ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / La Opinión de México

El poder de los apellidos

 

No hay muerte sino hierros retorcidos.
No hay muerte sino vidas que florecen
en la tremenda primavera
Jamís: “El pueblo afirma: no hay muerte”

¿Qué hay más allá de la ley? ¿Apellidos que pesan, y que pesan un demonio? Apellidos que vienen desde la revolución y que por lo tanto tienen una trayectoria muy larga y desde luego muy conspicua. Será, pues, el de Lozoya un juicio sui generis pues una de las cosas que allí estará en juego, entre otras varias, es precisamente conocer cómo se resolverá el pleito que se entablará entre la economía moral de AMLO y la 4T versus el problema de los apellidos, en donde, entre otros, destacan tres, de momento: Lozoya, Videgaray Caso y, reciente, Salvador Garzón (nada menos que el defensor de Lozoya Austin).

Y no es fácil el problema de los apellidos, pues, por ejemplo, como recientemente se supo, desde diciembre pasado el papá de Emilio Lozoya Austin, Emilio Lozoya Thalmann, exfuncionario de primer rango con los gobiernos priistas y de amplia trayectoria histórica en el país, mantuvo pláticas con el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, para establecer los términos y principios en que su hijo se entregaría a la justicia mexicana (incluyendo, entre otras cosas, por ejemplo, la llegada a un sanatorio particular sin pasar por ninguna otra barandilla de seguridad previamente, lo que ya, de entrada, nada tiene que ver con el debido proceso. Pero no se crea que sólo ese apellido, Lozoya, está involucrado en este caso. Al respecto, un ejemplo más sería Videgaray Caso, en donde el segundo apellido nos remite a la revolución mexicana en donde tanto Alfonso como Antonio que se apellidaban Caso, fueron destacados intelectuales de la época y gracias a ello conservaron sus familiares, hasta hoy (particularmente en el estado de México), como herencia, privilegios múltiples que los ubican como una de las familias destacadas de ese estado. Y por último, en términos de apellidos, hoy habría que citar el nombre del abogado defensor del acusado Lozoya Austin, don Salvador Garzón, destacado abogado español quien, entre otras cosas, no hay que olvidarlo, tiene una larga y destacada carrera jurídica en España y hoy a nivel internacional, pues su despacho se ha encargado de diferentes casos en diferentes países.

No será fácil, pues, así, lo que próximamente se tendrá que dilucidar al respecto en nuestro país. No tanto por el peso del delito (que involucra lo mismo otra carga de apellidos ilustres), sino por la naturaleza de un juicio tan singular que pone en disputa, pareciera, a lo que es tradición que viene desde 1917 frente al nuevo régimen transicional que con tantas dificultades trata hoy de asentarse en México (la Cuarta Transormación). Y si bien, en lo material hay mucho que disputar (toda la fraudulenta reforma energética de Peña Nieto y su campaña para disputar la Presidencia del país), en lo espiritual y cultural habría que ubicar la batalla que se va a dar entre apellidos tradicionales y economía moral (a la que Pikkety, con otras palabras, otorga un peso enorme). Habría que estar atentos a cómo es que se va a resolver esa batalla.

El país, pues, estará en el candelero por estos días.

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