ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / La Opinión de México

Democracia muy cara, país muy pobre

 

Sola en tu madriguera, mariposa de anticuarios.
Sola cazadora de los desprevenidos
Rubens Agüero: “Mariposa de anticuarios”

Sorprenden, muy negativamente, las cifras que el sábado aparecieron en los medios dadas a conocer por el Instituto Nacional Electoral respecto a la cantidad de dinero que se piensa erogar para organizar el proceso electoral del 2021 en el país. Esas cantidades estratosféricas (7226 millones sólo por aportaciones a partidos políticos, 38% por ciento más que en 2020) están, sí, establecidas constitucionalmente según la fórmula hasta hoy vigente, lo cual, entre otras cosas, tomando en cuenta la realidad que hoy vive el país, obligaría a que esa fórmula, y lo que la Constitución establece al respecto, se modifique. Pues constituye un verdadero insulto para el país que cuenta así con una democracia carísima, siendo el nuestro un país con más del 60% de su población en pobreza, al margen de que, el partido hoy mayoritario, a posteriori, renuncie al 50% de esos recursos.

Se requieren, pues, urgentemente, otras fórmulas para otras realidades.

¿Por qué? Porque tienen razón los consejeros electorales, quienes son quienes aprobaron esas cifran tan estrambóticas tomando en cuenta la realidad actual: ello es así, porque así lo marca la Constitución, cuyos criterios están fijados a partir de dos principios que para la realidad actual ya no debieran ser operativos: el incremento en el aumento de la población (y particularmente de la franja en edad de votar: 18 y más) y el incremento del número de votantes (que en el 2018 fue del 53% del padrón) lo que incrementó así el que las cantidades destinadas para el apoyo que los partidos reciben para realizar sus actividades se viera sustantivamente incrementado, lo cual de ninguna manera es justo, pues la democracia debiera ajustarse a la crítica realidad económica que vive el país, la que, contradictoriamente, es reconocida y criticada más que nada por aquellos partidos que se van a ver favorecidos por el incremento sustantivo de sus subsidios, lo que nos habla así de una realidad que ya no se puede seguir ocultando y que sobre todo los legisladores deben tomar en cuenta: ¿tiene caso, tiene sentido seguir dándole sustento con recursos públicos a esa serie de falacias y engaños que encierra la democracia representativa tal y como ella está operando hoy en nuestro país?

Cerrar los ojos frente a esa realidad, ya no es posible para nadie; mucho menos para un pensamiento crítico que, se supone, debe estar alerta frente a esas realidades que tanto insultan, en un afán, como escribe Leandro García Ponzo (“Protección de los futuros”) de pensar en “… la necesidad de un retorno a ciertas categorías marxistas y a un estrechamiento de la relación entre filosofía y política, no puede convertirse en un reclamo reaccionario, sino que es preferible elevarla a propuesta programática, dirigida a todos aquellos que quieran ponerse a trabajar en su despliegue, y con plena consciencia de que se trata de un programa posible pero sólo después de la gran apertura que ha significado la reflexión de Badiou”, para quien la política es más que nada práctica desde la izquierda con los de abajo, ejerciendo así una crítica profunda de quien fuera su maestro: Louis Althusser.

Es decir, o pensamos críticamente la democracia representativa (toda) en México, o vamos a seguir jugando a la democracia en el país.

 

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