InicioNacionalFUE APODADO EL TORO, POR SU CORPULENTO CUERPO

FUE APODADO EL TORO, POR SU CORPULENTO CUERPO

*Sin cumplir la mayoría de edad ingresó al Ejército como soldado raso, a la edad de 19 años, alcanzó el grado de sargento segundo en la Brigada de Fusileros Paracaidistas y el alias se convirtió en “El Feyo”

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Segunda de seis partes)

Ciudad de México.- Alfredo Ríos Galeana, hijo de Sabino Ríos y María Damiana Galeana, ambos campesinos, nació en Arenal de Álvarez, Guerrero, el 28 de octubre de 1950.

Su padre murió un año después y su madre María dada la miseria en que se encontraba tuvo que emigrar a la Ciudad de México con su hijo; los únicos trabajos que pudo conseguir, por su escasa preparación, fueron como sirvienta y costurera.

Más atareada en conseguir que comer que en cuidar y velar por su hijo único Alfredo creció a la deriva hasta convertirse en un corpulento adolescente, de casi dos metros de altura, por lo que sus amigos de la colonia Del Valle lo apodaron “El Toro”, fue el primer mote que recibió.

Sin cumplir la mayoría de edad ingresó al Ejército como soldado raso, pero en poco tiempo, a la edad de 19 años, alcanzó el grado de sargento segundo en la Brigada de Fusileros Paracaidistas y el alias se convirtió en “El Feyo”.

Ya como oficial, recomendó a su sobrino Evaristo Galeana Godoy, alias “El Tito” para que ingresara como policía militar, aunque en 1971 ambos desertaron del Ejército.

En 1972, cuando la cima de inseguridad en el Estado de México era atroz (como ahora), el entonces gobernador Carlos Hank González creó el Batallón de Radio Patrullas del Estado de México (BARAPEM), al que los primos Galeana llegaron como otros tantos más de sus elementos.

Pero no se trataba de otro grupo policíaco más, sino del mejor, integrado por los mejores hombres seleccionados de diversas corporaciones a los que se les impartieron toda clase de disciplinas.

Tiro y armamento, explosivos, defensa personal, estrategia antiguerrilla, criminalística, dispersión y control de multitudes, logística, balística y muchas otras asignaturas formaron parte de un intensivo curso para formar una policía de élite, altamente capacitada.

Al igual que en el Ejército, Ríos Galeana pronto destacó por su valor, capacidad y decisión, siendo nombrado comandante del recién creado BARAPEM.

En principio el BARAPEM dio resultados claros y positivos para los que había sido creado, pero después se convirtió en una auténtica pesadilla para los mexiquenses: Obreros, comerciantes, empresarios, estudiantes y la comunidad en general, eran víctimas del temible batallón, a grado tal que en 1981 tuvieron que desaparecerlo.

Pero antes de que desapareciera ya Ríos Galeana se había dedicado de lleno a delinquir y para ello reunió a sus hombres de confianza con los que integró su banda y como cuartel para planear sus atracos, escogieron las piqueras y cantinas del barrio de El Molinito, en Naucalpan, Estado de México.

Incluso, dos años después de creado el BARAPEM, en 1974, Ríos Galeana, su sobrino Evaristo, Eduardo Rosey Lira, Leonardo Montiel Ruiz, “El León”; Julio Cervantes Sánchez, Mateo Ugalde Ruiz, Ricardo Campos Ayala, Ismael Jacinto Dávila, Alberto Juárez Montes, Lauro Rodríguez Velázquez, Francisco Vera Montiel y Silvano Garza Dávila, entre otros, robaban autos de lujo en Polanco, Lomas de Chapultepec, Las Águilas y otras colonias residenciales, para revenderlos en el estado de Guerrero.

Cabe destacar que cuando estuvo al frente del BARAPEM y como encargado de la seguridad bancaria en la entidad mexiquense, aprendió estrategias, movimientos y demás acciones para impedir los asaltos bancarios, aunque al paso del tiempo optaría mejor por asaltarlos. Muchos de las instituciones que primero vigilaba, terminó asaltándolas.

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