo mismo en cantinas que palenques o en cualquier sitio donde alguien se lo pidiera.

Fue Arturo “El Negro” Durazo Moreno, quien declaró a Ríos Galeana como “El Enemigo Público Número Uno” y ordenó su persecución a la entonces temible División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), bajo el mando del no menos siniestro Francisco Sahagún Baca.

El perfil que hizo en su momento la desaparecida Dirección Federal de Seguridad pintaba de la siguiente manera a Ríos Galeana: “Es temerario. Amedrenta fácilmente. Nunca demuestra miedo. En los asaltos, en ocasiones, no saca su arma. Permanece algún tiempo en las oficinas asaltadas, que generalmente regresa a asaltar. Es vanidoso y ególatra. Demuestra mucha seguridad en sí mismo y en su grupo. Se siente protegido por las autoridades. Es vengativo y se siente galán”.

Impacta al personal femenino. Es criminal y sanguinario. Mata por placer. En infinidad de enfrentamientos con las autoridades ha matado muchos policías y no le importa que maten a sus compinches. Es frío y calculador, mientras no se le provoque es pacífico, pero cuando se le enfrenta mata, destruye”.

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