ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/ La Opinión de México

¿Por qué no los cambios?

Tú nunca has sido tú. En esta etapa se buscan soluciones.

Evita la clausura. Evita la respiración. En gran copia, verás. Tú nunca has sido tú

  1. Dorantes: “Persona que tiene el cuidado de despertar a otras”

Bien lo escribe, recién, don Atilio Borón (Con nuestra América, 3-vii-2021): “Cuando gana la derecha, la izquierda admite el veredicto adverso de las urnas; cuando gana la izquierda, la derecha apela al chantaje, al fraude o al golpe militar o institucional, ratificando por enésima vez que la derecha no es ni será democrática”, ése, su carácter antidemocrático, característico de ella, es lo que explica precisamente su resistencia al cambio y, por el contrario, su aferrarse al pasado, en donde, ella cree, se encontraba todo lo bueno del mundo.

Es decir, por ejemplo, ¿por qué hoy, entre nosotros, a los periodistas y opinócratas conservadores les cuesta tanto admitir que las reglas del juego entre gobierno y medios tenían que cambiar una vez que el gobierno cambió? No, no se trata sólo de las relaciones económicas que había antes (el chayote, las canonjías, las prebendas), sino también –algo muy significativo– la búsqueda de la verdad entre ambos, lo que conlleva la réplica y el cuestionamiento del uno hacia el otro para ver así en dónde, precisamente, se encuentra la verdad. Ello para nada implica -como argumentan falsamente los conservadores– limitar la opinión o censurarla; implica sólo saber quién tiene la razón, de qué lado está la verdad. Así de simple y de sencillo.

¿Por qué entonces los gritos y aspavientos de quienes hoy son cuestionados por el gobierno, señalándoles que sus dichos no son precisos ni exactos, y que por lo tanto tienen que rectificar para que nadie se llame a engaño? Escribir con la verdad, sobre todo en los medios, es esencial, pues mal que bien, todavía, esos medios se encargan, mucho, en construir las creencias de una buena parte de la población y a ésta le debe de servir, en mucho, saber en dónde, con precisión, se encuentra la verdad. Reconocer, pues, esta nueva forma de relación entre gobierno y medios no es fácil para aquellos que, de raíz, dado su carácter antidemocrático y conservador por ende, se oponen a la verdad y son así dados a la manipulación y la mentira, pues es a través de ellas que sus patrones –el capitalismo con todas sus caretas– ven satisfechos sus intereses espurios, y por eso, de allí, su resistencia a admitir las nuevas reglas, ahora, que ya no opera lo que antes era la perversa relación entre

medios y gobierno. Por eso hoy, cuando el chayote terminó y está terminando el reinado de la calumnia, la manipulación (es realmente el colmo lo que se hizo con los padres de familia de los niños con cáncer) y la difamación, los beneficiarios antidemócratas de ello ponen el grito en el cielo y claman, como magdalenas, por ataques a la prensa libre y la libertada de expresión, por quienes resisten, según ellos, el autoritarismo del gobierno y zarandajas por el estilo.

El juego con la verdad en la plaza pública, era, entre los pobladores de la Grecia clásica, aparte de un ejercicio retórico de altos vuelos, una diversión para el común de la población, quienes escuchaban con atención las sólidas argucias de los cínicos, quienes así buscaban influir determinantemente en la elaboración de las leyes de la ciudad. Así, lo que sucedía en el foro, que era el espacio en donde se desarrollaban tales diálogos cargados de sabiduría, eran verdaderas escuelas para quienes acudían a escucharlos porque de por medio iba siempre el bienestar de la ciudad, como Pericles logró concretarlo en su época.

Es decir, espero que algún día los ásperos diálogos de hoy entre algunos representantes de los medios y el gobierno de la 4T adquieran el carácter de lecciones que tenían los diálogos entre quienes discutían en el foro público ateniense.

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