ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/ LA OPINIÓN DE MÉXICO 

¿De quién es la 4T?

Por quienes rehicieron con cenizas cuanto les fue desarraigado o prohibido Por los que no renegaron de sí mismos en la desolación de sus tormentas

G. Pereira: “Por los nuestros”

Desde luego, lo reconozco, la pregunta del título está mal formulada, pues antes de definir el quién, es preciso preguntarse el qué. Es decir: ¿qué es la 4T?, y contestarlo con claridad: no es sino un régimen de gobierno de transición que, hasta ahorita, parece no saber con claridad hasta dónde quiere llegar (a la derecha o a la izquierda), quizá porque desde el inicio se dejó atrapar por las limitantes que le impuso la vía a través de la cual accedió al poder. Es decir, desde el inicio, por el hecho de haber llegado al poder por la vía de la democracia electoral burguesa, la 4T ha tenido que vencer –y le faltan cientos más– dificultades múltiples para llevar a cabo, no siempre con éxito, sus planes de gobierno.

De esta manera, pues, muchos de quienes consideramos que el gobierno de AMLO, una vez conquistado el poder se iba a encaminar con claridad hacia la izquierda, en la medida en que han pasado los meses nos hemos dado cuenta que el suyo no es sino un gobierno de transición tibio y sedoso, que a puchones y trompicones está intentando dejar atrás la corrupción y la impunidad bajo las cuales operaba, en la superficie, el neoliberalismo en el país, pero cuyas raíces hasta hoy (la contradicción capital vs trabajo) no han sido tocadas ni con el pétalo de una flor, y por eso permanecen incólumes hasta hoy los más significativos problemas del país: polarización de la riqueza, pobreza extrema y lastimosa, inseguridad, educación en el piso y sin planes, narcotráfico, por mencionar algunos. A la vez, pues, la política se sigue ejecutando bajo los mismos cánones que en la antigüedad: en Puebla un diputado de Morena abusó sexualmente de un menor, en Zacatecas el candidato a gobernador de Morena toquetea a una mujer de Morena que tenía allí a su alcance, en Baja California el gobernador Bonilla (de Morena) recibe un préstamo de millones de pesos autorizado por el Congreso (dominado por Morena) a siete meses de terminar su mandato. Nada cambia, todo permanece, porque desde el inicio la 4T, como régimen de gobierno, llegó totalmente atada de manos para promover cambios sociales verdaderos en un país que, al igual que hoy, sufre por las desigualdades sociales y por carecer de un sistema político que propicie la

imparcialidad ciudadana. Por eso hoy la transición parece estar atascada en un lodazal del cual no sabe cómo salir. Le falta autoridad.

Porque, hay que decirlo, en política autoridad no es por necesidad imposición, sino el convencimiento fundado en la razón de ser de las cosas, y de allí entonces que si no hay principio de autoridad, razón de ser para gobernar, todo se viene al piso, por más que se quiera predicar en nombre del señor (AMLO). Si no hay principio de autoridad no hay gobierno, así de simple y de sencillo.

Sí, así de simple y de sencillo, es decir a qué apostarle hoy: ¿a Zaldívar (buen jurisconsulto) o la reforma del Poder Judicial de la Federación (una urgencia nacional)?

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