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GOBIERNO REBASADO POR INSEGURIDAD

*Ni las autoridades federales o estatales ofrecieron apoyo a las víctimas. Tampoco algún mensaje, o ayuda en gastos fúnebres, ni ninguna otra muestra de solidaridad

*La guerra en Tamaulipas no parece tener fin. Los enfrentamientos de los cárteles del Golfo y del Noreste por el control ha provocado desapariciones, balaceras y matanzas que ninguna autoridad ha podido frenar

*El Presidente Andrés Manuel López Obrador, ha pecado de soberbia porque como es evidente no puede con el problema de la inseguridad, pero tampoco permite que le ayuden, lo que ha repercutido en altos costos sociales, políticos y económicos

Ricardo Ravelo/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(SEGUNDA PARTE)

Reynosa, Tamaulipas.- Los habitantes de Tamaulipas viven en zozobra, cada día que salen a las calles a trabajar o para hacer sus actividades cotidianas no saben si regresarán a sus hogares y aquellos que se quedan en casa sólo tienen la esperanza de volverlos a ver.

Las personas no saben a quien temerle más, si a los delincuentes o a los guardianes del orden, hace un año, por ejemplo, fue asesinado un ingeniero por fuerzas estatales, luego de ser confundido como sicario. Pasados 20 días, los narcos ejecutaron a un menor de 14 años que salió de casa para buscar a alguien que arreglara su sistema eléctrico, pues se quedó sin luz.

Presuntamente le preguntaron si era “puntero” y luego lo ejecutaron.

Hasta las 23:30 horas del sábado, las autoridades informaron de 18 personas muertas, 14 víctimas y cuatro presuntos agresores abatidos.

Por estos hechos sólo hay un detenido, quien llevaba a dos mujeres en la cajuela de un automóvil. Los atacantes iban en caravana.

El aseguramiento preliminar contabiliza dos camionetas y un automóvil, en este último vehículo viajaba el sujeto arrestado con las mujeres privadas de la libertad. En otra de las unidades estaba una persona acribillada. También se decomisó un arma larga.

Una granada fue arrojada en la agencia Chevrolet del municipio de Río Bravo. Mientras que los enfrentamientos ya se reportaban en el otro extremo de la región colindante con Nuevo León.

Ni las autoridades federales y mucho menos las del estado ofrecieron un apoyo inmediato a las víctimas. Tampoco algún mensaje, intención de acompañamiento psicológico o ayuda en gastos fúnebres, ni ninguna otra muestra de solidaridad.

TAMAULIPAS: LA NARCOGUERRA

La guerra entre bandas del narcotráfico en Tamaulipas no parece tener fin. En esa entidad gobernada por el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca están enfrentados los cárteles del Golfo y del Noreste (una escisión de Los Zetas) por el control del territorio, lo que ha provocado desapariciones, balaceras y matanzas que ninguna autoridad ha podido frenar.

Tierra de nadie, Tamaulipas es el estado fronterizo más conflictivo junto con Baja California, gobernado por el morenista Jaime Bonilla, donde los grupos criminales se disputan el mercado de las drogas, el tráfico humano, las extorsiones, el cobro del llamado derecho de piso, la venta de protección y el despojo de propiedades, entre otros delitos graves que forman parte del portafolios de actividades del crimen organizado.

En Tamaulipas hay cuatro cárteles que se disputan el control territorial a sangre y fuego: Los Zetas, o lo que queda de ellos; el Cártel del Golfo, Cártel del Noreste y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, éste último, es el grupo criminal que más ha crecido en los últimos diez años.

LA GUERRA CRIMINAL

EL abatimiento de 24 personas en Villa Unión, Coahuila, mediante varios ataques armados que iniciaron desde el domingo 1 por parte del Cártel del Noreste (CN) es otro acto de narcoterrorismo que el gobierno rechaza calificar como tal, pues prefiere seguir aceptando que en México sólo hay delincuencia organizada y no narcoterrorismo, pues trata de impedir que el gobierno de Estados Unidos intervenga en los asuntos internos del país.

Lo más grave de todo es que el gobierno de López Obrador, como es evidente, no puede con el problema de la inseguridad, pero tampoco permite que le ayuden, un signo claro de soberbia y de ceguera que ya tiene altos costos sociales, políticos y económicos, pues mientras en México no haya seguridad tampoco habrá confianza para los inversionistas extranjeros, para quienes es claro que el gobierno está rebasado por la oleada criminal.

El primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador cerró entre balaceras, muertos, impotencia oficial y una ceguera institucional que se niega a reconocer lo evidente—el desastre nacional en materia criminal –pero que festejócon un discurso triunfalista los primeros doce meses de gobierno como si el país estuviera en jauja, el paraíso en toda su plenitud.

Lo ocurrido en Villa Unión, Coahuila, fue otra batalla criminal que se libró entre la policía estatal y sicarios del Cártel del Noreste, uno de los más violentos del país, cuyos hombres armados balacearon el palacio municipal de esa localidad, sembrando el terror entre la población. Las fuerzas del orden no tuvieron reparo en el uso de la fuerza: Masacraron a varios criminales, haciendo caso omiso a la máxima presidencial de “abrazos y no balazos”, pues aplicaron todo lo contrario: “Balazos y cero abrazos”.

Este hecho –tan violento como el operativo fallido de Culiacán, efectuado en octubre último– puede ser clasificado también como otro acto terrorista, pero el gobierno federal rechaza tal consideración. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reconoció que en México hay delincuencia organizada, pero rechazó que haya narcoterrorismo, tema que ha generado controversia y polémica luego de que el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó que en su país los cárteles del Golfo, Zetas, Sinaloa y Cártel de Jalisco Nueva Generación serán clasificados como organizaciones terroristas. Con ello, pretende diseñar una contraofensiva armada, con inteligencia de Estado, para desmantelar a estos grupos del narcotráfico. Sin embargo, el presidente López Obrador no acompañará a Trump en esta cruzada a pesar de que continúan la masacres.

Apenas hace menos de quince días, el Cártel del Noreste puso de cabeza al estado de Tamaulipas: Comandos armados de ese grupo criminal incendiaron vehículos, secuestraron y descuartizaron a varias personas, presuntamente rivales suyos, y causaron un verdadero estado de alarma en Nuevo Laredo –cuna del crimen– convertida en un territorio sin ley durante varios días.

Luego, la violencia y el terror pasaron a Nuevo León, donde también perpetraron varios asesinatos y, ahora, tocó el turno al municipio de Villa Unión, Coahuila, un bastión que hasta hace no muchos años estaba bajo el dominio de Los Zetas, otrora brazo armado del Cártel del Golfo, uno de los cárteles más beligerantes del continente.

En esta demarcación se enfrentaron agentes estatales y municipales con hombres armados del Cártel del Noreste: Entre las bajas de ambos bandos, hasta ahora, se contabilizan 24 muertos, una verdadera carnicería que el presidente no cuestionó.

Ninguna autoridad federal pudo frenar esta barbarie.

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